Un chamán trata a niños con cáncer de un hospital mexicano con el visto bueno de las autoridades

Los responsables sanitarios del estado mexicano de Colima han llevado a niños con cáncer ingresados en el Hospital Regional Universitario a la consulta de un chamán, me acaba de informar por correo electrónico el escéptico Juan Pérez. La idea partió, según cuenta el diario La Jornada, de Idalia González Pimentel, quien, además de presidenta en Colima del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF), es esposa del gobernador del estado. Ella dice que lo hizo para que los pequeños experimentaran “no una curación, porque la curación del cáncer debe ser física, sino una sanación de las emociones, para ayudar a los niños a sobrellevar la secuelas de las quimioterapias”.

El escándalo saltó el martes cuando Dolores González Meza, representante sindical de los trabajadores de la salud, denunció que “un brujo” había atendido a los niños con autorización del secretario de Salud de Colima y que, “después de la sesión, varios padres de familia se opusieron a que sus hijos tomaran el siguiente tratamiento de quimioterapia, porque el chamán les dijo que ya no lo necesitaban”. Este extremo fue negado posteriormente por González Pimentel.

El curandero en cuestión era el autotitulado médico maya Arsenio España Dzul, un tipo que asegura curar prácticamente todo, desde el cáncer hasta la diabetes, mediante cirugía psíquica. Ésta es una peligrosa práctica fraudulenta que consiste en simular operaciones mediante trucos de prestidigitación, incluidos el derramamiento de sangre de pollo u otro animal y la extracción de falsos tumores que en realidad son trozos de carne. España Dzul no llegó a tanto con los pequeños que puso en sus manos la Administración mexicana: sometió el 18 de abril a “un proceso de energía” a 42 niños oncológicos que fueron llevados hasta su consulta por el SNDIF.

Da igual cómo intente justificar los hechos González Pimentel -dice que lo hizo “con buena intención y buena fe”-, el apoyo a un estafador como España Dzul por parte de las instituciones debería ser causa inmediata de dimisión o cese de todos los altos cargos públicos implicados. Me indigna que haya quienes se aprovechen de la desesperación -comprensible y humana- de quienes tienen familiares con graves enfermedades. Esos desaprensivos deberían ser perseguidos por la Justicia y, sin embargo, nos encontramos con cargos públicos que no sólo les protegen, sino que además les ayudan a aprovecharse de quienes son, por tristes circunstancias, más proclives a caer en sus garras. Perdónenme, pero ¡qué asco!