La Cienciología sigue siendo una secta

Juan G. Bedoya nos dice hoy en El País que “la Cienciología ya no es una secta”, porque la organización creada por L. Ron Hubbard figura desde el 19 de diciembre en el Registro de Entidades Religiosas español, lo que le otorga las mismas ventajas que a otros credos. El titular es engañoso. La Cienciología sigue siendo una secta, ya que, según el Diccionario de la RAE, secta se define como “conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica, doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra, o conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa”. La Cienciología encaja objetivamente en las dos primeras acepciones y subjetivamente -para mí- en la tercera. Obviamente, no es la única religión -establecida o no- que considero una secta no sólo en el sentido de la Real Academia, sin también en el popular, que equipara secta a secta destructiva.

La aspiración de Hubbard y los suyos a ser considerados miembros de una religión es lógica viniendo de donde vienen, de un Estados Unidos donde ese reconocimento otorga a cualquier conjunto de creencias un blindaje frente a la crítica. Esa errónea idea de que todas las opiniones y credos son respetables se ha instalado también en otros países occidentales, incluida España, y por eso la Cienciología aspira allí donde puede a ser reconocida como una religión. Sin embargo, eso no implica que su fundamento sea hoy menos ridículo que ayer ni que su líder merezca hoy más respeto que en vida. Cualquiera puede crear una religión que con el tiempo sea reconocida como tal por los poderes públicos, pero eso no demuestra que sus bases sean ciertas, sólo que hay gente que cree en ellas, como en otros tiempos en Zeus, Thor, Baal y tantos otros dioses a los que el hombre adoró alguna vez y que han perdido sus altares.

Los cienciólogos destacan que en España son unos 10.000, como si la cantidad de fieles supusiera un plus de credibilidad para una fe. La religión jedi -sí, creen en La Fuerza– tiene unos 70.000 adeptos en Australia y más de 390.000 en Inglaterra y Gales, según los censos de esos países.