El pueblo vasco, al gusto de Ibarretxe

“El pueblo vasco existe como pueblo, con una identidad propia, desde los albores de la Historia”, ha dicho Juan José Ibarretxe en el Parlamento vasco como justificación de su plan soberanista. Reinventar el pasado a medida y recurrir a la fantasía histórica para justificar sus actuaciones es algo que suelen hacer algunos políticos. Los historiadores de cámara del presidente del Gobierno vasco tendrían que informarle, no obstante, de que los “albores de la Historia” se sitúan en Mesopotamia hace más de 5.000 años -lo que hoy es Euskadi estaba entonces en la Edad de Piedra- y que, cuando los romanos llegaron a la región hace unos 2.200 años, ésta vivía aún sumida en una Prehistoria tribal. El pueblo vasco, al gusto de Ibarretxe, es un invento muy posterior, del siglo XIX, y obra de Sabino Arana, el fundador del PNV.

La manipulación de la Historia por parte del nacionalismo gobernante en Euskadi, de la que la afirmación del lehendakari es el último capítulo, se ha plasmado en la venta de la Guerra Civil como un conflicto entre Euskadi y España, y en que haya quien crea que una vez hubo algo parecido a un Estado vasco, idea que se fomenta desde las propias instituciones, como demuestra el caso de Sancho III El Mayor (992?-1035). Un milenio después de su muerte, le quieren coronar -a él, que fue rey de Navarra y conde Castilla- como “rey del Estado vasco, reino de Navarra”. Es un proyecto del Ayuntamiento de Hondarribia, gobernado por el PNV, que quiere levantar en honor del monarca un monumento por ser el primer soberano de todos los euskaldunes. Ahí queda eso. Pasaría así a sentarse junto a Santiago Matamoros y el Cid Campeador en ese panteón mitológico que tanto se ha cultivado en la península con fines políticos. Lo del Ayuntamiento de Hondarribia sólo puede calificarse de charlotada: “Actuación pública, colectiva, grotesca o ridícula”, según el diccionario de la Real Academia Española. Eso sí, en esta iniciativa, hay una cosa que me molesta y otra que debería inquietar a las regiones limítrofes con Euskadi. Me molesta, como republicano, que la derecha vasca ande a la caza de un rey para Euskal Herria -denominación que siempre ha sido de una comunidad cultural y no de una unidad política, como quieren ahora hacernos tragar- a cualquier precio y que tenga, además, la osadía de elegir para el puesto una figura tan españolaza, con perdón. Porque el tal Sancho III fue un sujeto de cuidado, un reconquistador cuyos dominios llegaron a abarcar prácticamente todo el territorio cristiano peninsular: el reino de Navarra, Castilla, Aragón y Sobrarbe-Ribagorza. ¿Dónde está ahí el Estado vasco? ¿Es todo ese territorio? Si no lo es, ¿por qué? Si lo es, ¿comenzará desde Hondarribia una nueva reconquista?

Evitar las trampas tendidas en el pasado por los políticos y sus historiadores a sueldo no es fácil. Por eso, además de leer todo lo que pillen a mano, les recomiendo que incluyan entre sus fuentes sobre Historia dos sitios que a buen seguro les servirán de guía: El triunfo de Clío, la web del historiador palentino José Luis Calvo Buey, y Oblivion, la página del periodista y arqueólogo Julio Arrieta.