Proponen en una revista científica estadounidense que la oración se considere medicina alternativa

Las páginas del último número del Southern Medical Journal (SMJ), la revista de la Asociación Médica del Sur (SMA) de Estados Unidos, acogen una encendida defensa de la oración como medicina alternativa a cargo de los autores de un estudio experimental sobre la materia realizado en Mozambique y de un editorialista de la publicación.

Artículo y editorial en defensa del poder curativo de la oración publicados en el 'Southern Medical Journal'.«La convicción de que vivimos en un sistema cerrado regido sólo por procesos naturalistas es una expresión de fe en una visión del mundo en vez de una conclusión lógicamente exigida por el método científico. Aunque la visión secular del mundo es característica de esta época, no es de ninguna manera compartida por todos los científicos», escribe en el editorial el psiquiatra John R. Peteet, Hospital Brigham y de Mujeres de Boston, un centro vinculado a la Facultad de Medicina de Harvard. Sostiene que el estudio que publica la revista «pone en cuestión cuestiona la visión del mundo de los lectores que descartan lo sobrenatural o lo relegan a otras épocas. ¿Debería la oración convertirse en una práctica terapéutica? Los autores casi llegan a sugerirlo y es cada vez más común pensar de la espiritualidad de esta manera. Considérese, por ejemplo, los usos de la terapia de atención plena y el reiki, y la reformulación del perdón como técnica psicoterapéutica». ¿Para tanto son las conclusiones de la investigación cuyos resultado publica el SMJ? Pues, no. Todo lo contrario.

La lectura del trabajo, de cuya existencia me he enterado gracias al periodista Pablo González Yagüe, revela que se trata de un ejemplo de la peor pseudociencia. La investigación la ha dirigido Candy Gunther Brown, del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Indiana, quien ha contado con tres colaboradores: el psiquiatra Stephen C. Mory; una tal Rebecca Williams, de la que no he encontrado filiación; y el teólogo Michael J. McClymond, de la Universidad de Saint Louis. Los autores parten de la premisa de que la oración de intercesión próxima (PIP) -es decir, el rezo cercano a la persona por la que se va a pedir- es «una medicina complementaria y alternativa común, pero sus efectos clínicos son poco conocidos, en parte porque los estudios se han centrado en la oración de intercesión a distancia (DIP)». Ése es el demencial punto de partida de la investigación, financiada por la religiosa Fundación John Templeton. Y lo que sigue no es mejor.

Una chapuza de 200.000 dólares

Candy Gunther Brown. Foto: Universidad de Indiana.Después de indicar, entre otros sinsentidos, que la mayoría de los estudios hechos hasta la fecha no ha acertado a diferenciar la PIP de técnicas como el toque terapéutico y el qi gong, los autores explican que se han ido a Mozambique a realizar su investigación porque allí los líderes de una confesión, el ministerio Iris, «son ampliamente reconocidos a nivel mundial entre los pentecostales como especialistas en la oración para aquéllos con deficiencias de audición y visión». Así que hace un año, esos predicadores invitaron a los afectados que sufrían ese tipo de discapacidades a participar en una prueba de curación mediante la oración de la cual ofrecieron abundante información previa a los sujetos tanto en portugués como en makua, una lengua local. Entre los orantes, hubo también ministros de otro credo protestante, el del Global Awakening.

La metodología fue la siguiente: cada ministro pasó entre 1 y 15 minutos «administrando PIP» con las manos colocadas sobre la cabeza del feligrés o abrazado a él, implorando a Dios en voz baja, pidiendo la ayuda del espíritu Santo y de Jesús. De vez en cuando, el orante preguntaba al paciente si se había curado y, si éste le decía que no, la ceremonia seguía. «Si respondían afirmativamente, se realizaban test informales, como pedirles que repitieran una palabra o sonidos (por ejemplo, palmadas) hechos a sus espaldas o contaran los dedos de las manos a aproximadamente 30 centímetros de distancia. Si los beneficiarios no podían o sólo eran capaces de realizar parcialmente esas tareas, la PIP continuaba durante el tiempo que las circunstancias lo permitían». ¡Imagínense la tortura! Si uno se ha apuntado a la prueba o se ha hecho el sordo o el cegato para sacar pasta o lo que sea a los ingenuos hombres blancos, acaba curándose para no tener que seguir aguantando tanta plegaria y achuchón místico. Es de cajón.

Así que, de los 24 sujetos participantes -14 con problemas de audición y 11 de visión (se supone que uno con los dos tipos de problemas)-, la mayoría vio cómo su estado mejoraba tras los rezos, según los autores. Aunque, a decir verdad, no pueden estar muy seguros de ello. El reconocimiento auditivo previo y posterior a la prueba se basó en un audiómetro de mano y se hizo en una habitación donde «el ruido ambiental alto procedente de una multitud cercana suponía un importante reto a la hora de hacer las mediciones con precisión». Y el visual se realizó con los habituales cartones con letras de los oftalmólogos. Gunther Brown y sus colaboradores reconocen, además, que no pudieron diagnosticar nada a ningún paciente porque carecían del mínimo equipamiento médico, que no hubo ningún grupo de control y que el estudio no fue de doble ciego. La chapuza fue total.

Lo disparatado es que algo así se publique en una revista científica y que los autores se atrevan a deducir, a partir de tal desaguisado, que no pueden atribuirse los resultados a la sugestión y que los beneficios de la PIP pueden llegar a ser enormes. «Las consecuencias [de la oración como terapia complementaria] son potencialmente inmensas dado que la Organización Mundial de Salud calcula que 278 millones personas, el 80% de los cuales viven en países en desarrollo, sufren una pérdida de audición moderada a profunda pérdida de audición en ambos oídos y 314 millones, el 87% en países en vías de desarrollo, discapacidad visual, y sólo una pequeña fracción de esas personas reciben en la actualidad tratamiento», concluyen estos fanáticos disfrazados de científicos. ¿Por qué no sustituyen ellos y todos los que comparten sus ideas la medicina por los rezos y dejan que los fármacos, las gafas y los audífonos que ya no necesitarán se envíen al Tercer Mundo? Para empezar, seguro que los problemas de visión y audición de los 24 sujetos de este ridículo ejercicio de propaganda religiosa se habrían resuelto con sólo una parte de los 200.000 dólares que se han tirado en él.

Gunther Brown, Candy; Mory Stephen C.; Williams Rebecca; y, McClymond Michael J. [2010]: «Study of the therapeutic effects of proximal intercessory prayer (STEPP) on auditory and visual impairments in rural Mozambique». Southern Medical Journal (Birmingham, Alabama), Vol. 103 – Nº 9 (Septiembre).

Peteet, John R. [2010]: «Proximal intercessory prayer». Southern Medical Journal (Birmingham, Alabama), Vol. 103 – Nº 9 (Septiembre).

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.