Darwin, en el banquillo

Charles Darwin se sentará hoy en Kansas en el banquillo, en una reedición del famoso juicio del mono. En 1925, un profesor, John Scopes, fue juzgado y condenado a una multa de 100 dólares en Tennesse por enseñar la teoría de la evolución. Hollywood contó la historia en La herencia del viento, (1960), película en la que Spencer Tracy interpreta al abogado defensor de Scopes, Gene Kelly da vida al gran periodista americano Henry Louis Mencken y los creacionistas de entonces -que mantenían que Dios creó al hombre tal cual es- salen bastante malparados. Ochenta años después, los fundamentalistas quieren imponer en Kansas sus creencias religiosas como parte de la educación científica.
Un subcomité del Consejo de Educación de Kansas, un organismo formado por ciudadanos, examinará hasta el sábado de la próxima semana las pruebas a favor y en contra de Darwin, para decidir cómo tiene que enseñarse la evolución en las escuelas y si debe presentarse a los alumnos como alternativa la idea de que Dios -y no el azar- dirigió todo el proceso y así se explica la complejidad del mundo. En las audiencias, presididas por un tribunal compuesto por tres antievolucionistas, testificarán partidarios del creacionismo, pero no biólogos: las universidades y las sociedades científicas del país se han negado a enviar representantes que legitimen un debate que consideran fuera de lugar.
Mito y ciencia
«Presentar el diseño inteligente como una teoría pareja a la evolución degrada la evolución de ciencia a mito o eleva el diseño inteligente de mito a ciencia», sentenciaba un editorial de The Daytona Beah News-Journal, diario de Florida, en marzo de 2002 cuando arreciaba un temporal creacionista. Es la tesis que ha llevado al abogado Pedro Luis Irigonegaray, un luchador por los derechos civiles, a defender la causa de Darwin sin testigos a su favor. «La ciencia no está basada en opiniones, y mucho menos en la fe. Que yo llevara a científicos a testificar sería algo absurdo. Sería dar un trato de igual a igual al diseño inteligente y a la teoría de la evolución», explica desde Topeka el letrado.
El conflicto tiene su origen en el Consejo de Educación de Kansas, un organismo formado por diez ciudadanos que establece cuáles son los conocimientos básicos a los que deben acceder los escolares. El Consejo se renueva cada cuatro años en unas elecciones que coinciden con las presidenciales y en 1999, dominado por los fundamentalistas, sacó a Darwin de la escuela. «Fue un terrible desastre», lamenta Irigonegaray. Un año después, en los comicios que llevaron a George W. Bush a la Casa Blanca, los representantes republicanos en el organismo dieron marcha atrás en la decisión que habían tomado sus colegas y la evolución volvió a clase. La situación ahora es diferente.
«En 2004, fueron elegidos para el Consejo de Educación de Kansas individuos cuyo objetivo final es convertir Estados Unidos en un país confesional, basado en el fundamentalismo cristiano. La estrategia incluye abrir la puerta de la escuela al diseño inteligente«, explica el abogado. Lo primero que hizo el renovado organismo fue pedir un informe a un comité de científicos y educadores. El texto final no proponía cambios en la enseñanza de la evolución, pero una minoría de los expertos, que había visto rechazadas sus pretensiones, quería que se diera luz verde a la enseñanza del diseño inteligente, una interpretación religiosa de la evolución.
Esa minoría de científicos animó a los miembros fundamentalistas del Consejo a buscar un último recurso para intentar cambiar las normas curriculares. En febrero, el organismo tomó «la inconcebible decisión de dar una nueva oportunidad a esta minoría» y convocar audiencias públicas para que un subcomité escuchara a evolucionistas y antievolucionistas. Irigonegaray, que ha renunciado a sus honorarios «porque sería un derroche de dinero para el Estado», representa desde hoy en las vistas «a científicos del mundo entero. Tengo miles de firmas de apoyo. La comunidad científica se ha unido como una piña. Pero yo no voy a presentar ningún testigo porque sería equiparar una creencia a una verdad científica».
Las seis universidades de Kansas y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) son algunas de las instituciones científicas que se han negado a participar en un espectáculo que puede acabar con el diseño inteligente en la escuela. Irigonegaray argumentará que sería inconsitucional, porque violaría la separación entre religión y Estado, uno de los pilares de la sociedad estadounidense. «Si este grupo tuviera estudios científicos y pruebas de lo que dice los presentarían en las revistas e instituciones científicas y no en el Consejo de Educación de Kansas», concluye el abogado.

