Iker Jiménez y la leyenda de Ochate: ficción, realidad y los milagros del montaje

¿Es Ochate un pueblo maldito? Si usted vio el domingo la primera entrega de Cuarto milenio, es posible que así lo crea, que piense que la aldea abandonada del condado de Treviño es “un gran enigma”, como dijo Iker Jiménez. Veintisiete minutos de emisión televisiva alimentaron esa interpretación, sin que se escuchara una voz crítica. Hasta salió el epidemiólogo Fernando Nájera hablando de la mortalidad achacable a las diferentes enfermedades que habrían asolado Ochate en el siglo XIX. ¿Pero ocurrieron las cosas como nos las contaron en Cuatro o estamos ante un ejemplo del periodismo de investigación que practica Jiménez?

Reportaje de Prudencio Muguruza en 'Mundo Desconocido' con el que empezó la leyenda de Ochate.Empecemos por la leyenda negra de Ochate, cuyo canon escribió el ex empleado de banca vitoriano Prudencio Muguruza en abril de 1982 en la revista Mundo Desconocido. Muguruza había visto y fotografiado un ovni en las proximidades de la aldea el 24 de julio de 1981. Aquella brillante nube -que es lo que en realidad era- llegó a la portada de Mundo Desconocido en enero de 1982, gracias a Juan José Benítez. Muguruza vendió el negativo por medio millón de pesetas a un empresario que quería hacer pósteres, abandonó la caja de ahorros en la que trabajaba y abrió una librería dedicada a lo paranormal. Con el paso del tiempo, cerró el negocio y se transmutó en parapsicólogo. Ya en caída libre, ahora se gana la vida echando las cartas y es posible verle en la labor en canales locales de televisión. Lo que contó hace veintitrés años por primera vez es que Ochate es una aldea maldita que en 1860 sufrió el azote de la viruela; en 1864, el del tifus; y el cólera mató en 1870 a todos sus habitantes menos a tres, que huyeron del pueblo. “Pero lo extraño de estos hechos es que, salvo en estos puntos, en ningún pueblo ocurrió nada parecido a pesar de encontrarse relativamente cerca. Desde entonces, quedó deshabitado y se empezó a tejer su leyenda de aldea maldita”, dice Muguruza en un artículo según el cual “ruidos, luces y apariciones alimentan la leyenda maldita de Ochate”.

El enigmático Ochate, un pueblo de los malditos cuyos límites no traspasaban los microorganismos patógenos que mataban a sus vecinos, fue revitalizado por Jiménez en su libro Enigmas sin resolver (1999). Tras “investigar a fondo en las entrañas de la misteriosa alquería”, el periodista dio por buena la historia de Muguruza, como hizo en Cuarto milenio. Acompañado en el plató por el ex empleado de banca, Jiménez llevó el domingo a sus espectadores hasta Ochate, un lugar en el que recordó que se habían grabado dos psicofonías. En los supuestos mensajes desde el Más Allá, dos mujeres dicen: “¡Pandora!” y “¿Qué hace la puerta cerrada?”. Aderécese todo esto con la consiguiente música, el tono pausado y creíble de voz de Muguruza -además del recuerdo constante de “el gran enigma que se ubica en el pueblo maldito, Ochate”-, y el misterio prefabricado está servido.

Hubo una intervención en el programa de Cuatro que me chocó: la de Enrique Echazarra, un estudioso de lo paranormal vitoriano. No me extrañó que alguien pareciera apoyar las tesis de Muguruza y de Jiménez, sino que fuera precisamente esta persona, la misma que en septiembre de 2002, en un reportaje publicado por Francisco Góngora en El Correo, calificó la leyenda de Ochate de “montaje”. Ante la sorpresa, me puse en contacto con mi compañero, quien me facilitó el teléfono de Echazarra. Le llamé inmediatamente.

