Los adivinos tampoco vieron el 7-J

No vieron el 11-S, no vieron el 11-M y no vieron el 7-J. Los adivinos no dan una. Cuando realmente importa, cuando se trata de salvar vidas humanas y no de decir ‘mameluconadas’ sobre el famoso de turno, los brujos demuestran lo que son: unos sinvergüenzas que venden a la gente gato por liebre, obviedades por augurios.

Ningún vidente, astrólogo, tarotista, lector de los posos del café o de la bola de cristal previó los atentados de Londres de hace unos días. No lo habían hecho antes con los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York y a los trenes de cercanías de Madrid; ni con el tsunami del Índico, que en diciembre mató a más de 170.000 personas. Los engañabobos patrios ni siquiera fueron capaces de vislumbrar la derrota electoral del Partido Popular tres días después de los atentados de Madrid, algo que entraba dentro de lo posible. Ésa es la realidad. Lo demás son cuentos.
Da igual lo que ahora digan o dejen de decir los oráculos de pacotilla. Algunos afirmarán que ya habían anunciado que iba a haber una masacre terrorista en la capital del Reino Unido el día en que sucedió. No les crean: no tienen ninguna prueba que apoye esa afirmación extraordinaria, como siempre que a toro pasado dicen haber adivinado algo inesperado. Nunca las tienen porque todos ellos viven de la mentira, del engaño y de la necesidad de mucha gente de creer que el destino está escrito en alguna parte -en las estrellas, en las rayas de la mano…-, para así eludir la reponsabilidad que cada uno tenemos en nuestro porvenir.
El de los brujos es un negocio que mueve millones de euros y linda con la ilegalidad. Sin embargo, los políticos -da igual la tendencia- no le plantan cara y los medios de comunicación -sean públicos o privados- hacen alegremente de altavoz publicitario de estos timadores de túnica, baraja y carta astral. Nuestros gobernantes llegan al extremo de violar la legalidad, al permitir con su inacción la vulneración de una norma europea: la directiva sobre la televisión sin fronteras (Directiva 89/552/CEE) considera «ilícitas la publicidad y la televenta que inciten a la violencia o a comportamientos antisociales, que apelen al miedo o a la superstición». La superstición es lo que alimentan muchos canales de televisión con sus tarotistas de tres al cuarto. ¿Saben de alguna vez que el Gobierno -el anterior del PP o el actual del PSOE- haya hecho algo en este terreno? ¿Saben de algún Ejecutivo autonómico que haya tomado cartas en el asunto? Yo no.