‘Nature’, contra el ‘diseño inteligente’

Los científicos tienden a desconectar cuando oyen las palabras diseño inteligente«. Así empieza el editorial principal del número de Nature de la semana pasada. Los autores del texto alertan del peligroso avance en Estados Unidos y Europa de un concepto que «se esfuerza en mostrar la mano de Dios dirigiendo el curso de la evolución». Y animan a los biólogos a enfrentarse a una ola oscurantista que «amenaza al núcleo de la razón científica».
El diseño inteligente está ganando popularidad en las universidades estadounidenses como vía de reconciliación entre la ciencia y la fe. Para sus partidarios -fundamentalistas cristianos, mayoritariamente-, la vida es demasiado compleja como para haber sido fruto del azar, por lo que una inteligencia ha tenido que guiar la evolución.
¡PELIGRO, EVOLUCIÓN! La paródica portada del número de la revista 'Nature' del 28 de abril.Los responsables de Nature recuerdan, sin embargo, que «los científicos saben que la selección natural puede explicar la impresionante complejidad de los organismos». Por eso, abogan por que los biólogos enseñen en sus clases los mecanismos de la evolución y por que los científicos dejen claro que una cosa es la ciencia y otra la religión. Los estudiantes creyentes verían así que su fe no choca con la ciencia, y no tendrían que recurrir a una idea que, como la alquimia, mezcla lo sobrenatural con la ciencia.
«El ridículo en que se ha caído en EE UU se plasma en la portada de Nature, donde puede leerse a modo de nota pegada: «Esta revista contiene material sobre la evolución. La evolución por selección natural es una teoría, no un hecho. Este material debe ser leído con una mente abierta, estudiado cuidadosamente y considerado críticamente. Aprobado por el Consejo de Gobierno de las Universidades, 2006». Advertencias como ésta aparecen en las portadas de los libros de Biología en EE UU, allí donde los fundamentalistas han impuesto sus creencias en los consejos escolares.

«Los fundamentalistas ven la ciencia como una amenaza», dice el abogado de la evolución

Pedro Luis Irigonegaray nació en La Habana hace casi 57 años. Abandonó Cuba con 12 de la mano de su madre, y la familia acabó instalándose en Topeka (Kansas). Con el paso de los años, sus padres y hermanos se trasladaron a Florida, pero él se quedó en un Estado que ama y en el que se ha convertido en un abanderado de los derechos civiles, luchando por la igualdad de los hispanos y de los homosexuales. Desde hoy, representará a los científicos de todo el mundo ante el Consejo de Educación de Kansas.
-¿Cómo ha llegado usted a ser el abogado defensor de la evolución?
-En 1999, Jerry Farley, presidente de la Universidad de Washburn, y yo organizamos una mesa redonda sobre la polémica de la evolución en las escuelas, que fue transmitida por Internet y tuvo mucho eco. Entonces, me involucré en esta empresa por la importancia de la educación científica para el futuro de nuestros niños. Hace unos meses, hubo unas audiencias públicas para que la gente diera su opinión sobre lo que estaba pasando. Yo participé y dije que los cambios que estaban siendo considerados, primero, violaban la Constitución y, segundo, eran un abuso intelectual de nuestros hijos. Cuando se decidió celebrar estas audiencias de ahora, el Departamento de Educación de Kansas, sabiendo que tengo cierto conocimiento de ciencia, me llamó para ver si estaba interesado en representar a la mayoría.
-¿A qué se refiere como «cierto conocimiento científico»?
-Yo leo mucha ciencia. A mí me interesa la ciencia no sólo por razones profesionales, sino también por conocer lo que es el mundo y el universo en el cual vivimos. Leer ciencia es para mí un entretenimiento.
-Los fundamentalistas cristianos no tienen esa visión de la ciencia.
-Creo que ellos ven la ciencia con miedo, como una amenaza, porque quiza la ciencia les haga pensar. Y ese miedo les lleva a reaccionar de la manera en que lo están haciendo.
-¿Tienen miedo a la ciencia porque sus respuestas les obligarían a replantearse algunas cosas?
-Sí. Pero ese miedo no tiene razón de ser. Conozco muchos científicos que tienen su fe y al mismo tiempo entienden la ciencia como algo diferente, algo que no choca con sus creencias.
-Usted es consciente de que polémicas como ésta hacen que se vea a Kansas como un Estado atrasado y fundamentalista.
-Sí, y me da una pena inmensa. Éste es un gran Estado. Antes de que se formara Estados Unidos, Kansas fue el primer territorio que dijo no a la esclavitud. También fue el escenario del caso de Brown contra el Consejo de Educación, que hizo que la Corte Suprema decidiera que la separación de los blancos y a los negros en las escuelas era ilegal, y el sistema educativo cambio.
-Sin embargo, la imagen de Kansas en Europa es mala.
-Me encantaría que los europeos tuvieran otra opinión de un Estado avanzado y con magníficas universidades; pero mal representado por unas pocas personas.
Publicado originalmente en el diario El Correo.