Salón del fraude esotérico en San Sebastián

Imagínense que alguien organiza una feria de trileros, fulleros, timadores, estafadores inmobiliarios… y la anuncia a bombo y platillo. Pues, bien, San Sebastián acoge desde hace trece años algo parecido, bajo el nombre de Salón del Esoterismo. Y nadie lo denuncia. Al contrario, prensa, radio y televisión recogen con generosidad que la capital guipuzcoana es durante unos días -este año, del 4 al 13 de agosto- la capital del Más Allá, con videntes, lectores de bola de cristal y tarot, fotógrafos del aura, sacerdotes de credos salidos de una película de terror de serie B y un largo etcétera de engañabobos.

Acto de apertura del XIII Salón del Esoterismo de San Sebastián. Foto: Efe.Contaba el viernes la agencia Efe que la muestra se había abierto este año con un ritual taoísta en el que se invocó “una nueva espiritualidad universal” y “un sentimiento de familia universal”. El oficiante fue Efrén Álvarez, que se presentaba como maestro taoísta mexicano y representante del sacerdocio de Melquisedec. Ahí queda eso. Álvarez hizo un max mix de oraciones de los indios pieles rojas y mexicanos -el despacho de agencia no especifica cuáles de todas las tribus indígenas fueron las elegidas para ese cóctel pseudoespiritual- e invocó a dioses, diosas y arcángeles, tras lo cual bendijo a los habitantes de San Sebastián. Este año, la estrella será la médium y vidente canadiense Marilyn Rossner -en realidad, es la estrella de todos los años-, que alardea de unos poderes adivinatorios de los cuales carece; como tampoco tiene ninguna capacidad para predecir el tiempo mediante las témporas Pello Zabala, fraile del santuario guipuzcoano de Arantzazu que fue en 2005 unos de los invitados de lujo de esta feria.

El Salón del Esoterismo donostiarra es una cita fija con el engaño más descarado, con quienes saben rentabilizar la ingenuidad de la gente hasta el punto de venderle humo a precio de oro. Y parece que el negocio funciona, porque la muestra se perpetúa. Eso sí, nadie en los medios denuncia que nos encontramos realmente ante un fraude, ante una feria en la que se venden falsas esperanzas y productos milagrosos. Las organizaciones de consumidores no dicen ni pío; ni tampoco lo dicen los científicos que participan, en la misma ciudad, en los cursos de verano de la Universidad del País Vasco. Ni una voz se alza contra la estafa de los brujos, contra, por ejemplo, el desaprensivo que se presenta como médium y hace retratos espirituales de familiares muertos de sus clientes. Será por no molestar.