Ha muerto el parapsicólogo Robert L. Morris

Conocí a Robert L. Morris en La Coruña en 1997. Compartimos mesa y mantel, conversaciones y debates. Menos de lo que me hubiera gustado porque nos encontramos en el marco del Séptimo Congreso Escéptico Europeo, organizado por Alternativa Racional a las Pseudociencias (ARP), y yo me encargaba de llevar todo lo relacionado con la prensa, lo que me impidió asistir a muchas conferencias e interesantes discusiones. Era un hombre afable, con una visión de lo paranormal alejada de los prodigios circenses que le hacía sentirse muy próximo y a gusto con los escépticos. Esperaba volver a encontrarme con él en Abano Terme (Italia), en el Quinto Congreso Escéptico Mundial, donde el 8 de octubre iba a hablar de “La parapsicología, el escepticismo y el futuro: interacciones productivas e improductivas”. No podrá ser. Murió el 12 de agosto, parece ser que de un ataque al corazón, a los 62 años. Me acabo de enterar gracias a Alejandro Agostinelli, director de Dios!. Además de como persona, lamento su pérdida como lúcido analista de la investigación parapsicológica. Morris era desde 1985 titular de la cátedra Arthur Koestler de Parapsicología de la Universidad de Edimburgo. “Nunca trabajamos con quien usa sus capacidades para ganar dinero porque, de principio, resulta sospechoso”, explicaba en La Coruña hace siete años un psicólogo que no dudaba en desmontar públicamente fraudes como el de Amityville y que siempre vi sonriente. Sus campos de interes eran el comportamiento social animal, la psicología del engaño y de las experiencias anómalas, la formación y el mantenimiento de creencias, y la parapsicología en general, entre otros.