La religión, ¿la raíz de todo mal?

En cuanto Mauricio-José Schwarz, periodista y miembro del Círculo Escéptico, me avisó de que estaban en Internet los documentales Root of all evil? The God delusion (¿La raíz de todo mal? La ilusión Dios) y Root of all evil? The virus of faith (¿La raíz de todo mal? El virus de la fe), del biólogo Richard Dawkins, decidí verlos y enlazarlos desde Magonia. Merecen la pena. Son una muestra de televisión valiente, comprometida, humanista. Todo lo contrario a lo habitual. (Quizá por eso, ojalá me confunda, tardaremos en verlos en España; si es que los vemos.) Ya la primera frase de Dawkins es una declaración de principios: «Hay asesinos en todo el mundo que quieren matarnos a usted y a mí, y a sí mismos, motivados por lo que ellos consideran el más alto de los ideales». El biólogo reconoce, seguidamente, la importancia en la situación mundial actual de conflictos políticos como los de Palestina e Irak, y empieza su disección de la religión, cuya conclusión resume la sentencia de Steven Weinberg, pronunciada en una conferencia sobre el diseño inteligente en 1999, que recuerda al final del segundo documental: «Con o sin religión, la gente buena seguirá haciendo el bien y la gente mala seguirá haciendo el mal; pero para que la gente buena haga el mal hace falta la religión».
Quien no domine el inglés que no se asuste, la pronunciación de Dawkins es envidiable y ayuda mucho a los que mantenemos una relación de amor-odio con la lengua de Shakespeare. Estoy de acuerdo con prácticamente todo lo que dice el biólogo y escéptico en este documental. Es verdad que pienso que las versiones más moderadas de religiosidad reportan tranquilidad psicológica a mucha gente, para la que la fe es la muleta necesaria para aguantar el sinsentido trascendental de nuestra existencia; pero no creo que esa razón justifique el fomento de la religión entre las nuevas generaciones. El título de los documentales –Root of all evil? (¿La raíz de todo mal?)- fue una imposición de Channel 4 para crear polémica, al que Dawkins consiguió añadirle la interrogación, ya que considera ridículo achacar todo mal a una cosa concreta. Así es. Hay otras causas del mal, pero que la religión no sea la única no significa que tengamos que olvidarnos de ella.
El adoctrinamiento religioso a que se somete a niños de todos los credos es, para mí, uno de los grandes lastres de nuestra sociedad. Crea individuos educados en el terror, como bien sabe la mayoría de quienes han padecido una educación religiosa. Por eso me ha encantado que Dawkins dedique una parte importante de su exposición a la expansión del virus de la fe entre los más pequeños, algo que en nuestro país cuenta con el visto bueno casi general. En España, los dirigentes políticos de todos los partidos que han gobernado en el todo y las partes han dejado, en los últimos treinta años, el sistema educativo en manos de la Iglesia católica. No han tenido el coraje de crear una auténtica escuela laica y romper con la herencia de la dictadura bajo palio. Al contrario, la oferta religiosa en la escuela pública del todo y las partes se va a ver completada poco a poco con la de otros credos con demanda social para, se dice, garantizar la libertad de culto.
Libertad religiosa y catequesis
Nuestros políticos confunden la libertad religiosa y de culto -consagrada, y nunca mejor dicho, en el artículo 16 de la Constitución española- con una presunta obligación del Estado de atender las necesidades formativas de los diferentes credos. Papá Estado ha convertido así las aulas de la escuela pública en sacristías a tiempo parcial y que a nadie se le ocurra cuestionarlo porque será automáticamente tildado de intolerante. Y el descaro de la jerarquía eclesiática española llega al extremo de pretender imponer qué se debe enseñar a los niños para educarlos como ciudadanos libres en una sociedad democrática y tolerante.
La cesión más reciente del Estado laico español hacia la religión ha consistido en meter el islam en clase, cuando no había que haber introducido el Corán en la escuela pública, sino sacado la Biblia de ella. Porque la enseñanza pública no ha de servir a ningún credo, como ocurre en España. El adoctrinamiento en la fe y los crucifijos no tenemos que pagarlos todos, ni tampoco ha de sustraerse dinero público del fondo común para financiar organizaciones de cualquier confesión, como pasa con la declaración de la renta. La religión -sea la católica, la musulmana o cualquier otra- debe financiarla quien la profesa y su enseñanza también. Es tan injusto que se utilice la educación pública para el adoctrinamiento religioso como que se emplee para el partidista. La escuela tiene que formar personas libres y tolerantes, no creyentes infectados por el virus de la fe. Si los padres quieren inyectar a sus hijos una creencia, que lo hagan con su dinero y con sus medios; pero que no nos obliguen a los demás a ser cómplices de ese adoctrinamiento en lo irracional.
Por todo esto, me parece necesario y muy sano que alguien diga las cosas como lo hace Richard Dawkins en estos documentales, olvidándose del aborrecible lenguaje políticamente correcto tan del gusto del progresismo de pacotilla. Es hora y media de televisión de la mejor dividida en dos piezas -empiecen por la de arriba-, así que, si quieren, siéntense cómodamente a disfrutar. Están en su casa.