¿Apoya la ministra de Sanidad la homeopatía?

Valentín Romero, presidente de la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH), me contó en septiembre del año pasado una historia alucinante, la de Masaru Emoto. Este japonés, doctorado en Relaciones Internacionales y Medicina Alternativa, es el autor de un libro titulado El mensaje del agua, lleno de fotos de cristales de hielo tomadas en diferentes partes del mundo y circunstancias. Romero me dijo por teléfono, emocionado, que Emoto había demostrado que el agua tiene memoria. El ejemplo que me puso fue sobrecogedor. Jamás pensé que alguien pudiera ser tan crédulo. Me contó que, en las fotos del libro, es fácil ver cómo el agua helada a la puerta de una floristería en una ciudad normal y corriente cristaliza de una forma bella, mientras que, si la imagen procede de Hiroshima, las formas son tortuosas, retorcidas, porque el agua recuerda la tragedia que tuvo lugar allí en 1945.

Massaru Emoto y Valentín Romero volvieron a aparecer en mi vida la semana pasada. El primero porque se estrenó en Bilbao la película La memoria del agua, según me alertó José María Bilbao, miembro de la Agrupación Astronómica Vizcaína. El segundo, en un teletipo de la agencia Efe en el que sostenía que hay un remedio homeópatico contra la gripe aviar, que “la sustancia se denomina Anas barbarie y figura en el protocolo de tratamiento elaborado por el sector médico homeopático en caso de una pandemia”, mientras que “la medicina convencional no tiene ningún remedio para enfrentarse a ella”. Romero no presentó ninguna prueba, ningún estudio clínico que respalde tan sensacional afirmación. Y me temó que nunca lo hará. Primero, porque la homeopatía no funciona, porque los productos homeopáticos no tienen más valor terapéutico que el placebo, según la revista The Lancet, y, segundo, porque no se trataba más que de una maniobra publicitaria para conseguir un hueco en los medios de comunicación. ¿De qué? Del II Congreso Nacional de Homeopatía, que se celebra desde el viernes en Puerto La Cruz (Tenerife).

La prestigiosa revista médica británica publicó el 27 de agosto un análisis que concluye la efectividad de esta práctica se basa únicamente en el efecto placebo, y sentenció que ha llegado el momento de dejar de perder tiempo y dinero en más trabajos para validar la homeopatía científicamente: “Ahora, los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del pacientes de atención personalizada”. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha aceptado, sin embargo, figurar en el comité de honor del encuentro homeopático tinerfeño, lo que da un cierto halo de credibilidad a esta pseudomedicina.

Sería de agradecer que Elena Salgado presentara a los contribuyentes las pruebas en las que se basa para avalar con su presencia este congreso y la homeopatía. Porque no se trata de un encuentro científico, sino de un encuentro de personas que creen que el agua tiene memoria, que puede recordar las sustancias que se han disuelto en ella aún cuando no quede ni una molécula de las mismas. Como me decía hace unos meses el biólogo marino Vicente Prieto, “con la homeopatía, estamos hablando más de magia que de ciencia”. Me recordaba este compañero del Círculo Escéptico (CE) que el agua tiene un ciclo en el que pasa por la atmósfera, se filtra por las rocas, entra en contacto con miles de sustancias… Los homeópatas sostienen que la memoria del agua se activa cuando la agitan después de cada una de las sucesivas diluciones del supuesto principio activo que ellos emplean en cada caso, y él se pregunta: “¿Es que sólo recuerda los buenos elementos que hemos echado en ella en un momento determinado? Pensar que el agua tiene memoria y que, además, puede seleccionar aquello que más le conviene al enfermo resulta alucinante. Es concederle al agua memoria, bondad, conocimientos médicos e inteligencia. Si al agitar un vaso se activasen los compuestos con los que ese agua ha tenido contacto -incluidos venenos y productos radiactivos-, caeríamos fulminados tras beberlo”, advertía Prieto en El Correo y otros diarios de Vocento.

La duda que me queda es si la ministra de Sanidad cree de verdad en la homeopatía o si la han metido un gol y aceptó figurar en el comité de honor del congreso de Tenerife sin saber de lo que se trataba. En cualquiera de los casos, resultaría preocupante. En el primero, demostraría que Elena Salgado no sabe de ciencia; en el segundo, que cualquier listillo puede engañar a la máxima autoridad sanitaria española. Porque la homeopatía tiene de ciencia lo mismo que la ufología y el espiritismo: nada.