Turquía y Estados Unidos son los dos países más antievolucionistas de Occidente

Turquía y Estados Unidos son los dos países más antievolucionistas de Occidente, según un estudio comparativo que han publicado Jon D. Miller, de la Universidad del Estado de Michigan, y otros dos investigadores en el último número de la revista Science. El trabajo, que para el caso de España y de otros ocho países europeos se basa en una encuesta realizada en 2002 por la Fundación BBVA, revela que en los últimos veinte años el porcentaje de adultos que en EE UU acepta la teoría de la evolución ha descendido del 45% al 40% y el de quienes la rechazan ha pasado del 48% al 39%, mientras que los indecisos han crecido del 7% en 1985 al 21% de 2005.

Aceptación pública de la teoría de la evolución. Gráfico: Revista 'Science'.

El caso de Turquía, un país con un pujante creacionismo islámico y atrasado culturalmente respecto al resto de Occidente, no resulta sorprendente; pero sí el de EE UU, la primera potencia económica y científica mundial. Al otro lado del grupo de 34 países estudiados, destacan Islandia, Dinamarca, Suecia y Francia, donde el 80% de la población acepta la teoría formulada por Charles Darwin en 1859 y probada desde entonces en innumerables ocasiones en el laboratorio y el registro fósil. España es el noveno país donde el evolucionismo cuenta con mayor apoyo, con casi un 70% de la población que lo considera cierto.

La pregunta que, con ligeras variaciones, se hizo en todos los casos fue la misma: «¿Los seres humanos, como los conocemos, se han desarrollado a partir de otros animales anteriores?». Miller y sus colaboradores –Eugene C. Scott, del Centro Nacional para la Educación Científica, y Shinji Okamoto, de la universidad japonesa de Kobe- han comparado una serie de encuestas realizadas en EE UU desde 1985 con un sondeo nacional hecho en Japón en 2001, el estudio de la Fundación BBVA de 2002 y el Eurobarómetro de 2005. «Un tercio de los americanos adultos rechaza firmemente la evolución, y sólo un 14% cree que la evolución es definitivamente cierta«, escriben los autores, quienes destacan que «aceptan el concepto de evolución más adultos japoneses y de 32 países europeos que americanos».

El peso fundamentalista

Miller, Scott y Okimoto sostienen que hay tres factores que explicarían las diferencias entre ambos lados del Atlántico y Pacífico frente la teoría de la evolución. El primero es el religioso y se basa en el arraigo que tiene en EE UU el fundamentalismo protestante, una corriente integrista alejada del protestantismo general y del catolicismo. El fundamentalismo lee el Génesis y otros libros del Antiguo Testamento como si fueran textos históricos que describen tal como ocurrieron la creación del mundo y del hombre, entre otras cosas. A diferencia de esto, la mayoría de los protestantes y católicos europeos no considera la historia de Adán y Eva, por ejemplo, un hecho real y no tiene problemas para congeniar sus creencias religiosas con el hecho evolutivo.

Los autores señalan que, además, en el caso estadounidense la teoría de la evolución se ha incorporado al debate partidista, algo que no ha ocurrido en Europa ni Japón. George Bush hijo y Ronald Reagan, ambos republicanos, han sido dos de los últimos presidentes del país que han mostrado abiertamente su apoyo a las ideas creacionistas, cuya última versión es el llamado diseño inteligente, que parte del supuesto de que la gran diversidad biológica no puede ser fruto del azar, sino que tiene que haber un diseñador.

El tercer factor que, dicen, coadyuva al antievolucionismo en EEUU es el analfabetismo científico, en especial en lo que a la genética se refiere. Los sondeos demuestran que los adultos que entienden las bases de la genética moderna suelen aceptar teoría de la evolución. La realidad es, sin embargo, que sólo un tercio de los estadounidenses admite, por ejemplo, que los humanos compartimos la mitad de nuestros genes con los ratones.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.