El día de la Bestia

Escena de la nueva versión de 'La profecía'.Cuando Ronald y Nancy Reagan abandonaron la Casa Blanca en 1989 y se instalaron en el 666 de St. Cloud Road, en el lujoso barrio angelino de Bel Air, la ex primera dama pidió inmediatamente que se cambiara el número de la casa, que pasó a ser el 668. Fundamentalistas protestantes -el ex actor impulsó el creacionismo durante su presidencia- y creyentes en la astrología hasta el extremo de modificar su agenda oficial según el designio de las estrellas, los Reagan no querían que su hogar estuviese marcado por el número de la Bestia. Porque el triple seis identifica al Mal encarnado y por eso Hollywood ha elegido hoy -día 6 del sexto mes de 2006- para estrenar la nueva versión de La profecía (1976), en la que el Anticristo vuelve a las andadas después de la oleada de fines del mundo diabólicos de finales del siglo XX.

“¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666”, dice el versículo 18 del capítulo 13 del Apocalipsis. Lo que, según los estudiosos de la Biblia, pretendió con el número el autor el Libro de la Revelación, como también se conoce el texto, fue que sus lectores identificaran al enemigo, pero que éste no se diera cuenta y no tomara represalias, porque la Bestia era muy poderosa. “El Apocalipsis es un libro escrito en lenguaje cifrado, un ataque frontal al Imperio romano, y el público al que iba dirigido conocía las claves, estaba en el secreto”, explica Rafael Aguirre, profesor de Nuevo Testamento de la Universidad de Deusto.

Un mensaje cifrado

Los hebreos cultivaban una variante de la numerología, que se conoce como gematría, en la que a cada letra de una palabra corresponde una cifra y la suma de todas las cifras es el número de la palabra. El 666 es “la cifra de un hombre”, escribe el autor del Apocalipsis, a quien se identifica como Juan el Presbítero y que, a finales del siglo I, se dirigía a las comunidades cristianas de Asia Menor. La Bestia oculta tras el 666 era el emperador romano Domiciano, una especie de Nerón redivivo que persiguió con crueldad a los cristianos, indica Aguirre. Además, en la numerología apocalíptica, el 7 significa la perfección -sería el número de Jesús-; el 6, la imperfección; y el 666, la imperfección absoluta, incapaz de llegar al 7 por mucho que se divinice, como hace el emperador.

No hay en el Libro de la Revelación ninguna fecha del fin del mundo ni se cita al Anticristo. “El Apocalipsis hay que interpretarlo en relación con la situación histórica de la comunidad en la que surge. Es el reflejo de lo que piensa una corriente cristiana que en Asia Menor resiste al Imperio. Se usan un lenguaje cifrado y una imaginería determinada para llamar a la resistencia”, apunta el teólogo. No es una postura, la oposición a Roma, que compartan todos los cristianos de la época: algunos mantienen una actitud contemporizadora.

Escena de la nueva versión de 'La profecía'.El Anticristo sólo aparece indirectamente en un lugar del Nuevo Testamento, en la Segunda Carta a los Tesalonicenses, atribuida a Pablo y que los biblistas contemporáneos creen que no escribió él. Es después de la destrucción de Jerusalén, en el año 70, cuando prolifera la literatura apocalíptica y se dan todo tipo de especulaciones, explica Aguirre. Más recientemente, las sectas fundamentalistas se han entusiasmado por un texto lleno de símbolos, lo han interpretado -y tergiversado- a su gusto y el 666, el número de la Bestia originalmente identificada con el Imperio romano, se ha convertido en el del Diablo y el día del fin del mundo.

La cultura popular identifica ahora el triple 6 con Satanás y, por extensión, a éste con una larga lista de personajes, incluido Reagan, cuyo nombre completo -Ronald Wilson Reagan- se divide en tres conjuntos de seis letras (666). También se ha visto al Anticristo en Bill Gates. La traslación a código informático ASCII de su nombre -incluido el III que le corresponde por ser el tercero que así se llama- y la suma de sus componentes da como resultado 666. Y es que sólo hay que dar con la fórmula idónea en cada caso para que cualquiera sea la encarnación del Mal. Así, si A=100, B=101, C=102…, Hitler es igual a 666.

A pesar de que la Iglesia católica y la ortodoxa rusa, entre otras, han repetido que hoy es un día como otro cualquiera, la seguridad de las iglesias se ha reforzado en Noruega ante el riesgo de ataques de vándalos que se autodenominan satanistas y que están vinculados con la extrema derecha. Su próxima cita con la diabólica cifra será el 6 de junio de 2016, cuando tampoco llegará el fin del mundo ni nacerá el Anticristo.

Publicado originalmente en el diario El Correo.