Woody Allen cría a sus hijas según los principios del humanismo secular

Woody Allen ve un partido de baloncesto con su hija Manzie. Foto: Reuters.Woody Allen y su esposa Soon-Yi Previn están educando a sus dos hijas, Manzie y Bechet, de tal manera que cuando sean adultas puedan elegir libremente sus creencias. «Les estamos formando no en una religión determinada, sino en lo que llamamos humanismo secular: les enseñamos a ser honestas y amables, y a respetar la dignidad humana y los derechos de los demás», confesaba el cineasta hace unos días en The Daily Mail. El matrimonio quiere que sus pequeñas, que tienen menos de 10 años, mantengan «la mente lo más abierta posible» y asimilen cuanta información puedan para que, cuando sean mayores, decidan conscientemente en qué quieren creer.
«No es así como yo me eduqué. Tuve una infancia feliz, pero más o menos me enseñaron una cosa sobre religión y una cosa sobre política. Me dijeron: «Esto es lo que crees sobre esto y esto es lo que crees sobre esto otro». No tuve oportunidad de elegir», recuerda el artista en una interesante información de la que me enteré a través de D.J. Grothe, director de programas del Centro para la Investigación (CfI). Con el tiempo, como nos ha pasado a muchos, el Allen adulto y racional se quedó con algo de lo que le enseñaron de niño, pero rechazó gran parte de las creencias que le inculcaron cuando era propenso a creer cualquier cosa, desde el cuento de Adán , Eva y la manzana hasta el del Paraíso musulmán con sus huríes, pasando por las reencarnaciones hinduistas y, ¿por qué no?, el mesianismo extraterrestre.
Si tuviera menores a mi cargo, optaría por la alternativa de Woody Allen: educarles en la libertad y el conocimiento para que, cuando tuvieran capacidad racional de elegir, lo hicieran sin los lastres del adoctrinamiento religioso o político. De ser ésta una corriente mayoritaria, creo que las religiones perderían mucha de la fuerza que tienen, ya que el virus de la fe es oportunista y arraiga mejor cuanto más débil desde el punto de vista racional es su objetivo. ¿Y qué hay más vulnerable que un niño, que un ser humano que todavía es incapaz de pensar por sí mismo en un sentido pleno?
Lo saben bien los mandamases de todos los credos y, por eso, siempre han querido estar presentes en el sistema educativo para moldear las mentes de los pequeños a su gusto cuando todavía carecen de defensas frente al virus de la fe. En España, por desgracia, los sucesivos Gobiernos democráticos -incluidos los autodenominados progresistas- han optado no por crear una sólido sistema educativo público que forme ciudadanos libres, sino por insertar en el existente a los centros religiosos, facilitando a los credos que sigan adoctrinando a las nuevas generaciones muchas veces en principios que van contra la igualdad, la dignidad de las personas y la verdad.