Ig Nobel español con queso Cheddar

‘Influencia de la temperatura sobre la velocidad de los ultrasonidos en el queso Cheddar’ ha sido el estudio, publicado en el Journal of Food Science, con el que cuatro científicos españoles han ganado este año el premio Ig Nobel de Química. La noticia ha sido motivo de cachondeo para algunos que se han quedado con el título del artículo premiado sin ir más allá. «Visto desde fuera, sin más explicaciones, se trata de un estudio llamativo, cuando no ridículo», admite José Javier Benedito, de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y uno de los autores del trabajo. Desde esa perspectiva, también los choques de automóviles con maniquís a alta velocidad contra muros resultarían irrisorios. Pero es que, como en el caso de los coches el fin no es simplemente estampar turismos contra paredes, en el del queso no se trata de medir la velocidad de los ultrasonidos cuando lo atraviesan porque sí.
Los Ig Nobel reconocen cada año las investigaciones científicas más insólitas y ridículas. Ig Nobel se pronuncia en inglés como innoble, aunque la versión tradicional del origen del nombre de los galardones dice que se llaman así en honor a Ignatius Nobel, hermano ficticio de Alfred Nobel. Concedidos desde 1991 por la revista Annals of Improbable Research (AIR), se entregan en la Universidad de Harvad en una ceremonia humorística protagonizada por los galardonados y auténticos premios Nobel. Marc Abrahams, director de AIR, dijo el jueves que estos premios buscan «celebrar lo inusual, honrar lo imaginativo e impulsar el interés de la gente en la ciencia, la medicina y la tecnología», en una ceremonia en la que se proyectó el vídeo de aceptación de Benedito. Los Ig Nobel han reconocido en su ya larga vida trabajos ridículos, como los de Jacques Benveniste y sus descubrimientos homeopáticos sobre la memoria del agua, pero también investigaciones que, sencillamente, resultan demasiado extrañas para el jurado. Como el estudio sobre la ‘Influencia de la temperatura sobre la velocidad de los ultrasonidos en el queso Cheddar’, obra de Antonio Mulet, José Javier Benedito, José Bon -los tres de la UPV- y Carmen Rosselló, de la Universidad de las Islas Baleares.
Ivan Schwab, de la Universidad de California, recoge su galardón por un estudio sobre por qué no le duele la cabeza al pájaro carpintero. Foto: Reuters.«El trabajo premiado forma parte de otro más extenso donde estudiamos el uso de los ultrasonidos para estimar el grado de madurez y la textura de quesos como el Cheddar. Para ello, medimos la velocidad de los ultrasonidos en el interior de las piezas de queso», me ha explicado Benedito, miembro del grupo de Análisis y Simulación de Procesos Agroalimentarios (ASPA) de la UPV. El objetivo es determinar el grado de maduración de una pieza mediante procedimientos no destructivos. «En nuestros estudios, hemos observado como este parámetro ultrasónico está altamente afectado por la temperatura de medición y, en particular, en el trabajo premiado, abordábamos este asunto. Es evidente que fuera de contexto es llamativo; el simple hecho de aplicar ultrasonidos en queso, me imagino que ya lo es», reconoce el científico.
El equipo español se enteró del galardón por la Prensa y lo aceptó a través del vídeo que aquí presentamos. Están «muy contentos» de haber recibido un Ig Nobel. «Da difusión a nuestro trabajo. Es una forma de llegar a la gente, de que sepa qué es lo que hacemos», dice Benedito. En el día a día, el uso de los ultrasonidos permite ya a algunos fabricantes de queso sacar las piezas al mercado cuando su maduración es la que consideran óptima, con la seguridad de que toda la remesa se encuentra en el mismo punto de curado. Aunque a primera vista parezca ridículo, se trata, sin embargo, de un Ig Nobel muy útil y sabroso.