‘The Lancet’ pedía hace cien años una legislación contra los curanderos y los médicos alternativos

“La legislación contra los charlatanes está en el aire”, lamentaba el primer editorial de The Lancet de la segunda década del siglo XX, titulado “The promise of 1911”. En el texto, que glosaba los avances en la lucha contra la rabia, la difteria, la tuberculosis y otras enfermedades, se decía: “La profesión médica, gobernada y, hasta cierto punto, protegida por leyes médicas de considerable antigüedad, está a la espera de un día en que la Legislatura salvaguarde no tanto a la profesión como al público, hoy explotado sin obstáculos por cualquier codicioso charlatán o peligroso curandero precavido lo suficiente como para mantenerse al margen de las normas citadas”.

Editorial de 'The Lancet' de 1911 contra las pseudomedicinas.El editorial de la revista británica se hacía eco así el 7 de enero de 1911 de lo manifestado por un lector sobre la homeopatía en una carta publicada en el mismo número, se recuerda en el editorial del primer número de 2011. La carta al director estaba firmada por un tal C.O Hawthorne, un duro crítico que preguntaba, a un defensor de la homeopatía que había dicho que “las absurdas doctrinas de Hahnemann se abandonaron hace tiempo”, cuáles eran entonces los principios científicos de esa práctica. Y citaba a William Gairdner, que había sido presidente de la Asociación Médica Británica (BMA), consideraba la homeopatía una secta y había escrito que “es parte de la política de la homeopatía… pavonearse ante los médicos con la bandera de su dogma exclusivo y perpetuar el uso de sobrenombres asociados con cada tipo de amargura”.

Cien años después, homeópatas y otros charlatanes siguen campando a sus anchas en Occidente. Ni siquiera en Reino Unido, donde este año se han posicionado abiertamente en contra de la homeopatía el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes y la asamblea de la BMA. A pesar de eso, el Gobierno británico decidió en julio apostar por la homeopatía y mantenerla en el sistema público de salud, a pesar de que no funciona más allá del placebo, y dar la espalda a la ciencia. En nuestro país, el descontrol sobre esta pseudomedicina es tal que todos los productos homeopáticos de venta en las farmacias carecen de la autorización correspondiente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), y las autoridades saniatrias hacen la vista gorda. Lamentablemente, las cosas han ido a peor desde el editorial de The Lancet de 1911 y, en Occidente, no sólo no se ha puesto coto a los curanderos y los charlatanes de la salud, sino que han crecido considerablemente gracias, en gran parte, a la complicidad de una clase médica que los acoge a veces hasta en la universidad.