La histeria electromagnética llega a las aulas vascas

La histeria electromagnética quiere apoderarse de las aulas vascas del programa Eskola 2.0 y que el Departamento de Educación del Gobierno de Euskadi no conecte los ordenadores portátiles de los colegiales a Internet por Wi-Fi, sino por cable. «Nos oponemos enérgicamente a que la conexión a Internet en las aulas se haga mediante sistemas inalámbricos, por los peligros de las radiaciones que emiten los dispositivos Wi-Fi», dice en su web la Coordinadora Vasca de Afectados por los Campos Electromagnéticos (Covace). Y añade: «No hay más que ver la cantidad y calidad de los estudios científicos publicados en las más prestigiosas revistas especializadas sobre los efectos nocivos de la contaminación electromagnética». El alarmismo ayuda a conseguir titulares periodísticos, pero vayamos con la verdad. ¿Saben por qué Covace no enlaza desde su web ningún estudio científico que alerte «sobre los efectos nocivos de la contaminación electromagnética»? Porque no existen. Son como las pruebas científicas de la telepatía, las visitas extraterrestres y la predicción del futuro. No hay ninguna. Covace y los sindicatos ELA, LAB y ESK -que apoyan su iniciativa- no están diciendo a la opinión pública la verdad sobre la contaminación electromagnética y sus riesgos para la salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) -que ha redactado varios esclarecedores documentos sobre campos electromagnéticos y salud pública– admitió, en diciembre de 2005, que hay personas que dicen sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), aunque pueden llegar a resultar discapacitantes. Pero concluyó que «no hay bases científicas para vincular la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensiblidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un problema médico individual». En mayo de 2006, la OMS dictaminó, además, que, «teniendo en cuenta los muy bajos niveles de exposición y los resultados de investigaciones reunidos hasta el momento, no hay ninguna prueba científica convincente de que las débiles señales de radiofrecuencia procedentes de las estaciones de base y de las redes inalámbricas tengan efectos adversos en la salud». Todos los estudios científicos apuntan, por tanto, a que la hipersensibilidad electromagnética tiene tanta relación con las emisiones electromagnéticas como una posible asfixia en el tren con la velocidad a la que éste circula. Ésa es la realidad; no lo que sostienen Covace y sus socios. Investigaciones independientes ha habido muchas y todas han dado el mismo resultado: no hay prueba alguna de que las radiaciones de las antenas telefonía y la Wi-Fi resulten perjudiciales para la salud.

Cualquier día aparecerá en Euskadi un grupo de vecinos que, respaldado por partidos políticos y sindicatos, pedirá la prohibición del mucho más peligroso monóxido de dihidrógeno, una sustancia con la que estamos en contacto a diario y que, entre otras cosas, es también conocida como ácido hídrico y es el principal componente de la lluvia ácida; está presente en todos los lagos, ríos y océanos del planeta; corroe el metal; puede causar graves quemaduras; contribuye al efecto invernadero y a la erosión; ha sido encontrada en tumores cancerígenos; y puede provocar fallos en los frenos de los coches y accidentes mortales. ¿Habrá que esperar a que nazca la Coordinadora Vasca de Afectados por el Monóxido de Dihidrógeno para que nuestras instituciones se den cuenta de una vez de que no está científicamente probada la inocuidad del agua? Porque está claro que el agua, o monóxido de dihidrógeno, es más peligrosa que la Wi-Fi, ¿no?

Seamos serios: la sinrazón electromagnética es, como la oposición a los transgénicos, una prueba de la peligrosa explotación de la incultura científica por parte de partidos políticos, sindicatos y organizaciones presuntamente ecologistas. ¡Ojalá no sólo entre la Internet inalámbrica en la escuela vasca, sino también el pensamiento crítico, y las futuras generaciones sean menos ignorantes en ciencia y tecnología que las actuales!

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista. Ha sido el conductor de Escépticos (ETB), la primera producción española de televisión dedicada a la promoción del pensamiento crítico, y llevado la sección El archivo del misterio en Órbita Laika (La 2). Ha colaborado con la Cadena SER, Radio Nacional de España, Radio 3, M80 Radio, Radio Vitoria y Punto Radio Bizkaia -antes Punto Radio Bilbao-, con intervenciones que pueden escucharse en cualquier sitio gracias al podcast Magonia. Da ante todo tipo de público charlas sobre ciencia y pseudociencia, en las que habla de la conspiración lunar, la Atlántida, los ovnis, la guerra psíquica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las conspiraciones, el periodismo gilipollas y, si se da el caso, hace a los asistentes experimentar lo paranormal. Trabaja en el diario El Correo de Bilbao, donde cubre la información de ciencia desde hace años. Mantiene desde junio de 2003 este blog, dedicado al análisis crítico de los presuntos misterios paranormales y al fomento del escepticismo, y firma desde octubre de 2010 una columna en español, ¡Paparruchas!, en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario, de la que es consultor. Además, es fundador del Círculo Escéptico, asociación organizadora del Día de Darwin y de los encuentros Enigmas y Birras, entre otros actos de divulgación del pensamiento crítico. Ha escrito los libros El peligro de creer (2015), La cara oculta del misterio (2010) y Crónicas de Magonia (2012), y ha coordinado la obra colectiva Misterios a la luz de la ciencia (2008), publicada por la Universidad del País Vasco y en la cual destacados científicos examinan la posibilidad de vida extraterrestre y la existencia de monstruos, entre otros asuntos. Fue el único español participante en el libro Skeptical odysseys. Personal accounts by the world's leading paranormal inquirers (Odiseas escépticas. Reflexiones personales de los principales investigadores mundiales sobre lo paranormal. 2001), editado por el filósofo Paul Kurtz. Si quiere informarle de algo relacionado con los temas de este blog o entrar en contacto con él para cualquier cosa, puede hacerlo por correo electrónico, Twitter, Facebook o Google +.