Una real bobada

Felipe de Borbón está conectado por línea materna con el pintor Diego Velázquez, según Fernando Gracia, autor del libro El Príncipe enamorado y experto en la monarquía. En opinión de este escritor, el árbol genealógico de Letizia Ortiz, con quien hoy se casa el heredero de la Corona española, es, sin embargo, vulgar: «Yo lo estudié muy a fondo y no he encontrado ningún enlace con la nobleza». ¿Seguro? Permítanme que lo dude. Velázquez vivió entre 1599 y 1660, hace casi cuatro siglos. Él y el Príncipe están separados por unas trece generaciones, si presuponemos una media de veinticinco años por generación.

Viajemos hacia atrás en el tiempo: la primera generación de antepasados de Felipe de Borbón está compuesta por dos personas, sus padres; la segunda, por cuatro, sus abuelos; la tercera, por ocho, sus bisabuelos; la cuarta, por dieciséis, sus tatarabuelos… y la decimotercera, ¡por 8.192 personas! Lo mismo vale para la novia, para usted y para mí. Multipliquen los 40 millones de españoles que somos por 8.192 ancestros por cabeza hacia 1660 y les dará una cantidad astronómica: 327.680 millones de personas, tres veces el número de estrellas de la Vía Láctea. Pero ¿hubo alguna vez tanta gente en España? No, claro. Y, entonces, ¿cómo es posible que tengamos tantos antepasados por cabeza? La razón es muy simple, los árboles genealógicos no son exclusivos de cada uno, se van fusionando según viajamos hacia atrás en el tiempo: los de mis hermanos y el mío se juntan en mis padres; con mis primos me junto en parte en mis abuelos; y así poco a poco hasta los primeros ejemplares de nuestra especie.

«Encontrar un antepasado noble es motivo de sorpresa y deleite, pero cuando nos remontamos lo suficiente es casi inevitable», dice el biólogo Steve Jones en En la sangre. Dios, los genes y el destino (Alianza Editorial). Profesor de Genética de la Universidad de Londres, dedica parte su obra a esa obsesión por colgarse un antepasado noble o famoso, algo cuya trascendencia desmonta con una claridad y contundencia envidiables. «Incluso una excursión corta aguas arriba constituye casi la garantía de sacar a la luz un antepasado magnífico. Más o menos todos los del mundo occidental son descencientes del emperador Nerón, bastantes menos de Guillermo el Conquistador, y sólo unos pocos cientos de miles de George Washington».

Fernando Gracia ha podido encontrar vínculos de Felipe de Borbón con Velázquez porque los monarcas y los nobles guardan escrupulosamente sus árboles genealógicos, ya que la base de sus privilegios es su entronque con el que en algún momento del pasado fue el más bruto de la tribu. ¿Se creen ustedes que el autor de El Príncipe enamorado ha identificado a todos los ancestros de Letizia Ortiz hasta 1600? Yo no. Decir que la novia de Felipe de Borbón no tiene ningún antepasado noble es una real bobada. Todos los tenemos, como todos tenemos antepasados despreciables. Un montón de españoles podría presumir de estar conectado con Velázquez y algunos más con Alfonso X, pero sólo lo hacen quienes dan la suficiente importancia a sus ancestros como para guardar registros de ellos. El resto tenemos claro que todos los seres humanos somos iguales y que la sangre es roja.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.