4 comentarios

  1. ¿Quiénes se han creído que son para determinar qué seminarios o congresos pueden llevarse a cabo en ellas o no? La educación es un bien público y como tal debe abarcar todos los conocimientos inherentes al ser humano sean científicos, paracientíficos o pseudocientíficos. Las universidades públicas son públicas, lo cual significa que se sostienen con los impuestos que pagan todos, por lo tanto aquellos interesados en esos temas tienen tanto derecho como cualquier hijo de vecino a asistir u organizar todo tipo de seminarios, incluidos aquellos dedicados a la parapsicología, la ufología o la probabilidad del hallazgo de la isla se San Borondón.

  2. Llevo tiempo visitando el blog sin publicar ningún comentario, pero es que la «reflexión» de Adamski clama al cielo. Lo he tenido que releer tres veces para cerciorarme de que no se trata de un comentario irónico (y si lo es, lo has clavado, colega). Ahora resulta que por el hecho de ser públicas, en las universidades debería poderse escoger el conocimiento que cada uno crea oportuno para impartirlo a sus anchas, como clases de matemáticas en las que 2+2 son 5, o clases de literatura según las cuales el Quijote está escrito por Stephen King…
    Y vamos, como los ambulatorios también son públicos, deberíamos habilitar boxes para los médicos que quieran sanar con oraciones, que también están en su derecho, que por algo sufragan la sanidad.

  3. germen 3: «Y vamos, como los ambulatorios también son públicos, deberíamos habilitar boxes para los médicos que quieran sanar con oraciones, que también están en su derecho, que por algo sufragan la sanidad.»
    No te digo oraciones porque al parecer no suelen ser muy efectivas si no se las eleva con suficiente fe, pero lo de los boxes no es mala idea para aquellos médicos que quieran practicar reiki, cuyos prolongados beneficios sobre la salud no pueden ponerse en duda.
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    Cántabrico, creo que el de Rioja es uno de los mejores, incluso hay algunas variedades ecológicas que no cargan con todas las porquerías y residuos de los químicos con los que nos envenenan a diario los grandes laboratorios.

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