6.000 euros por pasar tres días conectada a un servicio telefónico de videncia

No sé si cada minuto nace un tonto, pero me he acordado de la famosa frase -atribuida erróneamente al empresario circense estadounidense P.T. Barnum– al enterarme de que una mujer tiene que pagar una factura de 6.000 euros por habr estado conectada durante 72 horas a un servicio telefónico de videncia. La historia, de la que he sabido a través de Goloblog y que fue publicada originalmente por El Mundo, demuestra no sólo la sivergonzonería de ese tipo de empresas y la indefensión de los consumidores ante los abusos de un sector cuya existencia es ya de por sí un abuso, sino también que poco se puede hacer para proteger a quien carece del mínimo sentido común.
Mientras no haya una ley que impida aprovecharse de los tontos, se darán casos como el de Mariflor (nombre supuesto). Recurrió a un tarot telefónico y la chica que la atendió le dijo que tenían que hacer un ritual para librarla de vaya usted a saber qué maleficio que tuviese el teléfono conectdo con el servicio. «El teléfono tenía que estar encendido siempre, pero a la media hora, por el sistema que ellas usan, se cortaba la llamada y yo tenía que volver a telefonear. Ella me llamaba constantemente, incluso por la noche, para decirme que qué hacía que no llamaba. Esta chica me decía que había llamado a otras compañeras para que siguieran el ritual, y que si no llamaba no podían seguir». Y así durante tres dias: 6.000 euros de teléfono en total.
Situaciones como ésta se podían evitar si el Gobierno central traspusiera de una vez la Directiva 2005/29/CE relativa a las prácticas comerciales desleales, que obliga a los brujos a demostrar sus poderes ante los tribunales si alguien les demanda, tal como ha reclamado el Círculo Escéptico en el marco de una petición para el control del mercado de actividades esotéricas que hace hincapié en la persecución de «los fraudes perpetrados aprovechando las creencias religiosas o paranormales de las víctima».