Vicente Juan Ballester Olmos

Encuentros en la tercera fase en Gallarta

Juan Sillero, en el puente de mando de un platillo volante. Ilustración: Colectivo Iván.Naves de otra galaxia aterrizaron repetidamente en Gallarta (Vizcaya) entre febrero y abril de 1977. Sus tripulantes venían a ayudarnos. La Tierra se estaba saliendo de su órbita e inclinando demasiado, le contaron a Juan Sillero, un ebanista de 50 años del barrio de La Florida. Los encuentros entre el hombre y los visitantes protagonizan el expediente ovni 770213 del Ejército del Aire, desclasificado en 1995 y que ahora puede consultarse en la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa.

La Gaceta del Norte informaba el 24 de marzo de 1977 del hallazgo de “numerosas huellas de posibles aterrizajes de ovnis” en una escombrera de Gallarta. El ingeniero naval José Luis Lozón, director técnico de un astillero de Bilbao, aseguraba haber visto una nave de más de 20 metros de diámetro “cuando se elevaba a gran velocidad” desde el lugar. “Era como un hongo. Y tenía un tremendo brillo. Era similar al acero inoxidable”, le explicó a Juan José Benítez. El testigo no había escuchado ningún ruido según ascendía el ovni. “¿Qué tecnología pueden tener estos seres para alcanzar semejantes velocidades y en absoluto silencio?”, se preguntaba. El reportero destacaba que por las noches los vecinos de la zona eran “súbitamente despertados por unos intensos ruidos, tales como zumbidos”, procedentes de la escombrera.

Los aterrizajes

La primera noticia en la prensa sobre los ovnis de Gallarta.La información periodística llevó al Ejército del Aire a abrir un expediente con la numeración 770213, por el 13 de febrero de 1977, cuando Lozón había visto el objeto. Los militares descubrieron pronto que el avistamiento del ingeniero naval no era nada comparado con las vivencias de su suegro, Juan Sillero, que vivía cerca de la escombrera con su esposa y varios de sus ocho hijos. En su primera entrevista con el hombre, de más de dos horas, a los investigadores del Ejército del Aire les sorprendió el “tono fantástico de su relato”, que se interrumpía “muy a menudo, según él, porque ellos le impedían seguir hablando”. Su yerno les dijo que Sillero había sido una persona “completamente normal” hasta los encuentros con los alienígenas, pero que desde entonces dudaba de su salud mental.

El ebanista vio a los visitantes cinco veces. La primera, a mediados de febrero, dormía cuando sintió que una voz le llamaba por su nombre. Sus animales estaban agitados, salió de casa, ascendió por la loma hacia la escombrera, atravesó un bosquecillo, se asomó al borde del talud y, desde lo alto, vio cómo “un platillo estaba dando zumbidos y balanceándose, como buscando posición para aterrizar”. Cuando se posó, salieron de él dos seres altos enfundados en monos que dejaban al aire solo manos y cara. Estaba aterrorizado. Le dijeron que no temiera y, poco después, el ovni despegó a gran velocidad.

Recreación de uno de los avistamientos de Gallarta. Ilustración: Colectivo IvánLa noche del segundo aterrizaje, tras los mismos preliminares, los visitantes le invitan a subir a la nave. La luz “sale de las paredes”. En el puente de mando, hay enormes pantallas. El jefe le explica telepáticamente que vienen de otra galaxia y quieren ayudarnos porque la Tierra “se estaba saliendo de su órbita y se estaba inclinando demasiado”. A Sillero le llama la atención una tripulante. “¡Qué tía más buena! ¡Qué pechos tiene!”, piensa. Los visitantes se van rápidamente después de decir que les han detectado y se acercan aviones militares. En el tercer encuentro, el ovni es más grande. Ve con el jefe cómo desciende una tanquetilla de exploración. A los visitantes les interesan las piedras de la escombrera. La última noche, el platillo volante sobrevuela la casa de la familia a tan baja altura que él, desde el balcón, cree que va a chocar con el edificio. Ya en tierra, los extraterrestres le prometen un regalo que le dan un mes después: es una piedra que deslumbra a quien la mira, excepto a él.

