La maldición periodística de los Kennedy

Ted Kennedy.La muerte de Edward Kennedy, a causa de un tumor cerebral a los 77 años, ha resucitado la idea de que el clan más famoso de Estados Unidos está maldito. “Su vida, como la de toda la dinastía Kennedy, estuvo marcada por la tragedia, una maldición sobre la que él mismo llegó a especular públicamente cuando se vio obligado a dar explicaciones por la muerte de Mary Jo Kopechne…”, se ha destacado en El País. “La maldición de los Kennedy golpeó con tragedias a una dinastía política”, ha titulado un despacho AFP. “La llamada maldición de los Kennedy, con una familia plagada de muertes, le obligó a erigirse en patriarca”, se explicaba en El Periódico. “Siempre se ha hablado de la maldición de los Kennedy. Tópico. Pero también una dura realidad”, se indicaba en El Correo. Y podía seguir citando medios serios que han dicho más o menos lo mismo, todos con el mismo fundamento.

La presunta maldición siempre está ahí cuando a un miembro del clan Kennedy le pasa algo. La unanimidad mediática respecto a ella revela la necesidad de una mayor formación crítica en las redacciones. Todos damos por ciertas cosas que no lo son basándonos, muchas veces, exclusivamente en la presunta autoridad de la fuente o en el consenso social o político imperante. La maldición de los Kennedy es algo de lo que han hablado los medios más prestigiosos durante décadas; así que existe. Caso cerrado. Ya me puedo poner a escribir sobre ella. Pues no. Y para comprobarlo basta con acudir a la Wikipedia, el Libro gordo de Petete de casi todo periodista, buscar la entrada de la familia Kennedy y aplicar el sentido común.

La familia Kennedy

El clan fundado por Joseph P. Kennedy y Rose Elizabeth Fitzgerald cuenta, desde ellos dos hasta sus nietos -incluidos los esposos y esposas de sus hijos-, con 49 miembros nacidos entre 1915 y 1972, de los cuales viven 30. De los más malditos de la generación más maldita, los nueve hijos de Joseph y Rose, queda Jean, cuatro (Rosemary, Eunice, Patricia y Edward) han fallecido en los últimos años a edades avanzadas, dos murieron en la juventud (Joseph cuando luchaba en Europa contra Hitler y Kathleen en un accidente de avión) y dos en la madurez (John y Robert) en sendos atentados, uno cuando era presidente de Estados Unidos y otro cuando era candidato a la Presidencia. Los descendientes de esa generación fueron en total 31, nacidos entre 1954 y 1972, de los que han muerto 5. Cójase cualquier clan estadounidense formado por un número parecido de miembros, nacida la segunda generación antes de la Segunda Guerra Mundial, y a ver cuántos sobreviven en la actualidad. Hágase lo propio en España, poniendo como barrera para la segunda generación la Guerra Civil. Con los Kennedy sucede que han sido muy famosos, muy ricos y muy influyentes, y por eso sus desgracias se han amplificado. Por cierto, la matriarca, Rose Elizabeth Fitzgerald, ¿murió a los 105 años también por la maldición?

Como acertadamente apunta Óscar Beltrán de Otálora, la verdadera maldición de los Kennedy, “en el fondo, no se trata de otra cosa que de la ambición desmedida de un padre que adiestró a sus hijos para que gobernasen América, cayera quien cayese por el camino”. “En su intento de reforzar el mito de la maldición de Kennedy, los medios de comunicación han incluido los daños causados por sí mismos como tragedias. Emborracharse y dejar a una chica ahogarse es una tragedia para la familia de la chica, no para el clan Kennedy. Morir en un accidente aéreo cuando no debías volar, una violación, la conducta temeraria en una pista de esquí, tener un romance con una niñera, ser arrestado por posesión de heroína y morir por sobredosis no son tragedias. Ser mujeriego, el fiasco de Bahía de Cochinos, trabajar para Joe McCarthy y meter a EE UU militarmente en Vietnam fueron elecciones. Si hay una maldición aquí, es la de la abundancia de dinero, poder y tiempo libre combinados con el gusto por asumir riesgos”, sentencia Robert T. Carroll.

¿Volveremos a oír de la maldición de los Kennedy cuando desaparezca Jean, aunque lo haga a una edad tan avanzada como su madre?