¿Quedarán la tele y radio esotéricas confinadas al horario nocturno, como obliga la ley de lo audiovisual?

La Ley General de la Comunicación Audiovisual, aprobada en el Congreso el 18 de marzo y que entró en vigor ayer, establece que, para proteger a los menores, los espacios de radio y televisión sobre esoterismo sólo pueden emitirse entre las 22 y las 6 horas. Los confina a la franja de programación nocturna, junto con los espacios de juegos de azar y apuestas, en el sexto párrafo del apartado 2º del artículo 7, que dice:

«Aquellos (programas) con contenido relacionado con el esoterismo y las paraciencias sólo podrán emitirse entre las 22 y las 7 de la mañana. En todo caso, los prestadores del servicio de comunicación audiovisual tendrán responsabilidad subsidiaria sobre los fraudes que se puedan producir a través de estos programas.»

Gran parte de los espacios paranormales ya se emiten a esas horas, así que, en principio, la limitación no hará que el panorama cambie mucho. Dudo, además, de la efectividad de la Ley General de la Comunicación Audiovisual en lo que respecta a los horarios de emisión de programas paranormales porque, si algo nos ha demostrado la experiencia, es que las cadenas de televisión nunca han respetado los horarios protegidas. Al contrario, si uno enciende un día de labor la tele en la denominada franja de protección reforzada de 17 a 20 horas, se puede encontrar con bazofia del estilo de Sálvamé (Telecinco), por citar un ejemplo evidente. Supongamos -y es mucho suponer- que hay voluntad política de hacer cumplir la ley, ¿se actuará contra los magazines matutinos y vespertinos que dan pábulo acríticamente a lo paranormal a la menor oportunidad? Sinceramente, lo dudo.

Tampoco parece, a primera vista, que el hecho de que los emisores tengan «responsabilidad subsidiaria sobre los fraudes que se puedan producir a través de estos programas» les vaya a hacer temblar mucho, porque, si por algo se caracterizan las autoridades competentes en este país, es por hacer la vista gorda ante estafas evidentes como los concursos televisivos nocturnos en los que se participa a través del teléfono. Véase también el caso de las pulseras del equilibrio: para cuando han despertado las organizaciones de consumidores y el ministerio del ramo, los listos de turno han engañado a centenares de miles de ingenuos y se han embolsado millones de euros. Y no olvidemos el sistemático fraude que suponen las consultas y líneas telefónicas de adivinos, anunciadas en prensa, radio y televisión, y donde se cobra al cliente por algo imposible: ver el futuro. ¿Es que eso no es publicidad engañosa?

¿Qué podemos hacer los ciudadanos cuando los políticos aprueban leyes y luego no hacen nada para que se cumplan? Me temo que sólo nos queda el pataleo. Personalmente, no me parece mal confinar lo paranormal en radio y televisión al horario adulto, pero tampoco creo que, ni aunque milagrosamente se cumpla esa norma, ayude a solucionar el problema de fondo, la incapacidad de buena parte de nuestros conciudadanos para diferenciar verdad de mentira, ciencia de anticiencia, conocimiento de superstición, realidad de fantasía.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.