La investigación

Benítez cuenta las andanzas de Sillero en el diario Ya el 15 de mayo de 1977. Las da por buenas. No así los militares. El juez informador atribuye el 27 de junio los hechos a la imaginación del ebanista, quien parece estar “algo fuera de lo normal”. En agosto, el jefe de la 3ª Región Aérea comunica al Estado Mayor del Aire que la información proporcionada por Lozón y Sillero no es creíble, y que el estado del segundo “no ofrece garantías de equilibrio mental”. Es la conclusión a la que llega también el colectivo Iván, un grupo de investigadores del fenómeno ovni dirigido por el ingeniero de telecomunicaciones Félix Ares.

Juan Sillero, con miembros del colectivo Iván. Foto: Colectivo Iván.En las nueve veces que visitan al testigo -“siempre estaba de baja laboral” por úlceras de estómago–, los miembros del colectivo Iván detectan contradicciones en su relato. Lo que más les extraña, sin embargo, es que nadie más ha visto nada. Ni la mujer y los hijos de Sillero .-aunque los platillos volantes han llegado a sobrevolar su hogar-, ni ningún vecino. “Si hubiera ocurrido algo así, lo habrían visto desde alguna de las casas próximas”, apunta Ares, sorprendido por tener que volver a hablar del caso tantos años después. Tampoco vieron nada los conductores de los camiones de transporte de escombros que, día y noche, pasaban al lado del lugar de los aterrizajes ininterrumpidamente. Los hijos del ebanista achacaban los encuentros con extraterrestres de su progenitor a fabulaciones consecuencia de sus problemas con el alcohol. “Mi padre nunca ha visto nada”, dijo uno a los investigadores. Tampoco Sillero enseñó nunca a Ares y su equipo la piedra que le habían regalado los visitantes porque, decía, les dejaría ciegos. ¿Y las huellas?

“Las supuestas huellas de naves extraterrestres no eran tales. Eran irregulares y, al lado de muchas, había piedras cuya forma coincidía con la del agujero”, recuerda Ares. Preguntando por el vecindario, dieron con Adrián Tramón, un operario de una retroexcavadora que les explicó que las había hecho él al extraer piedras de mineral. Sillero acabó admitiendo por escrito el 18 de mayo de 1980 que las huellas cuyas fotos había publicado Benítez en La Gaceta del Norte y Ya eran obra de Tramón. Ingenuamente, añadió que las auténticas las había borrado él.

La confesión de Juan Sillero. Foto: Colectivo Iván.Aunque los militares y el colectivo Iván, cada uno por su cuenta, dieron carpetazo al caso como una invención del principal protagonista, Benítez se negó a aceptar esa conclusión. Cuando Ares y su equipo la publicaron en la revista Stendek, del Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) de Barcelona, les respondió airadamente en Mundo Desconocido, acusándoles de investigar de oídas y “confundir el tocino con la velocidad”. El colectivo Iván replicó a Benítez, quien al final presentó como prueba de los aterrizajes de Gallarta una carta del jefe de la 3ª Región Aérea en la que el militar le decía que, en tres noches de febrero y marzo de 1977, se habían detectado ecos de radar no identificados sobre Vizcaya y cazas habían salido dos veces en misión de interceptación. Aunque Sillero nunca precisó las fechas de sus encuentros con los visitantes y a pesar de que los investigadores militares consideraron siempre su relato producto de la imaginación, para Benítez los ecos de radar y las salidas de los cazas demostraban la realidad de los hechos. Todavía hoy, cierto sector de la ufología española, que ha ocultado siempre a su público la delicada situación mental del testigo, considera las vivencias de Juan Sillero auténticas.

