El Defensor del Pueblo vasco cuestiona la inocuidad de la Wi-Fi y alimenta la histeria electromagnética

Un informe del Ararteko contra de la obligatoridad de que los ordenadores de las escuelas vascas se conecten a Internet por Wi-Fi, y no puedan hacerlo por cable, va a alimentar la histeria electromagnética en Euskadi. Eskola 2.0 es una iniciativa del Gobierno vasco, puesta en marcha durante el mandato de Patxi López, que pretende introducir las tecnologías de la información en las aulas mediante el uso de portátiles y redes WiFi. Algunos colectivos antiantenas, apoyados por los sindicatos como ELA, LAB y ESK, se movilizaron contra el proyecto desde el principio por tecnofobia, y ahora Iñigo Lamarca, el Defensor del Pueblo vasco, les da en parte la razón, haciendo caso omiso a la realidad científica.
Considera el Ararteko, en un informe del 4 de abril, que «los riesgos por los efectos para la salud humana de la exposición a largo plazo, incluso a bajos niveles de exposición, de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, entre las que incluye las redes inalámbricas, es un debate social y científico que continúa abierto en la actualidad». Ante eso, recomienda al Departamento de Educación que se reduzcan los niveles de emisiones en los centros escolares que utilicen Wi-Fi y se permita, como alternativa, el cableado de las aulas. El problema es que, como en otras ocasiones en las que alguien sostiene algo parecido, Lamarca es incapaz de presentar una sola prueba que apoye sus afirmaciones.
El debate social sobre los riesgos para la salud de las ondas de radiofrecuencia puede estar abierto; pero eso no significa nada de por sí. También hay gente que cuestiona la teoría de la evolución, y eso no la invalida. Es más, no la invalidaría ni que la cuestionara todo el mundo. Por mucha gente que dudara de la Ley de la Gravedad, ésta tampoco dejaría de ser real y quien saltara desde un quinto piso seguiría haciéndose papilla contra el asfalto. Aunque todos nos volviéramos de repente geocentristas, la Tierra no sería el centro del Universo. Y, por mucho que los negacionistas del sida griten, la causa de esa patología es el VIH. Cuando hablamos de hechos, no importan las opiniones y creencias.
Una sola fuente científica y de dudoso valor
Iñigo Lamarca. Foto: Rafa Gutierrez.Ignoro, por otra parte, a qué fuentes científicas ha recurrido el Ararteko para documentarse de cara a la elaboración de su informe. En las quince páginas que lo componen, cita varias resoluciones de diversos organismos políticos y ¡una sola entidad científica! «Otra referencia que sirve para ilustrar la importancia del debate es el criterio de la International Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que ha clasificado los campos magnéticos de radiofrecuencias (móviles, WI-FI, etc.), como posibles cancerígenos para humanos (Grupo 2B)», escribe Lamarca tras destacar que, «como ejemplo significativo [de la preocupación de los científicos] podemos mencionar las previsiones recogidas en la Agenda de investigación de la OMS para los campos electromagnéticos de 2010. Este documento mantiene la necesidad de continuar investigando los efectos sobre la salud en especial para niños y niñas expuestos a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, entre las que incluye las redes inalámbricas».
¿Ha leído Lamarca el artículo científico en el que basaron su dictamen los sabios de la IARC? Se titula “Carciogenicity of radiofrequency electromagnetic fields” (Carcinogenicidad de los campos electromagnéticos generados por radiofrecuencias), se publicó en julio de 2011 en la revista The Lancet Oncology y los autores no presentan ninguna prueba que avale la inclusión de las ondas de radiofrecuencia. Nada raro. Ya la nota de prensa que había sacado un mes antes la IARC apuntaba en ese sentido.  Los científicos consultados venían a decir que el uso del móvil “podría suponer algún riesgo” de contraer glioma (tumor maligno cerebral) y neuroma acústico (tumor benigno del oído), y que las pruebas eran “lo suficientemente sólidas” como para incluir el uso de teléfonos celulares en el grupo 2B de la clasificación de carcinógenos de la OMS, pero ellos mismos reconocían que esas pruebas eran extremadamente frágiles:

