Yo estoy de acuerdo con el doctor House, ¿y usted?

Gregory House no sólo tiene buen ojo clínico, sino que además dice las cosas a las claras. Las suelta sin anestesia en un mundo que embobece por momentos, según se imponen lo políticamente correcto y la estúpida idea de que todas las opiniones son respetables. El doctor de la Fox no tiene pelos en la lengua y, gracias a eso, suele dejar en el aire juicios memorables, verdades como puños que poca gente se atreve a decir por el qué dirán y que a él le dejan decirlas porque es un personaje de ficción.

Un buen ejemplo, ligado con los temas que tocamos en Magonia, lo ha dado recientemente en el episodio titulado “El amor hace daño”, en el que un joven ingresa en el hospital universitario Princeton-Plainsboro después de haber pasado por un acupuntor que le mandó a un armonizador del chi, que le envió a un homeópata, que le derivó a un quiropráctico, que le mandó a un naturópata, que le volvió a enviar al acupuntor original. Cuando el doctor House se entera del periplo de su paciente, que ha pasado medio año de médico alternativo en médico alternativo, pone el grito en el cielo. “Está claro que los seis meses que perdió con esos charlatanes podría haberlos aprovechado mejor yendo a alguien que buscase cosas que existen en el mundo”, concluye antes de ironizar sobre su cerrazón mental y dar una lección práctica sobre el hecho de que hay que basarse en las pruebas. Yo estoy de acuerdo con el doctor House, ¿y usted?