“El caso Gallarta es el único encuentro en la tercera fase del País Vasco, y la investigación dirigida por Ares dejó claro en 1980 que fue un fraude”, dice el estudioso del tema Juan Carlos Victorio, autor del blog Misterios del Aire. Para el ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos, impulsor de la desclasificación ovni en España, lo llamativo es que todavía haya “gente que explota este caso de forma sensacionalista” cuando se sabe casi desde el principio que fue “fruto de una mente poco equilibrada”. Lozón, por su parte, era miembro del Centro Estudios Fraternidad Cósmica, un grupo de adoradores de los extraterrestres fundado por el contactado italiano Eugenio Siragusa. Por eso, no era un testigo fiable y la realidad de su avistamiento hay que ponerla más que en cuarentena. ¿Qué llevó a Sillero a inventarse su increíble historia? Posiblemente, la notoriedad que alcanzó su yerno al salir en los medios con la observación del despegue de un ovni fue lo que animó al ebanista a intentar superarle con sus encuentros en la tercera fase. Ése fue el origen del único expediente X ovni vasco.

La desclasificación ovni en España, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes de la desclasificación ovni en España, en la octava entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

Desclasificación ovni en España: 9 casos inexplicados de 122 y ni rastro de marcianos

Vicente-Juan Ballester Olmos inspecciona un expediente militar. Foto: Manuel Molines.“Defensa declasifica 80 expedientes ovni…”. En los últimos días han podido leerse titulares por el estilo en varios medios impresos y digitales españoles. No es verdad: la desclasificación ovni en España concluyó hace casi 20 años. Los informes secretos que han devuelto a los platillos volantes a las portadas son públicos desde los años 90, cuando ya podía consultarlos cualquiera en la Biblioteca del Ejército del Aire. Lo que ha hecho ahora el Ministerio Defensa es colgar en Internet 80 expedientes -unas 1.900 páginas-, en los que puede comprobarse que no hay marcianos verdes en los archivos militares, algo que se sabe ¡desde el siglo pasado!

El proceso de desclasificación ovni español se realizó entre 1992 y 1999 a instancias del ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos, uno de los pocos tipos intelectualmente honestos involucrados en el estudio de los ovnis. Él convenció a las autoridades militares de que levantaran el secreto sobre aquellos casos de observación de objetos aéreos extraños que no afectaran a la seguridad nacional. Al final, se hicieron públicos 84 expedientes sobre un total de 122 casos ocurridos entre 1962 y 1995, de los que 80 son ya accesibles por Internet. Los cuatro que faltan estarán pronto disponibles en la web de la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa, según me han confirmado hoy mismo en la institución.

Un proceso ejemplar

A diferencia de lo ocurrido en países como Estados Unidos y Reino Unido, la desclasificación ovni española no consistió en la mera publicación de los documentos, una vez eliminada información personal de testigos e investigadores. Aquí, coordinado por Ballester Olmos, un grupo de expertos civiles examinó cada suceso antes para acompañar el informe correspondiente de un dictamen sobre qué pudo haberlo originado. El modelo, que fue copiado posteriormente por Reino Unido, permite ofrecer a los ciudadanos una información fiable e indignó al sector más mediático de la ufología española, integrado por individuos que viven de vender como inexplicables sucesos que no lo son.

Ya en 1999, Ballester Olmos publicó, en el European Journal of Ufo and Abduction Studies, un artículo en el que analizaba todo el material militar que ahora sorprende tanto a algunos periodistas. El estudio acababa con la idea de que en los archivos militares podía haber algo de otro mundo. De los 122 casos de entre 1962 y 1995 investigados por el Ejército del Aire  y estudiados por los expertos civiles españoles, 97 (80%) tienen una explicación convencional, sobre 16 (13%) no hay suficientes datos y 9 (7%) carecen de una explicación clara, aunque podría haberla”. Ballester Olmos considera que “han quedado sin resolver por falta de una encuesta en profundidad en su momento”. 37 casos tienen su origen en objetos aeroespaciales, 35 en cuerpos astronómicos (siendo Venus el responsable de 20), la mente humana está en el origen de 13, la meteorología de 4 y hay otros 8 con causas varias.

