El Gobierno holandés pone a la homeopatía contra las cuerdas

La ministra holandesa de Sanidad, Edith Schipper, ha prohibido a los laboratorios homeopáticos que indiquen en la etiqueta de sus productos las dolencias que curan, a menos que esté demostrado científicamente, según Radio Nederland. Me ha alertado de ello el informático Alberto Suárez. La medida es sensata -los fármacos deben curar aquello que sus fabricantes dicen que curan-, pero ha sentado muy mal entre los partidarios de esta pseudomedicina. El autor de un artículo de opinión publicado en la colonia caribeña de Sint Maarten asegura que supondrá la desaparición de 243 productos homeopáticos de las farmacias holandesas y, con la habitual doble vara de medir de los pseudocientíficos, despotrica contra los escépticos y la industria farmacéutica y, al mismo tiempo, admite que ningún compuesto homeopático a la venta en Holanda ha demostrado curar algo. La lógica pseudocientífica es perversa: los mismos que piden a los medicamentos de verdad que sus efectos beneficiosos para la salud estén probados científicamente, exigen que los productos homeopáticos no tengan que pasar ningún control.

La realidad es que la homeopatía es nada y no cura más allá del placebo, tal como concluyó en diciembre un comité de expertos en un informe elaborado para el Ministerio de Sanidad español y, antes, la Asociación Médica Británica (BMA), el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes, la prestigiosa revista de The Lancet, la máxima autoridad científica japonesa… A pesar de ser nada, es muy peligrosa, ya que hay enfermos que abandonan la medicina para confiar su curación en compuestos inútiles, como el hipertenso vizcaíno que acabó hace unos meses en Urgencias tras dejar los fármacos por consejo de su homeópata, un médico colegiado. Y, por supuesto, es un timo, ya que lo que se vende en las farmacias como medicamento homeopático es agua y pastillas de azúcar; eso sí, muy caras.

Los dos principios de la homeopatía -que lo similar cura lo similar y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos- van contra el sentido común, la experiencia cotidiana y el conocimiento científico, y, por supuesto, nunca han sido demostrados. Crear un laboratorio homeopático de éxito es relativamente sencillo: basta con coger agua del grifo, comercializarla en frascos pequeños y a un precio que ni el agua mineral más cara, contar con la colaboración de médicos ignorantes o sin escrúpulos que avalen su eficacia, confiar en farmacéuticos dispuestos a hacer negocio a toda costa y saber manejar a los medios. En España, como en la mayoría de los países, no hay que probar que el producto sirva para algo; solo, que es inocuo, como el agua del grifo o una gominola.

Habrá que ver cómo acaba esta pseudomedicina en Holanda. En Estados Unidos, la multinacional homeopática francesa Boiron ha tenido que gastar 12 millones de dólares en indemnizar a clientes insatisfechos y en cambiar el etiquetado de sus productos para frenar las denuncias por publicidad engañosa. Las nuevas etiquetas han de incluir en EE UU la advertencia de que la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) no ha verificado la efectividad del producto y una explicación del disparatado método de dilución que hace que cualquier compuesto homeopático no contenga ni una molécula de principio activo.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista. Ha sido el conductor de Escépticos (ETB), la primera producción española de televisión dedicada a la promoción del pensamiento crítico, y llevado la sección El archivo del misterio en Órbita Laika (La 2). Ha colaborado con la Cadena SER, Radio Nacional de España, Radio 3, M80 Radio, Radio Vitoria y Punto Radio Bizkaia -antes Punto Radio Bilbao-, con intervenciones que pueden escucharse en cualquier sitio gracias al podcast Magonia. Da ante todo tipo de público charlas sobre ciencia y pseudociencia, en las que habla de la conspiración lunar, la Atlántida, los ovnis, la guerra psíquica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las conspiraciones, el periodismo gilipollas y, si se da el caso, hace a los asistentes experimentar lo paranormal. Trabaja en el diario El Correo de Bilbao, donde cubre la información de ciencia desde hace años. Mantiene desde junio de 2003 este blog, dedicado al análisis crítico de los presuntos misterios paranormales y al fomento del escepticismo, y firma desde octubre de 2010 una columna en español, ¡Paparruchas!, en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario, de la que es consultor. Además, es fundador del Círculo Escéptico, asociación organizadora del Día de Darwin y de los encuentros Enigmas y Birras, entre otros actos de divulgación del pensamiento crítico. Ha escrito los libros El peligro de creer (2015), La cara oculta del misterio (2010) y Crónicas de Magonia (2012), y ha coordinado la obra colectiva Misterios a la luz de la ciencia (2008), publicada por la Universidad del País Vasco y en la cual destacados científicos examinan la posibilidad de vida extraterrestre y la existencia de monstruos, entre otros asuntos. Fue el único español participante en el libro Skeptical odysseys. Personal accounts by the world's leading paranormal inquirers (Odiseas escépticas. Reflexiones personales de los principales investigadores mundiales sobre lo paranormal. 2001), editado por el filósofo Paul Kurtz. Si quiere informarle de algo relacionado con los temas de este blog o entrar en contacto con él para cualquier cosa, puede hacerlo por correo electrónico, Twitter, Facebook o Google +.