“Las pruebas fueron revisadas críticamente y en general evaluadas como limitadas entre los usuarios de teléfonos celulares para el glioma y el neuroma acústico, e inadecuadas para llegar a conclusiones para otros tipos de cánceres. La pruebas de las exposiciones ocupacionales y ambientales antes mencionadas se consideraron igualmente inadecuadas. El Grupo de Trabajo no cuantificó el riesgo; sin embargo, un estudio del uso pasado de teléfono celular (hasta el año 2004), mostró un 40% más de riesgo para los gliomas entre los grandes usuarios de la categoría más alta (promedio reportado: 30 minutos diarios durante un período de 10 años).”

Las cursivas no son mías, sino del documento original. A pie de página, se explican dos términos clave (las negritas tampoco son mías):

Pruebas limitadas de carcinogenicidad: se ha observado una asociación positiva entre la exposición al agente y el cáncer, para la cual el Grupo de Trabajo considera creíble una interpretación causal, aunque no puede descartar con seguridad razonable el azar, el sesgo o la confusión.

Pruebas inadecuadas de carcinogenicidad: los estudios disponibles son de insuficiente calidad, consistencia o potencia estadística como para permitir llegar a una conclusión respecto a la presencia o ausencia de una asociación causal entre la exposición y el cáncer, o no hay datos disponibles sobre el cáncer en los seres humanos.”

Y, con esas pruebas limitadas e inadecuadas, se incluyeron las ondas de radiofrecuencia en el grupo de carcinogenicidad 2B de la OMS, como bien recuerda el Ararteko, a quien se le olvida destacar que en ese grupo también está el café. Por cierto, numerosos investigadores y sociedades científicas apuntaron en su día que la decisión de la IARC carecía de fundamento científico, algo de lo que Lamarca tampoco parece haberse enterado. En España, el secretario general de Sanidad, José Martínez; la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC); el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Emilio Alba, y el presidente de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO), Antonio Llombart, coincidieron en que lo que decían los autores del informe de la IARC no estaba demostrado.
El consenso científico sigue siendo, a día de hoy, que no hay ninguna prueba de que las ondas de radiofrecuencia resulten nocivas para la salud. No sólo no hay ningún estudio que confirme tal posibilidad, sino que desde junio de 2011 se han publicado varios que la descartan. Por citar sólo uno, en julio de 2011 -sólo un mes después del artículo de The Lancet Oncology-, los autores de un estudio cuyas conclusiones se publicaron en el Journal of the National Cancer Institute, la revista de investigación contra el cáncer más importante del mundo, concluían que los niños y adolescentes que usan el teléfono móvil habitualmente no corren un mayor riesgo de sufrir un cáncer cerebral que los que no lo hacen.
Se mire por dónde se mire, el dictamen del Ararteko sobre las redes Wi-Fi en las escuelas es un despropósito basado en informes de organismos políticos y no en pruebas científicas. ¿Por qué Lamarca no ha recurrido a científicos expertos para informarse debidamente del estado de la cuestión? Cierto es que el defensor del Pueblo Vasco no dice, en ningún momento, que las emisiones de radiofrecuencia sean un peligro, pero su inquietante falta de argumentos sólidos alimenta la histeria electromagnética. «Hay que partir del hecho que las redes Wi-Fi generan campos electromagnéticos de radiofrecuencia en unos niveles bajos en los que no ha quedado acreditado que puedan afectar a la salud de las personas», asegura. Sin embargo, opta por no mojarse y justificar su equidistancia con que no hay consenso científico -¡falso!- y el debate social está ahí. Sí, señor Lamarca, como el debate creacionismo-evolucionismo.
Ah, ¿sabe que negacionistas del sida apoyan al lobby antiantenas en su intento de meter en los colegios españoles el miedo a la Wi-Fi?