Ballester Olmos destacaba en su trabajo que, de los nueve casos inexplicados, siete podrían tener una explicación, por lo que sólo quedarían dos enigmáticos. ¿Extraterrestres? “En ningún caso, el nivel de extrañeza de los sucesos ovni es tan grande o extraordinario que lleve al analista a pensar en una hipótesis de fuera de este mundo, irónicamente hablando”, sentenciaba en 1999 el ufólogo valenciano en el European Journal of Ufo and Abduction Studies. El porcentaje total de sucesos inexplicados (7%) se corresponde prácticamente con el de  otros estudios similares en otros países y nadie con dos dedos de frente lo considera como el escondite de los extraterrestres. De hecho, atribuir los casos ovni inexplicados a alienígenas tiene tanta lógica como achacar los asesinatos no resueltos a vampiros, hombres lobo u otros seres imaginarios.

El Roswell de Franco

Reentrada del ATV 'Julio Verne' -vehículo automático de suministro de la ISS- en 2008. Algo muy parecido se vio desde Arroyomolinos de León en 1965. Foto: ESA.

Siete puntos rojo azulados cruzaron el cielo nocturno de Arroyomolinos de León (Huelva) el 6 de diciembre de 1965 cinco minutos antes de las nueve de la noche. Volaban con rumbo Noroeste-Sureste y en formación de uve, aunque pronto se convirtieron en una línea recta, según documentó en su día el ufólogo sevillano Ignacio Darnaude Rojas-Marcos a partir de los testimonios de dos guardias civiles y diez lugareños que presenciaron el fenómeno durante minuto y medio. Poco después, un pastor, Rufino Campanario, y varios vecinos de la cercana Montemolín (Badajoz) oyeron varias explosiones y “al salir del chozo vieron un objeto ardiendo que caía formando un ruido como el de un tren entrando en la estación”, contaba el diario Hoy el 19 de diciembre. Y, en la también cercana Lora del Río (Sevilla), “un extraño objeto de naturaleza desconocida” abría “un cráter de unos 50 centímetros de diámetro”, según el Abc del 9 de diciembre. “Al tomar contacto con el suelo, y por venir candente, levantó una nube de vapor dejando calcinada la zona de caída y chamuscado el ramaje próximo”, añadía el periódico madrileño.

Aquella noche cayeron del cielo dieciséis objetos en Lora del Río, Montemolín y Fuente de Cantos (Badajoz): tres esferas metálicas huecas de 38 centímetros de diámetro, una cuarta de 25, dos cuerpos cilíndricos de 36 de longitud, piezas en forma de toberas, casquetes, trozos de aislante… El general jefe del Estado Mayor de la Región Aérea del Estrecho, Pascual Sanz, explicaba siete días después a los periodistas que las tres esferas grandes, encontradas en Lora del Río, eran de acero y de origen humano. “Proceden de uno de los cuerpos que circundan la Tierra, sin que pueda establecerse el tipo del mismo, y al rozar la atmósfera se ha  desintegrado, cayendo sólo los objetos aludidos, que se estiman depósitos del combustible”, informaba Abc.

De origen soviético

El astrónomo alemán Harro Zimmer dio pront con la causa el Roswell de Franco. recorte de 'Abc' del 24 de diceimbre de 1965.Los medios dieron la explicación por buena. Así, cuando Hoy cuenta el 19 de diciembre lo sucedido en Montemolín, dice que los “raros artefactos” parecen ser “depósitos de combustible de un cuerpo estratosférico”. Cinco días más tarde, la agencia Efe informa de que el astrónomo alemán Harro Zimmer, del Observatorio Wilhelm-Foerster, en Berlín Occidental, sostiene que las tres esferas de Lora del Río son parte del cohete lanzador de la sonda soviética Luna 8 y se corresponden con “tanques de presión que no se desintegraron al volver a entrar el cohete en la atmósfera”. “Los cuerpos cilíndricos son cohetes para maniobrar en órbita terrestre. Los trozos de aislante que se encontraron encajaban perfectamente en el interior de uno de ellos”, explica el ingeniero aeronáutico José Miguel, actual jefe del Laboratorio de Ensayos No Destructivos del INTA, donde se encuentran los restos almacenados desde hace 50 años.

