Reunión de santones, palomas muertas

Un santón indio.

Impresiona, por lo menos a mí, que todavía haya gente en este mundo que crea que hay personas capaces de hacer milagros y que las adore. Ocurre en algunos casos en Occidente, pero es más generalizado en el denominado Tercer Mundo. Desde ayer, 10.000 espabilados -monjes hindúes es la denominación políticamente correcta- toman el pelo a cientos de miles de personas en un festival religioso en la ciudad india de Guwahati, a donde los organizadores esperan que acudan 800.000 devotos, según informa la agencia Efe. El objeto de veneración son los santones, que dicen tener superpoderes -llamemos a las cosas por su nombre- como el de facilitar la concepción a parejas estériles. Quieren, ha dicho uno de los monjes, «demostrar al mundo que el misticismo no es simplemente algo que existe en las escrituras». El negocio religioso habitual en este tipo de peregrinaciones se completa con el sacrificio masivo de palomas, porque ya se sabe que el derramamiento de sangre es algo consustancial a los dioses.

Por cierto, aquí también solemos hacer el ridículo con rogativas de lo más variadas, como las hechas por algunos aficionados al fútbol para evitar que sus equipos descendieran a Segunda División, así que mírense al espejo en la imagen del santón. Aunque el cristianismo es monoteísta por definición, el politeísmo práctico se refleja en las diferentes vírgenes que son adoradas a lo largo y ancho de España, algunas de las cuales deben tener más poder que otras porque hay clubes que ganan ligas y otros que parecen ascensores entre Primera y Segunda. Los aficionados de turno, en vez de cuestionar críticamente las políticas de las directivas y las habilidades de sus ídolos -unos millonarios muchas veces más vagos que Homer Simpson-, prefieren mirar al cielo como los incautos que peregrinan estos días a Guwahati. ¡Ah!, y que a nadie se le ocurra tomar a broma las peregrinaciones futboleras ni las ofrendas de trofeos a vírgenes, santos y demás dioses, que somos un país muy serio, no como India. ¿O no?

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.