3 comentarios

  1. Una pequeña matización sobre la supuesta intervención de la NASA a la que hace alusión, Luis Alfonso.
    Es cierto que la NASA no se ocupó jamás del lienzo de Turín. Generalmente se atribuye a John Jackson y Eric Jumper tal calificación. Pero si se consulta la lista que corre por ahí (por ejemplo, aquí: http://www.lasabanasanta.org/docs/sturp.pdf ), se ve que estos dos eran miembros de la Academia de las Fuerzas Aéreas de los EEUU. Capitanes, por más señas. En el listado (en el que no aparece algún miembro molesto, por cierto) se ve que quienes trabajaban para un laboratorio de la NASA eran Jean Lorre y Donald Lynn (el Jet Propulsion Laboratory formaba parte de sus estructuras). Como se puede comprobar aquí: http://er.jsc.nasa.gov/seh/shroud.html , su trabajo se redujo a hacer fotos de alta calidad.
    La confusión puede venir de que Jumper y Jackson trabajaron junto a Peter Schumacher con un conversor de imágenes tridimensionales, el VP8, que era el que utilizaba la NASA por aquellas fechas. La otra relación indirecta que mantuvo la NASA con el STURP es que cedió (¿alquiló?) los aparatos que se utilizaron en los trabajos de 1978.
    Pero en lo fundamental tienes razón: es ridícula la insistencia de ciertos medios sindonistas en algo que podrían comprobar fácilmente: la NASA no hizo ningún trabajo con el lienzo de Turín ni, mucho menos, certificó su autenticidad. La capacidad de crear y propalar bulos de esta gente es infinita.
    Fdo.: Mo, sólo Mo.

  2. ¡Y glóbulos rojos! Dado que los test seguros para probar la existencia de sangre se remontan como mucho al siglo XIX (sobre el resto hay bastante polémica), este trascendental descubrimiento debería ser puesto en conocimiento en las más prestigiosas revistas de arqueometría científica para que tomen nota.
    ¿Apostamos a que no? Es que una cosa es contar cualquier cosa en un periódico de provincias en Semana Santa y otra demostrarlo en un foro científico. Sobre eso los sindonistas tienen experiencia. Sobre la Semana Santa, digo.
    Recuérdese que Adler, Heller y Rogers fracasaron en tests habituales de sangre y tuvieron que recurrir a otras pruebas indirectas. Que enviaron muestras a laboratorios independientes que fueron incapaces de señalar el tipo sanguíneo de la supuesta sangre porque estaba «muy degradada». Esperemos las extraordinarias revelaciones del CES sobre revolucionarias pruebas para detectar glóbulos rojos en una sangre de dos mil años «muy degradada».
    Fdo.: Mo, sólo Mo.

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