“Este caso nunca se clasificó por parte de las autoridades militares españolas como un suceso ovni”, recuerda el ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos. De hecho, el expediente de la investigación oficial no se encuentra entre la documentación sobre avistamientos de objetos volantes no identificados en el Archivo Histórico del Ejército del Aire, en el castillo de Villaviciosa de Odón. Tras la explicación del astrónomo alemán -coincidente en el origen humano con la del general Pascual Sanz-, la prensa española se olvidará del suceso, como había hecho la estadounidense dieciocho años antes con un caso parecido.

Portada del informe del Instituto Battelle, con los sellos de secreto y de exclusión de desclasificación automática.El 8 de julio 1947, dos semanas después de la visión de los primeros platillos volantes en la costa oeste de Estados Unidos, el Roswell Daily Record alertaba en su primera página de que los militares habían recuperado en esa pequeña localidad de Nuevo México uno de esos ingenios, que se había estrellado en un rancho. La información procedía del propio Ejército, que explicaba que los restos se habían trasladado a su aeródromo de Roswell. Al día siguiente, los militares rectificaban. Decían que lo recuperado no era un platillo volante, sino piezas de un globo meteorológico, y mostraban a los periodistas trozos de madera de balsa y papel de aluminio. A partir de ese momento, los medios y los ufólogos ignoraron el caso Roswell durante más de tres décadas hasta que Charles Berlitz, famoso por inventarse el misterio del triángulo de las Bermudas, lo resucitó en 1980 con un libro superventas, El incidente. Catorce años después, la Fuerza Aérea estadounidense reveló al mundo que los restos de Roswell correspondían en realidad a un globo del proyecto Mogul, ultrasecreto en 1947 y que perseguía detectar las ondas sonoras de las primeras pruebas nucleares soviéticas.

En el caso español, la Prensa también pierde el interés por los objetos caídos del cielo en Andalucía y Extremadura en cuanto se apunta a su origen humano, pero los militares no. “Se hace cargo de los restos el Ministerio del Aire, que los envía para su estudio al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), en la base aérea de Torrejón de Ardoz”, recuerda Ballester Olmos, que tiene en su poder desde hace años una copia de toda la información del caso, incluida la todavía pendiente de desclasificación. A los primeros informes técnicos, hechos en la base aérea de Talavera la Real sobre las piezas recuperadas en Fuente de Cantos, les siguen varios del Departamento de Materiales del INTA, donde se encuentra la primera prueba de que los restos proceden del otro lado del Telón de Acero. Al inspeccionar visualmente el interior de la llamada esfera 3, el perito Gabriel Delojo descubre una letra del alfabeto cirílico junto a varios números en un fleje “adherido a todo lo largo de la soldadura de las dos semiesferas”. Esa pieza, que en un informe de marzo de 1966 se asegura que se ha separado del resto del fleje, no se encuentra hoy en día en los almacenes del INTA junto con los otros restos del incidente, según comprobé la semana pasada. “Nadie ha tocado estos restos desde que nosotros tenemos conocimiento. No han ido a la chatarra por casualidad”, asegura el químico José Antonio Peñaranda, del Laboratorio de Ensayos No Destructivos del INTA.

Los restos viajan a EE UU

Las piezas que se enviaron a EE UU para su análisis en la primavera de 1967. Foto: INTA.En plena Guerra Fría, pendiente de los cielos y en pugna con la Unión Soviética por conquistar la Luna, Estados Unidos está al tanto de los hallazgos del INTA. No en vano, España es un país aliado. A finales de abril de 1966, el coronel de aviación Kenneth Lueke, agregado aéreo de la embajada de Madrid, informa al Ministerio del Aire de la llegada a España del “teniente coronel Richard Quimby, del Cuartel General de la Fuerza Aérea en Alemania, y de dos técnicos civiles en metalurgia” que trabajan para ella. Visitan el 27 de abril el INTA, donde tienen acceso a los informes preliminares y “a los objetos espaciales en sí”. En octubre, el Gobierno estadounidense pide al español que permita a sus propios expertos que analicen los restos en su país.

