El caso del cabo Valdés: la historia del soldado que se fue a orinar y se inventó una abducción

Armando Valdés, en un momento de la entrevista con Iker Jiménez.

Iker Jiménez entrevistó el otro día ante las cámaras de Cuarto milenio a Armando Valdés, ex militar famoso por haber asegurado durante tres décadas que una noche de 1977 fue secuestrado por seres de otros mundos delante de sus compañeros de patrulla en Putre (Chile). “Valdés se ha mantenido en silencio durante todo este tiempo, intentando descifrar su propia incógnita. Y ha considerado que es momento de hablar”, decía horas antes el avance de prensa del programa de Cuatro.

El cabo Valdés, que tenía entonces 23 años, y sus ocho subalternos estaban sentados alrededor de una fogata cerca de unas caballerizas de Putre en la madrugada del 25 de abril de 1977 cuando vieron dos extrañas luces en el cielo. La aparición del segundo de los objetos, ovoide y violáceo, hizo que los caballos se desbocaran y que Valdés gritara: “¡Vete! ¡En nombre de Dios te lo ordeno!”. Media hora después, el cabo se separa de sus compañeros, camina hacia la luz y se esfuma. Quince minutos más tarde, aparece, se desploma en el suelo y dice: “Nunca sabrán quiénes somos ni de dónde venimos; pero pronto volveremos”. Tiene la barba crecida y el reloj adelantado cinco días. A partir de ahí, ufólogos de medio mundo se lanzan a especular acerca de lo que le pasó durante los quince minutos en los que estuvo desaparecido, una enigma desvelado hace poco.

Por mucho que la máquina propagandística de la nave del misterio se empeñe, Valdés explicó hace tiempo lo que ocurrió aquella noche. Lo hizo en la revista Más Allá (Nº 234), en un reportaje de Alejandro C. Agostinelli y Diego Zúñiga publicado en agosto del año pasado. “No fui abducido”, admitía el ex militar y ahora devoto feligrés de la Iglesia evangélica. En un interrogatorio tortuoso para los periodistas, reconocía que aquella noche nunca estuvo desaparecido y que no se separó del grupo para enfrentarse a las extrañas luces, sino por una razón mucho más mundana: para orinar. “Siempre estuvieron [los otros miembros de la patrulla] en mi campo de visión y yo observándoles… Cuando uno de los soldados animó a sus compañeros a ir a buscarme, pensé que se iba a armar una hecatombe. Entonces aparecí de un salto. Por eso mis compañeros creyeron que había caído de algún sitio”, confesó el falso abducido hace más de un año a Agostinelli y Zúñiga. El gran caso ovni se resumía en un joven que había ido a orinar detrás de un muro, desde el que luego había saltado para escenificar su teatral vuelta al mundo de los vivos. Fue todo una broma que se le fue de las manos y que entró en el canon ufológico, como su barba de cinco días y su reloj adelantado. Lo cierto es que el militar llevaba días sin afeitarse, pero en su día declaró lo contrario porque rasurarse era obligatorio y le podían sancionar. Y el calendario del reloj, analógico, seguramente lo adelantó de fecha él mismo.

A pesar de lo declarado por Valdés a Agostinelli y Zúñiga, Jiménez descartó el lunes la broma como explicación a lo sucedido en Putre hace treinta años. El misteriólogo de Cuatro dejó al ex militar en la entrevista que vendiera su patraña, una rentable fición que le ha reportado decenas de miles de dólares a cambio de apariciones televisivas. Y así habrá quien todavía alucine con esta historia de secuestro extraterrestre, sin saber que se le ocurrió a un joven soldado mientras orinaba una noche de primavera de 1977.