Especulaciones sobre un cambio climático brusco: un futuro impensable vendido como probable

Los escritores de ciencia ficción no son los únicos capaces de imaginar un futuro de pesadilla y que resulte creíble. Los estrategas del Pentágono conocen desde octubre un estudio en el que se alerta del riesgo de un siglo XXI catastrófico, marcado por sequías, inundaciones, hambre, migraciones masivas y guerras. Es el peor escenario que, por causas naturales, conciben los expertos Peter Schwartz y Doug Randall, quienes se han preguntado qué ocurriría si de repente sufriéramos un brusco cambio climático de alcance planetario, en vez de los graduales y regionales que se suelen barajar.”El propósito de este informe -advierten en la introducción- es imaginar lo impensable, llevar al límite los conocimientos actuales sobre el cambio climático para entender mejor sus posibles implicaciones en la seguridad nacional de Estados Unidos”. Para ello, se ponen en lo peor, una alteración del clima brusca y global. Aunque el riesgo es “muy pequeño”, que suceda algo así resulta “plausible, según recientes estudios científicos”, y, dadas las “terribles consecuencias” que tendría, debería pasar de ser “objeto de debate científico a asunto de seguridad nacional”.El porvenir inmediato que los autores pintan es digno de una superproducción de Hollywood. La diferencia estriba en que en el cine todo empieza a solucionarse pasadas dos horas y en la realidad no. Un escenario de cambio climático brusco y sus implicaciones para la seguridad nacional de Estados Unidos, trabajo por el que el Departamento de Defensa ha pagado 100.000 dólares, se basa en estudios recientes y ha contado, según Schwartz, con el asesoramiento de “nueve importantes climatólogos”. “En vez de predecir cómo ocurrirá el cambio climático, nuestra intención es dramatizar el impacto que podría tener en la sociedad si no estamos preparados”.

Escenario catastrófico

El aumento de temperaturas de los últimos años del siglo XX se aceleraría en algunas regiones hasta llegar a 1º C en los primeros diez años de este siglo. “América del Norte, Europa y parte de América del Sur experimentarían un 30% más de días con picos superiores a los 32 º C y bastantes menos días bajo cero”. Habría más inundaciones en las regiones montañosas, sequías, hambrunas, desaparecerían bajo el mar islas como las Tuvalu, estallarían conflictos internacionales por el agua… Violentas tormentas romperían hacia 2007 los diques holandeses y La Haya sería “inhabitable”. Ese año, los glaciares del Himalaya se fundirían y habría que encontrar un nuevo lugar para los tibetanos.

Entre 2010 y 2020, los cambios en la circulación oceánica se plasmarían en un descenso de la temperatura media de 2,7º C en Asia y América del Norte, y 3,3º C en el Norte de Europa, y un ascenso de 2,2º C en “regiones clave” de Australia, América del Sur y África meridional. Se secarían lagos, disminuiría el caudal de los ríos, habría escasez de agua potable y megasequías en China y el Norte de Europa, al mismo tiempo que lluvias torrenciales e inundaciones en regiones tradicionalmente secas.

El clima en el noroeste europeo sería “más frío, seco y ventoso”, de un estilo cuasi siberiano, y los escandinavos emigrarian hacia el sur del continente, destino también de los africanos. Bangladesh quedaría bajo las aguas; Estados Unidos sufriría un proceso de desertización; en China, Europa del Este y África oriental se pasaría hambre, y Australia se convertiría en el granero del mundo. El agua potable sería objeto de disputa en un planeta con potencias nucleares como Pakistán, India y China con muy graves problemas. El único consuelo es que nada de esto ha pasado y que, por ahora, estamos hablando sólo de un pesimista ejercicio de prospectiva. El riesgo está ahí. “No hemos descrito un escenario imposible”, sentencia Schwartz.

El estudio no pretende ser realista. En sus páginas se advierte cada dos por tres de que se trata de un ponerse en lo peor y lo que supondría para la seguridad nacional de Estados Unidos. Sin embargo, un suplemento dominical español da hoy ese escenario por cierto en un amplio reportaje cuyo autor pasa por alto lo exagerado de las previsiones de Schwartz y Randall -“imaginar lo impensable”-, califica el informe de secreto y afirma que ha sido “silenciado por las autoridades”, extremos que los autores negaron explicitamente en febrero. Cinco páginas de alarmismo climático y conspiranoia. ¡Magnífica publicidad gratuita para El día de mañana, la película catastrofista de Roland Emmerich que se estrena el viernes!

Publicado originalmente en el diario El Correo, con la excepción del último párrafo, incorporado hoy tras la lectura del reportaje alarmista.