Tras la visita a Madrid del presidente Eisenhower en 1959, el régimen franquista se encuentra con una oportunidad de oro para que Washington le deba un favor. No la desaprovecha. Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores, escribe el 23 de enero de 1967 al ministro del Aire, teniente general José Lacalle, diciéndole que, “consultado el asunto” con Franco, “se ha tomado la decisión de autorizar” la cesión temporal de parte de los objetos a Estados Unidos. Se ponen cuatro condiciones: que “un especialista científico español” acompañe a las piezas “con objeto de estar presente y participar en los análisis que se lleven a cabo en ese país”; que la duración de los trabajos no supere, “en lo posible”, las cinco semanas y las piezas regresen a nuestro país; que se facilite copia del resultado de la investigación a España; y que se guarde en secreto la participación estadounidense en el estudio. “Así, España no se pondría a malas con los rusos”, indica Ballester Olmos.

El autor, Luis Alfonso Gámez, con los restos del cohete soviético en el INTA. Foto: Alberto Ferreras.Las cuatro esferas -tanques de gas presurizado para la propulsión- y uno de los cilindros -cohete- viajan a Estados Unidos, donde, del 28 de marzo al 28 de abril de 1967, los someten a una batería de análisis en los laboratorios del Instituto Battelle, en Columbus (Ohio), un centro de investigación tecnológica avanzada. Dos ingenieros del INTA, Francisco Ramírez y Carlos Marín, asisten a las pruebas que se consideran “complementarias” a las hechas en Torrejón de Ardoz e incluyen entre otras cosas, la apertura de dos de las esferas más grandes, “aparentemente cerradas” y una de las cuales “presenta una válvula prácticamente intacta”. Los técnicos españoles redactan un informe a su vuelta y, el 15 de junio, el Instituto Battelle emite uno de 280 páginas, titulado Investigación de cinco cuerpos metálicos recuperados después de vuelo espacial, que lleva en portada el sello de Secreto. No difundirse en el extranjero, excepto España y un aviso de que está excluido de desclasificación automática por el paso del tiempo.

Los científicos y técnicos estadounidenses constatan que la mayoría de las piezas son de titanio y que los restos no metálicos corresponden a material aislante del calor que protegería el interior de los cohetes. Aunque en su momento había entre los objetos recuperados alguna tobera, esas piezas parece que no han llegado hasta nosotros. Como ya había adelantado el astrónomo alemán Harro Zimmer, los restos formaban parte de la última fase del cohete Molniya que despegó de Baikonur el 3 de diciembre de 1965 para lanzar la sonda Luna 8 hacia el satélite terrestre. Era el undécimo intento soviético de posarse suavemente en la Luna, pero falló. La nave robot se estrelló en el Océano de las Tormentas a las 22.51 horas del 6 de diciembre de 1965, dos horas después de que la reentrada de piezas de su cohete lanzador iluminara los cielos del suroeste de la Península Ibérica.

“Sentí una satisfacción muy grande cuando
tuve acceso a todo el expediente del caso”

Vicente-Juan Ballester Olmos inspecciona el expediente. Foto: Manuel Molines.Vicente-Juan Ballester Olmos tenía 17 años cuando cayeron los restos del cohete lanzador del Luna 8 en Lora del Río, Montemolín y Fuente de Cantos. “Entonces yo ya estaba interesado en el fenómeno ovni, pero también en la astronáutica. Los bólidos y las reentradas de basura espacial siempre me han fascinado”, explica desde su casa de Valencia. No importaba que la naturaleza humana de lo visto en los cielos de Andalucía y Extremadura estuviera clara desde el principio, él reunió recortes de prensa y apuntes de ufólogos con la esperanza de que algún día se desclasificara el supuesto expediente militar sobre el suceso. “Recopilé toda la información sobre el caso y, durante 30 años, tuve una especie de minidosier”.