Enrique Echezarra, en el reportaje de 'Cuarto milenio'.“Me han metido muchos tajos en el montaje. La imagen que dieron de Ochate en el programa de Iker Jiménez es la de hace veinte años, de la época de Muguruza”, me explicó Echazarra cuando le transmití mi sospecha de que el equipo de Cuarto milenio había manipulado sus declaraciones para que diera la impresión de que apoyaba la veracidad histórica de la leyenda. “No me ha sorprendido, por que sé de que van; aunque me dio un poco de rabia”. Echazarra no se jacta de practicar ningún tipo de periodismo de investigación, pero ha dedicado años al misterio de Ochate. “La leyenda no tiene ni pies ni cabeza. Las supuestas epidemias no constan en ningún archivo ni en Burgos ni en Vitoria. La única enfermedad que se cebó con los habitantes de Ochate fue la gripe española, según nos han contado antiguos vecinos”. Como la pandemia tuvo lugar en 1918, hay una cosa ya clara: en contra de lo que mantienen Muguruza y Jiménez, el pueblo no quedó vacío en 1870. “En las décadas de 1860 y 1870, en Ochate hay vida. Lo demuestran los registros de matrimonios, bautizos, defunciones… Si hubiera habido epidemias como las que dice Muguruza, existirían documentos; no habrían pasado desapercibidas”. “Ochate estaba habitado a principios del siglo XX”, coincide Julio Corral, impulsor de un foro de Internet de Amigos de Ochate y que también salió en Cuarto milenio con sus testimonios montados ad hoc. La aldea sólo resultó abandonada después de la gripe española.

La razón por la que Jiménez y Muguruza no pueden enseñar ninguna prueba documental de la realidad de las epidemias no es un misterioso incendio de un archivo ni nada parecido. Es mucho más sencilla. “¡Todo es un invento de Muguruza!”, sentencia Echazarra. “¡Ha habido una manipulación total y absoluta por parte de Pruden!”, confirma Corral. Y esto no es un secreto, indican ambos, sino que lo sabe todo el mundo que se ha acercado al misterio de Ochate. ¿Todo el mundo, menos el autoproclamado periodista de investigación de Cuatro? Resulta difícil de creer, aunque cosas más raras se han visto y se escucharon en el estreno del magacín paranormal. Por ejemplo, cuando tanto Muguruza como Jiménez destacaron que la NASA había analizado la “fotografía del famoso ovni de Treviño”. Impresionante, ¿verdad? Pues, no.

Prudencio Muguruza en el programa de Iker Jiménez y echando las cartas en un espacio de una televisión local, lo que hace habitualmente.El personaje que, según nuestros protagonistas, examinó la foto del ovni y confirmó su autenticidad fue el coronel Colman S. von Kevinczky (1908-1998), un militar húngaro que emigró a Estados Unidos en 1952. En su nuevo hogar, Von Kevinczky se interesó por la ufología. Se obsesionó con la idea de que las potencias terrestres debían unirse para hacer frente a la amenaza de una inminente invasión alienígena y fundó la Red Internacional de Análisis y Búsqueda de Naves Galácticas Ovni (ICUFON). Sus excentricidades hicieron que no se le tomara en serio ni dentro de la comunidad ufológica y su vinculación con la NASA es equiparable a la de Prudencio Muguruza. Entonces, ¿por qué Jiménez les vende lo contrario a sus espectadores?

Ni la agencia espacial estadounidense estudió la foto del ovni de Aguillo ni Ochate oculta misterios paranormales. Es posible que la gente crea ver y oír cosas raras en el pueblo; pero quién no lo haría con la leyenda que rodea a las ruinas. “Hay gente que oye en el torreón una respiración. Se trata de una lechuza. Yo sé que es una lechuza”, dice Corral. Y el misterioso rostro que se intuye en una pared tiene tanto de enigmático como las caras en las nubes o en los emparedados. Es una simple trastada de nuestro cerebro, conocida como pareidolia. Otra cosa es que haya quien se aproveche de la credulidad y explote una leyenda inexistente para hacer negocio, como ocurrió el domingo en Cuatro, donde a las tergiversaciones sobre Ochate se sumaron las destinadas a hacer creer al espectador de que los alunizajes fueron un montaje y la idea de que la Mesa del rey Salomón está escondida en Toledo.

Iker Jiménez ha dicho que quienes hacen Cuarto milenio son “un equipo de periodistas que ni cree ni deja de creer”. No está mal como tarjeta de visita, pero es sólo un disfraz, como hemos demostrado en el caso de Ochate y cualquiera puede comprobar en el de los alunizajes. Piensen que, si les han engañado en una ocasión sobre un tema que no conocen, pueden estar haciéndolo siempre.