¿Destinarían las instituciones vascas 118 millones de euros a divulgar la ciencia?

El Gobierno vasco va a dar 55 millones de euros al Athletic de Bilbao, un club privado, para construir su nuevo campo de fútbol. No es que los rojiblancos no tengan donde dar patadas al balón, es que dicen que su viejo campo, el histórico San Mamés, se les ha quedado pequeño a pesar de que sólo lo llenan un par de veces al año. Y, como es el Athletic, en vez de pagar el capricho sus 34.373 socios, lo hacemos todos los contribuyentes vascos. Alaveses y guipuzcoanos ya han salido por ahí diciendo que es poco menos que un robo a mano armada, pero me temo que algunos de ellos lo hacen con la esperanza de que el lehendakari Patxi López sea magnánimo también con ellos y les dé unos millones de euros para lo suyo, sea lo que sea. Basta recordar que todos los vascos pagamos también por decreto Anoeta y Mendizorroza, y que cualquier infraestructura se triplica en este diminuto país para que cada territorio tenga su juguete particular y nadie se sienta menospreciado. Somos así, qué se le va a hacer.
Soy bilbaíno y del Athletic de toda la vida, y la financiación con dinero público del nuevo San Mamés me parece un escándalo. Vale. El proyecto dará trabajo a las cementeras y a las inmobiliarias, pero eso no justifica que, de los 175 millones presupuestados, el Gobierno vasco y la Diputación vizcaína aporten 55 cada uno y el Ayuntamiento de Bilbao, 8. El derroche no tiene otra razón que la cortedad de miras de nuestros políticos. Siempre pendientes de las próximas elecciones, todos los partidos temen que la masa social que apoya al equipo rojiblanco les dé la espalda si no respaldan el proyecto del nuevo campo de fútbol con dinero público. Así que todos están de acuerdo por fin en algo, en hacer campaña electoral con nuestro dinero y de paso ayudar a los constructores para que sigan poniendo un ladrillo sobre otro hasta el infinito y más allá. Si usted creía que, tras el batacazo económico derivado del estallido de la burbuja inmobiliaria, íbamos ya a toda máquina hacia un cambio de modelo basado en el conocimiento y no en el cemento, espere sentado.
Museo y planetario
Fue una sarta de improperios lo que salió de mi boca al conocer la decisión del Gobierno vasco que da luz verde a este disparate. Inmediatamente pensé lo que podía hacerse desde el punto de vista de la divulgación del pensamiento crítico y la cultura con todo ese dinero o con parte, que 118 millones de euros -19.633 millones de las antiguas pesetas- dan para mucho. Y se me ocurrieron un par de cosas de las que andamos necesitados por estas tierras: un museo de la ciencia y un planetario. Son instituciones de las que carecen tanto Vizcaya como Euskadi, que podrían atraer visitantes, así como cumplir una más necesaria que nunca función didáctica y de generación de vocaciones científicas. Bilbao es la ciudad ideal para ello, ya que es la capital de la más industrial y científica de las tres provincias, y además acoge la sede de la Facutad de Ciencias de la Universidad del País Vasco.
No estoy pensando en un centro basado en módulos interactivos como el Kutxaespacio de la Ciencia de San Sebastián y tantos otros que se han multiplicado por España en los últimos años, sino en un museo que sea tal, con personalidad diferenciada, con colección propia antes de que acabe de desguazarse la Historia, centrado en la industria y la minería españolas -olvidémonos de localismos estúpidos-, y con criterios expositivos modernos, al estilo de las grandes instituciones de Estados Unidos y Reino Unido. El planetario, independiente o un anexo, podría constituir un centro de divulgacion de las ciencias del espacio vinculado también a la UPV y con alianzas con los más importantes del mundo. No creo que nada de esto vaya a ser realidad porque soy escéptico respecto al interés de los políticos por contar con una ciudadanía informada y formada, capaz de distinguir témporas de meteorología, geología de zahorismo, medicina científica de curanderismos varios… Pero tenía que decirlo porque dar de una vez por todas la espalda al ladrillazo y favorecer la mudanza hacia una economía del conocimiento es una urgencia nacional; con pan y futbol se pueden comprar votos mañana, aunque eso suponga que pasado mañana haya que emigrar.
López aseguró en junio que su Gobierno iba a hacer una «apuesta decidida por la innovación y la investigación, y por invertir en conocimiento y en talento», y añadió que, «cuando la situación económica es mala, como ahora, hay que atender lo urgente, pero también hay que sembrar, hay que invertir en futuro, en aquellas cosas que nos pueden poner en mejores condiciones para competir en un mundo absolutamente globalizado cuando se supere la crisis». No creo que el conocimiento y el talento a los que se refiere el lehendakari sean los propios de los futbolistas, y el nuevo san Mamés no es ni urgente ni una inversión crucial para que el País Vasco compita en el mundo actual. «Si peligra el gasto social -educación, sanidad, prestaciones de desempleo y quién sabe si también las pensiones en el medio plazo-, los problemas de las arcas públicas, también de las vascas, deben ser serios. Si, por el contrario, sobra dinero para cambiar de apartamento, perdón, de campo de fútbol, entonces no debe ser tan cierto que hay penuria económica y menos aún que esté justificado el aumento de impuestos», ha dicho Manu Álvarez en su análisis de este proyecto.
Necesitamos vocaciones científicas y técnicas si no queremos perder el tren del progreso. Invertir en conocimiento es hacerlo en el futuro, sembrar para estar entre los mejores. Que el nuevo San Mamés lo paguen los socios del Athletic de su bolsillo, que a fin de cuentas son ellos quienes van a disfrutar de su espectáculo privado cada quince días. Y que las instituciones gestionen nuestro dinero sin dejarse llevar por forofismos de ningún color.