Metódico en su trabajo, Ballester ha tenido como afición el esclarecimiento de los sucesos ovni ocurridos en España, lo que le ha convertido en la bestia negra de quienes ven extraterrestres por todas partes. Además de eso, en los años 90 se marcó como objetivo conseguir que los informes militares sobre casos de avistamientos de ovnis se abrieran al público. En Estados Unidos, la denominada Ley para la Libertad de Información (FOIA) favoreció desde finales de los 70 la publicación de todos los expedientes sobre la materia que no afectaran ya a la seguridad nacional, como el del caso de Roswell en 1994. En España, no existe ninguna legislación parecida y lo que hizo Ballester Olmos, entre 1992 y 1999, fue asesorar al Mando Operativo Aéreo en el análisis y desclasificación de los informes de ovnis. Así logró que vieran la luz 84 expedientes sobre 122 avistamientos ocurridos entre 1962 y 1995, que pueden consultarse en la Biblioteca del Cuartel General del Ejército del Aire, en Madrid.

Letra cirílica junto a cuatro números, descubierta en un fleje dentro de una de las esferas. Foto: INTA.“En febrero de 1994, en una de mis frecuentes visitas a Torrejón de Ardoz, me topé con la documentación del caso de la reentrada del cohete ruso de diciembre de 1965 entre unos expedientes de ovnis. Di un respingo”. Meses después, en julio, el teniente coronel Enrique Rocamora le entregó “un juego completo de fotocopias con toda la documentación del caso, con autorización del Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire. Sentí una satisfacción muy grande cuando tuve acceso a todo el expediente”. Lleva años luchando porque esa información sea de acceso público y no sabe a qué achacar el retraso, aunque intuye que pudiera deberse bien al sello de Secreto del informe del Instituto Battelle o a la simple burocracia.

 

Los enigmáticos ‘ovnis boludos’

El ingeniero químico mexicano Luis Ruiz Noguez bautizó humorísticamente hace años las esferas que, procedentes de ingenios espaciales, caen del cielo como ovnis boludos por su forma y por su origen. Son contenedores de gas para la propulsión, la experimentación y el mantenimiento vital. Aunque al principio fueron metálicos, en la actualidad son de materiales más ligeros, como la fibra de carbono. Su tamaño y los materiales de los que están hechos favorecen que muchos no se desintegren al entrar en la atmósfera y lleguen al suelo. Se han encontrado en todos los rincones del planeta, aunque muchos caen en el mar, que no en vano cubre las dos terceras partes de la superficie terrestre. En noviembre cayeron varios en Murcia.

30 años del ovni de Canarias

El ovni de Canarias del 5 de marzo de 1979.

La ufología española vivió su época dorada a finales de los años 70. No había ciudad de mediano tamaño que no tuviera su grupo de aficionados, la prensa generalista todavía informaba de avistamientos; había un programa de radio –Medianoche, de Antonio José Alés, en la Cadena SER- centrado prácticamente en el fenómeno y que fue donde se inventaron las alertas ovni; otro de televisión –Más Allá, de Fernando Jiménez del Oso, en TVE- dedicado a lo sobrenatural; dos revistas de quiosco –Mundo Desconocido y Karma.7– sobre misterios; y multitud de fanzines sobre platillos volantes, entre los que destacaban Vimana y Stendek, publicaciones del santanderino Centro Investigador de Objetos Volantes Extraterrestres (CIOVE) y del barcelonés Centro de Estudios Interplanetarios (CEI), respectivamente.

Así informó 'El Correo' del ovni de Canarias del 5 de marzo de 1979.El problema número uno de la ciencia moderna, como se llamaba la sección dedicada a los ovnis en Mundo Desconocido, estaba de moda cuando decenas de miles de personas presenciaron un extraordinario fenómeno celeste en Canarias al anochecer del 5 de marzo de 1979. “Un extraño atardecer cautiva las miradas de muchos habitantes de las islas, que ven una especie de estelas multicolores o líneas zigzagueantes con intensa luminosidad en dirección oeste”, escribían en 2001 Vicente-Juan Ballester Olmos y Ricardo Campo en la Revista de Aeronáutica y Astronáutica. De repente, surge en esa zona del cielo “una especie de aguja luminosa que comienza a subir, crecer y ensancharse hasta formar una enorme campana o copa luminosa y brillante, dejando atrás una estela en zigzag”. Y, cuando el objeto desaparece, deja atrás estelas similares a las del principio. La larga duración del fenómeno permitió que haya muchas fotografías y miles de testigos de lo que pasó a la historia como el ovni de Canarias, y atrajo la atención de numerosos medios de comunicación y del Ejército del Aire, que estudió el caso y elaboró un informe de 229 páginas desclasificado en 1995.

