Encuentran restos del avión accidentado en el caso ovni de isla Maury

El 1 de agosto de 1947, poco después del primer avistamiento de platillos volantes sobre las montañas Cascade por Kenneth Arnold, un B-25 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos se estrelló cuando volaba de una base de Tacoma (Washington) a otra de Novato (California). En el accidente, murieron el capitán William Davidson y el teniente Frank Brown, dos oficiales de los servicios de inteligencia militares que habían investigado cerca de Tacoma el caso de isla Maury, un supuesto accidente de un ovni. Algunos periódicos dijeron en los días siguientes que el avión llevaba en su bodega fragmentos de una nave extraterrestre y que había sido derribado por saboteadores. ¡Era una conspiración! Ahora, casi 60 años después, James Greear, un vecino de Longview (Washington) que lleva diez años buscando restos de la aeronave siniestrada, dice haberlos encontrado en un cañón cerca de Rose Valley. El Museo de los Misterios de Seattle expone desde hace años material sobre este caso, al que es muy posible que se sume lo hallado por Greear, entre lo que no puede haber -adelanto- ningún resto de un platillo accidentado.

James Greear, con restos atribuidos al avión militar. Foto: 'The Daily News Online'.«Toda la historia de isla Maury fue un fraude. El primero, y posiblemente el segundo mejor, y el más sucio de los fraudes de la historia de la ufología», dejó escrito Edward J. Ruppelt, en The report of unidentified flying objects (1956). Ruppelt fue director del Proyecto Libro Azul entre 1952 y 1953, pero, lejos de ser considerado un detractor, ha pasado a la historia de la ufología como un investigador de buena fe. Su dictamen sobre el suceso de isla Maury es compartido por los ufólogos serios y coincide con el de 1953 del astrofísico Donald H. Menzel, en su imprescindible Flying saucers, y el que puede leerse en The ufo encyclopaedia (1980), obra editada por Ronald D. Story.

El de isla Maury es uno de los casos clásicos de la ufología por varias razones, una de las cuales es que en él estuvieron implicados dos de los personajes que crearon el mito en 1947: Ray Palmer, director de la revista Fate, y Kenneth Arnold, el primer testigo ovni y el segundo ufólogo, tras Palmer. Pocos días después del avistamiento de Arnold, ocurrido el 24 de junio, Palmer recibió una llamada telefónica de dos hombres, Fred Chrisman y Harold Dahl, que se presentaron como guardacostas. Le informaron de que el 21 de junio, cuando patrullaban cerca de la isla Maury, habían visto seis platillos volantes en el cielo, dos chocaron y los restos de uno cayeron sobre ellos como una lluvia. Palmer se sintió atraído por la historia y mandó a investigarla a Arnold, al que había conocido poco antes y ofreció 200 dólares. Cuando Arnold llegó a Tacoma, se vio desbordado por los hechos e informó de ellos a los militares, y así fue como entraron en escena el capitán Davidson y el teniente Brown.

Los dos investigadores se encontraron varias veces con los testigos, que les entregaron algunos, según ellos, fragmentos del platillo volante accidentado. Y el 1 de agosto los militares despegaron de la Base de McChord (Tacoma) a la de Hamilton (Novato). Nunca llegaron a su destino. Días después, los periódicos recibieron llamadas en las que un comunicante anónimo que les informaba de que el avión accidentado transportaba restos de un platillo volante. Así llegó el caso de la nave extraterrestre a las portadas de algunos diarios, cosa que no ocurrió con las conclusiones de Davidson y Brown, que no dejaban lugar a dudas y de las que informaron a un colega en McChord antes de despegar.

«Ambos [Chrisman y Dahl] admitieron que los fragmentos de roca no tenían nada que ver con platillos volantes. Todo había sido un fraude. Habían mandado los fragmentos de roca [a Palmer] como una broma», según el informe oficial posterior. Y habían dicho que eran de un ovni porque era lo que Palmer quería oír, ya que era lo que necesitaba para vender revistas. Chrisman y Dahl, que tampoco eran guardacostas en realidad, querían sacar una buena tajada de su inventada historia, y la investigación concluyó que Palmer les incitó a cometer el fraude. Ahora, Greear dice que ha encontrado restos del avión accidentado y las primeras noticias periodísticas recuerdan que, según rumores, el aparato transportaba los restos de un ovni. La verdad es otra, pero posiblemente no importe a quienes viven de explotar la credulidad ajena. Recuerden que Arnold nunca vio platillos volantes en el caso fundacional, sino objetos con forma de bumerán que volaban como platillos lanzados sobre el agua. Sin embargo, como la prensa habló de platillos volantes, a partir de ese momento los ovnis tuvieron esa forma.

Por cierto, el informe final de la investigación del accidente del B-25 no cita como causa nada fuera de lo común.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista. Ha sido el conductor de Escépticos (ETB), la primera producción española de televisión dedicada a la promoción del pensamiento crítico, y llevado la sección El archivo del misterio en Órbita Laika (La 2). Ha colaborado con la Cadena SER, Radio Nacional de España, Radio 3, M80 Radio, Radio Vitoria y Punto Radio Bizkaia -antes Punto Radio Bilbao-, con intervenciones que pueden escucharse en cualquier sitio gracias al podcast Magonia. Da ante todo tipo de público charlas sobre ciencia y pseudociencia, en las que habla de la conspiración lunar, la Atlántida, los ovnis, la guerra psíquica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las conspiraciones, el periodismo gilipollas y, si se da el caso, hace a los asistentes experimentar lo paranormal. Trabaja en el diario El Correo de Bilbao, donde cubre la información de ciencia desde hace años. Mantiene desde junio de 2003 este blog, dedicado al análisis crítico de los presuntos misterios paranormales y al fomento del escepticismo, y firma desde octubre de 2010 una columna en español, ¡Paparruchas!, en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario, de la que es consultor. Además, es fundador del Círculo Escéptico, asociación organizadora del Día de Darwin y de los encuentros Enigmas y Birras, entre otros actos de divulgación del pensamiento crítico. Ha escrito los libros El peligro de creer (2015), La cara oculta del misterio (2010) y Crónicas de Magonia (2012), y ha coordinado la obra colectiva Misterios a la luz de la ciencia (2008), publicada por la Universidad del País Vasco y en la cual destacados científicos examinan la posibilidad de vida extraterrestre y la existencia de monstruos, entre otros asuntos. Fue el único español participante en el libro Skeptical odysseys. Personal accounts by the world's leading paranormal inquirers (Odiseas escépticas. Reflexiones personales de los principales investigadores mundiales sobre lo paranormal. 2001), editado por el filósofo Paul Kurtz. Si quiere informarle de algo relacionado con los temas de este blog o entrar en contacto con él para cualquier cosa, puede hacerlo por correo electrónico, Twitter, Facebook o Google +.