Algunos medios españoles se drogan digitalmente

Llevamos un verano increíble desde el punto de vista de las tonterías anticientíficas: el pulpo Paul, las drogas auditivas, nuestro origen sirénido, las ferias esotéricas, el parche mágico de titanio, la oración como medicina alternativa… Cuando todavía no me he recuperado de la visión de unos minutos de Más Allá de la Vida, el programa espiritista de Telecinco, me encuentro en la última página del diario Deia con la reedición de la tontería de las drogas auditivas, sobre las que ya nos alertó La Sexta Noticias. La recuperación de esta patraña viene a cuento de un despacho enviado ayer por la agencia Efe que han publicado en su web medios como La Vanguardia y Abc, entre otros periódicos, y numerosos blogs.
El reportaje de Deia, titulado «Un chute de decibelios», es un refrito del de Víctor Mur para Efe, motivado, según el autor, por la llegada de «las e-drugs o drogas sonoras digitales» al mercado francés. A pesar de que en ambos textos -que son el mismo con pequeños cambios- se dice que fuentes de la lucha antidroga francesa consideran que el fenómeno «ni es inquietante ni emergente» y que los expertos opinan que estas drogas «no crean adicción alguna», también se destaca que «algunas voces alertan sobre la posibilidad de que, a la larga, las drogas digitales puedan provocar disfunciones cerebrales», de cómo «transportan a los usuarios a unas sensaciones fuera de lo común» y de que por ahora se desconoce qué tipo de efectos pueden acarrerar porque no se han hecho estudios al respecto. ¡Viva el periodismo de especulación!
A ver: las drogas digitales son un timo, como el parche de titanio del Príncipe y la pulsera holográfica de Manolo Santana. Los sonidos que, según sus fabricantes, producen los efectos de estupefacientes -¿por qué nadie recuerda que también comercializan otros «para ayudarte a viajar a las alturas del Cielo y al Hades, así como a las zonas intermedias», y hasta «a sentir el Big Bang»?- son inocuos y todo lo que pasa es consecuencia del efeto placebo o de las ganas de hacer el payaso y de notoriedad de algunos adolescentes. Así que, si ustedes son padres, no se preocupen si su hijo se encierra a escuchar música en su cuarto, no se está drogando, aunque lo que le guste sea para ustedes ruido. Y tampoco se crean todo lo que lean o vean en los medios, por favor. Se lo dice un periodista.