Iñaki Anasagasti: Santiago y cierra Euskadi

Iñaki Anasagasti. Foto:Efe.Sobrecoge leer el último artículo de opinión de Iñaki Anasagasti publicado en El Correo, titulado ‘Presidente o lehendakari’ y que tiene como objetivo, ¡cómo no!, deslegitimar a Patxi Lópezcomo futuro jefe del Ejecutivo vasco. Sobrecoge por las razones que da el senador nacionalista para atacar al todavía no lehendakari. A Anasagasti le molesta que el candidato socialista vaya a modificar la fórmula utilizada por José Antonio Aguirre en 1936 y que, desde entonces, han empleado en su toma de posesión los lehendakaris, con una modificación introducida por Karlos Garaikoetxea. Dice: «Ante Dios humillado, en pie sobre la tierra vasca, en recuerdo de los antepasados, bajo el árbol de Gernika, ante vosotros, representantes del pueblo, juro desempeñar fielmente mi cargo». López ha decidido eliminar la humillación ante Dios, introducir referencias a la Constitución y el Estatuto de Gernika, y prometer y no jurar.
Para Anasagasti eso es pecado mortal, claro. «Romper con tradiciones es fácil, pero quizás quita solvencia a quien ejerce de iconoclasta aficionado por desconocer la realidad, ya que aquella fórmula que utilizó el primer lehendakari de la historia, José Antonio de Aguirre, además de, para mí, bellísima y solemne, surge en un momento en el que aquel Gobierno tenía al enemigo levantado en armas a veinte kilómetros de la Casa de Juntas, y se hizo asimismo ante aquel primer Gobierno de la historia vasca que lo era de concentración, y tenía un programa común y tres consejeros socialistas en su Gabinete, los tres, por cierto, enterrados en el exilio», escribe. Y añade: «La fórmula tiene 73 años y hay que cambiarla, laicizarla, hacerla irreconocible. Que se note, como se notará el dichoso cambio del mapa del tiempo en ETB. Entiendo que lo que aprobaron en octubre de 1936 tres consejeros socialistas sobre el himno que fue ratificado en el Congreso Mundial Vasco de 1956 celebrado en París haya que modificarlo y tratar de apostar por la magnífica canción foral-carlista del bardo Iparraguirre, Gernikako Arbola. Lo entiendo. Muera el pasado político. Pero, siguiendo este razonamiento, lo lógico sería que Patxi López sea el presidente del Gobierno vasco, como lo fue Ramón Rubial del Consejo General Vasco, y no su lehendakari, en el caso de ser elegido».
Como digno representante de la derecha confesional -el lema del PNV es «Dios y leyes viejas», no lo olvidemos-, Anasagasti considera intocables las tradiciones. Por fortuna, la sociedad vasca -y la española, en general- hace tiempo que optó, con lamentables excepciones, por no demonizar a las madres solteras, perseguir a quienes maltratan a mujeres, no considerar inferiores a otros seres humanos… Esas tradiciones sí que son viejas y no la que quiere cambiar López, que tiene sólo 73 años. Aún así, desde 1936 el mundo ha cambiado mucho y la presencia de cualquier divinidad como legitimadora del poder terrenal resulta tremendamente anacrónica, una de esas incursiones de la religión en la vida pública que tanto agradan a quienes quieren hacernos comulgar a todos con su dios. El lehendakari lo es no por la gracia de ningún dios, sino por decisión de los representantes de la soberanía popular, de acuerdo con la Constitución y el Estatuto. Que la fórmula de Aguirre sea más o menos bonita, no importa. Además, si ya la cambió Garaikoetxea -introduciendo el «ante vosotros, representantes del pueblo»-, ¿por qué no lo puede hacer López?