Dan Brown es culpable, aunque no de plagio

El Tribunal Superior de Londres ha rechazado la demanda de Michael Baigent y Richard Leigh, que acusaban a Dan Brown de haber plagiado en El código Da Vinci su obra El enigma sagrado (Holy blood, holy grail). Según el juez Peter Smith, Brown es inocente de plagio y, por tanto, la película basada en su novela podrá estrenarse en el Reino Unido el 19 de mayo, al mismo tiempo que en el resto del mundo. El autor estadounidense ha reconocido en el juicio que se inspiró en la obra pseudohistórica de Baigent y Leigh a la hora de escribir su novela. Muchos escritores tienen la costumbre de detallar en el epílogo de sus novelas de qué fuentes han bebido, sean estas las que sean. ¿Por qué Brown no lo hizo? Es una pregunta para la que no hay respuesta. De lo que no cabe duda es de que el multimillonario Brown es culpable de vender como hechos históricos cosas que no lo sony, además, de escribir mal.

El código Da Vinci es, ante todo, un libro mal escrito, previsible, con diálogos prescindibles, personajes planos y lleno de lugares comunes. Vale, se lo han comprado 40 millones de personas y eso es una barbaridad, se mire cómo se mire. El recientemente fallecido Stanislaw Lem, por ejemplo, ha vendido 27 millones de libros desde 1946, y su obra es divertidísima, inteligente y de calidad literaria; lo contrario que la de Brown. Los defensores de El código Da Vinci esgrimen los millones de libros vendidos como prueba de la calidad de la novela. Se confunden. La cantidad de adeptos de algo -sea la revista ¡Hola!, Salsa rosa o la serie cinematográfica de Torrente– no es una vara que sirva para medir calidad ni buen gusto. Recuerden el famoso dicho: «¡Cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas, coma mierda!».

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.