¿Tiene Dios cerebro de chimpancé?

Editorial de 'Nature' en defensa de la teoría de la evolución.La revista Nature responde esta semana con un duro editorial a un artículo de opinión publicado por Sam Brownback, senador republicano por Kansas y posible candidato a presidente de Estados Unidos, en The New York Times en el que el político conservador cuestiona la teoría de la evolución y dice que, allá donde se contrapongan ciencia y religión, la segunda tendrá que imponerse. «Aunque ninguna piedra tiene que dejar de levantarse en la búsqueda de los orígenes de la naturaleza humana, podemos decir con convicción que conocemos con certeza parte de la solución. El hombre no fue un accidente y refleja una imagen y apariencia únicas en el orden creado. Aquellos aspectos de la teoría evolutiva compatibles con esta verdad son un añadido bienvenido al conocimiento humano. Los aspectos de esas teorías que socavan esa verdad, deben, sin embargo, ser firmemente rechazados como teología ateística (sic) planteada como ciencia», escribió Brownback el 31 de mayo en el diario neoyorquino. Sale cara, yo gano; sale cruz, tú pierdes.
El artículo de Brownback es un acto de fe creacionista al que hoy responde con contundencia Nature en un editorial, titulado ‘Evolution and the brain’ (La evolución y el cerebro), en el que se advierte de que en la polémica entre ciencia y religión «hay líneas que no deben cruzarse» y el político «cruza al menos una». Recuerda el autor que «los humanos evolucionamos, en cuerpo y mente, de primates anteriores» y que, por consiguiente, cómo estamos construidos, lo que hacemos y pensamos se deben a ese proceso. «La idea de que las mentes humanas son el producto de la evolución no es teología atea. Es un hecho inatacable», sentencia. Dice que eso por sí mismo no invalida la pretensión de Brownback, y de los creacionistas en general, de que nuestra mente es un reflejo de la de Dios. «Pero la sugerencia de que una entidad capaz de crear el Universo tiene una mente llena de las mismas estructuras emocionales y marco perceptivo que la de un simio bípedo adaptado a vivir en pequeños grupos de congéneres intensamente sociales en la sabana africana parece a priori improbable». Vamos, que si estamos hechos a imagen y semejanza de una divinidad, ésta tiene que tener el cerebro de un chimpancé.