Conspiración incendiaria en Galicia

Dos vecinos se enfrentan a las llamas cerca de Orense. Foto: Efe.

Galicia se quema. Ya sé que no es noticia, que todos lo hemos visto por la televisión. Pero es que el daño no se limita al causado por las llamas. Resulta que algunos intelectuales han decidido que no les basta con ver esa tierra verde ennegrecerse por la acción de los pirómanos y se han puesto a encender sus propias hogueras políticas, sacándose de la manga una conspiración. ¿Los malos? Los del Partido Popular. Las llamas que arrasan la región serían fruto de «la acción de fuerzas organizadas que están lanzando un pulso a la nueva Administración gallega», ha declarado a La Vanguardia el escritor Suso de Toro, para quien los trágicos hechos responden a la «estrategia desligitimadora del PP, que, con Rajoy de vacaciones aquí, ha traído a Galicia su peor cara de Madrid». Otro novelista, Manuel Rivas, sostiene que en el origen de los incendios gallegos «hay gente que ha vivido con rencor el cambio» político registrado en esa región tras la salida del poder del PP y la llegada al Gobierno del Partido de los Socialistas de Galicia y el Bloque Nacionalista Gallego.
¿Qué pruebas tienen estos dos literatos de lo que afirman? Ninguna. Si no, las hubieran presentado. Así que cabe pensar que, más que reflexiones fundadas, lo suyo son elucubraciones similares a las de quienes dicen que no hubo un avión que chocara contra el Pentágono el 11 de septiembre de 2001 o que John F. Kennedy fue víctima de una conspiración con alienígenas de por medio. De Toro y Rivas, tan positivamente activos durante la crisis del Prestige, han perdido los papeles y se han puesto las anteojeras políticas a la hora de hablar de los incendios de Galicia. Hace casi cuatro años, no tuvieron reparos en exigir responsabilidades políticas al Gobierno que había querido mandar un petrolero accidentado al quinto pino, según la infeliz orden de Francisco Álvarez Cascos, entonces ministro de Fomento, y a un Ejecutivo regional gobernado por el mismo partido que mandaba en La Moncloa. Ahora, con la entonces oposición en el poder en Madrid y en Santiago de Compostela, De Toro y Rivas no piden, sin embargo, ninguna responsabilidad a los respectivos Gobiernos. ¿Por qué? Sólo ellos lo saben, pero mucho me temo que la razón es muy simple: partidismo.
Entiéndanme, los primeros culpables de los incendios que asuelan Galicia son quienes los han provocado, accidental o intencionadamente. Lo mismo que el primer culpable en el desastre del Prestige fue el armador del barco. Pero, si hace cuatro años se pidieron legítimamente responsabilidades a los cargos públicos del PP por su pésima gestión de la crisis; ahora, hay también que preguntarse si los Gobiernos central y autonómico han hecho todo lo que estaba en su mano para impedir que, como todos los años, Galicia ardiera este verano y si, una vez que los fuegos se multiplicaron, tomaron medidas con la suficiente celeridad. Yo no lo sé, pero creo que, además de meter entre rejas a los pirómanos, los ciudadanos debemos exigir a nuestros empleados gobernantes que cumplan con su deber y controlar que lo hagan bien, porque para eso les pagamos. Y me da igual el color del cargo público a la hora de exigir responsabilidades. Más vale eso que ponerse conspiranoico, aunque no sea tan rentable ni económica ni publicitariamente. Además, ya estoy harto de ese intento de algunos por resucitar a toda costa las dos Españas irreconciliables de la Guerra Civil.