Klaus Heinemann: el físico que cree que las motas de polvo tienen un mensaje espiritual para nosotros

Una mota de polvo refleja la luz del flash en un jardín. Foto: Santiago B.Steve Parsons, del grupo Para.Science, es un cazafantasmas en toda regla. Sin embargo, hasta los orbes –orbs, en inglés- son demasiado para él. Los orbes son esas esferas luminosas que flotan en el aire en algunas fotos y a las que algunos atribuyen un origen paranormal. En septiembre de 2010, en la conferencia de la nada incrédula Sociedad para la Investigación Psíquica, Parsons presentó las conclusiones de un experimento hecho con la Fujifilm FinePix Real 3D W1, una cámara que permite sacar dos fotos al mismo tiempo desde prácticamente el mismo punto de vista y con el flash equidistante entre los dos objetivos, que se activan con un solo disparador. Después de sacar 1.870 pares de imágenes en 20 localizaciones diferentes ha concluido que todos los orbes se deben a polvo y otras partículas en suspensión que reflejan la luz del flash de la cámara. Lo mismo que, desde hace años, decimos los escépticos y que Fujifilm explicaba en su web en diciembre de 2002.
La multiplicación reciente de orbes se debe a que a la proliferación de las cámaras compactas en las que el flash está muy cerca del objetivo y, por eso, la lente es más susceptible de capturar esos reflejosYa entre 2001 y 2003, Para.Science realizó una serie de pruebas que llevaron a Parsons a pensar que era muy probable que el origen de los orbes fuera el antes indicado, aunque entonces lamentaba que no tenía manera de demostrarlo concluyentemente. Fíjense en la perversión, tan común en toda la pseudociencia: no son los partidarios de la sobrenaturalidad de los orbes quienes tienen que demostrarla, sino que los que sostienen que son algo corriente y moliente han de probar que no hay nada sobrenatural en ellos. En el mundillo de los ovnis ocurre lo mismo: al ufólogo le basta una luz en el cielo para invocar a extraterrestres, seres ultradimensionales o viajeros temporales, mientras que el escéptico debe identificar el estímulo con pelos y señales para que se descarte su origen sobrenatural. Es la inversión de la carga de la prueba.
El experimento de Parsons, del que me he enterado leyendo el último número de Fortean Times, parte de una premisa simple: si los orbes no son reflejos de luz en partículas en suspensión que flotan a centímetros del objetivo y una cámara estéreo, como la Fujifilm FinePix Real 3D W1, capta uno, éste debe verse en las dos fotos obtenidas por la máquina, lo mismo que se ve cualquier otro objeto. Para comprobarlo, tomó 1.870 pares de imágenes en lugares supuestamente encantados de Reino Unido e Irlanda, en la mayoría de los casos acompañado de otros investigadores paranormales y curiosos. De los 630 pares de fotos en los cuales se ve algún orbe, en 491 sólo está presente en una de las imágenes, mientras que en 139 se ven orbes en las dos, si bien sus posiciones no corresponden la de uno con la del otro; es decir, son esferas de luz diferentes.
«Este estudio respalda la hipótesis de que los orbes son simplemente el resultado de polvo u otro material en suspensión cercano a la cámara que refleja la luz del flash hacia el sensor de imagen, y ofrece una prueba definitiva de que el origen de los orbes se encuentra dentro de lo mundano y lo explicable, y no de lo paranormal o sobrenatural», escribe Parsons en su artículo «Orbs!.. At last some definitive evidence that they are not paranormal» (¡Orbes!… Al fin una prueba definitiva de que no son fenómenos paranormales). Recuerda que los expertos en orbes suelen afirmar que sólo el 1% o 2% de todas esas esferas luminosas corresponden a orbes paranormales, mientras que el resto son de origen natural, aunque no haya manera de diferenciarlos. Y replica: «Hasta la fecha hemos captado en nuestro estudio más de 600 orbes, por lo que cabría esperar que hubiéramos encontrado entre 6 y 12 de origen paranormal. No los hemos encontrado: los 630 han sido explicados fácilmente utilizando la técnica de la fotografía en estéreo». Parsons espera que su conclusión de que los orbes no son de origen sobrenatural sea aceptada por el conjunto de la comunidad paranormal. ¡Es un iluso!
El mundo espiritual
El físico Klauss Heinemann.Uno de los que, seguramente, rechazara tal idea es Klauss Heinemann. Es físico, ha sido profesor de las universidades de Múnich, Tubinga y Stanford, ha trabajado en el Centro Espacial Ames de la NASA y ha escrito unos 60 artículos en revistas científicas. Pero no por eso deja de ser un crédulo de tomo y lomo. «Hasta ahora, había una gran cantidad de pruebas anecdóticas de la existencia del mundo espiritual. Creo que ya no se puede hablar más de evidencias anecdóticas. Gracias a la tecnología digital, podemos verlo por primera vez. Se trata de un fenómeno no físico, aunque real», sentenciaba en 2007 en referencia a los orbes.
No sólo cree en ellos, sino también que la ciencia «postula la existencia de una realidad no física (espiritual, divina)», la conciencia es eterna y la sanación espiritual está demostrada, entre otras cosas. Los orbes proceden del Más Allá y son portadores de un mensaje de esperanza, sostienen él y su esposa Gundi, sanadora espiritual, en su libro Orbs: their mission and messages of hope (Orbes: su misión y mensajes de esperanza, 2010). «No me cabe ninguna duda de que los orbes podrían ser uno de los más importantes fenómenos de fuera de esta realidad de los cuales el ser humano ha sido testigo», dice Heinemann. ¡Piénselo la próxima vez que pase la aspiradora!
Si uno se convierte en el Más Allá en una mota de polvo, vaya mierda, ¿no? Aunque no fueran muy inteligentes -se limitaban a abrir y cerrar puertas y ventanas, y a ulular-, por lo menos, antes los fantasmas tenían apariencia humana.