“¿Qué fue lo observado y fotografiado aquella noche del 5 de marzo de 1979? Repito, en mi opinión, una nave que nada tiene que ver con nuestra tecnología y, consecuentemente, con nuestra civilización. Un vehículo espacial ajeno a la Tierra. Empleando la terminología popular -y sin ningún tipo de recelo o miedo, una nave extraterrestre”, escribía Juan José Benítez en Mundo Desconocido (Nº 75) en septiembre de 1982. El periodista rechazaba la posibilidad de que el ovni fuera un misil lanzado desde un submarino, tal como había defendido desde el principio, entre otros, el ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos, apoyándose, entre otras cosas, en un análisis por ordenador de las fotografías. Andreas Faber-Kaiser, director de la revista, decía en el mismo número que tampoco estaba de acuerdo “con la hipótesis de que lo visto en Canarias fuera un misil. En absoluto. Simplemente, porque para demostrarme que una barra de pan se parece a otra, me tienen que poner junto a la primera barra de pan, otra barra de pan igual. Y lo que me están poniendo es un panecillo, que evidentemente no es una barra de pan”.

Antonio Ribera, el padre de la ufología española, discrepaba de Benítez y Faber-Kaiser, y recordaba que él había mostrado a “varios investigadores” una imagen de un libro de Wernher von Braun que “reproducía la tercera etapa de un Saturno 5 fotografiada por una cámara Baker-Nun, y presentaba un asombroso parecido con una de las fotos del supuesto ovni [de Canarias] publicadas en la revista Diez Minutos“. El autor de El gran enigma de los platillos volantes (1966) suscribía “enteramente” las conclusiones de Ballester Olmos, quien en el mismo ejemplar de Mundo Desconocido advertía de que sostener que el objeto era un ovni “supone mantener la peculiar idea de que existen objetos volantes que, a pesar de ser iguales a nuestros misiles, siguen siendo no identificables, lo cual es una afirmación cercana al delirio… o a la mera invención sensacionalista”. Ballester Olmos y Miguel Guasp mantenían ese mismo dictamen en 1981 en su libro Los ovnis y la ciencia.

El cielo de Canarias, iluminado el 5 de marzo de 1979

El informe militar del suceso no dio ninguna explicación convencional, pero la opinión de un alto mando apunta en esa dirección en una comunicación confidencial hasta 1995. “Mi criterio personal es que el fenómeno ha sido producido por dos misiles de extraordinaria potencia y calibre, lanzados desde la zona que indica el informe”, explicaba por escrito el general jefe del Mando Aéreo de Canarias al jefe del Estado Mayor del Aire. El militar creía que los responsables del lanzamiento habían sido los soviéticos.

La defensa de la naturaleza extraterrestre del fenómeno ha tenido durante años dos abanderados: Benítez y el ufólogo canario José Gregorio González, quien ha descartado en repetidas ocasiones la hipótesis del misil. “Hasta que no aparezcan pruebas irrefutables que confirmen la hipotesis del misil, el ovni de Canarias seguirá siendo uno de los grandes enigmas de la ufología española, quedando abierta pues la puerta a cualquier otra hipótesis alternativa. A lo peor, ni el tiempo lo aclara”, escribía el segundo en su libro Los ovnis en Canarias en 1995, cuando ya la única duda razonable era quién había lanzado el misil, y volvió a reafirmarse en esa línea en 2003.

El ovni de Canarias del 5 de marzo de 1979.Además de las decenas de fotos de fenómenos similares identificados como causados por lanzamientos de misiles, Claude Poher, ingeniero del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) francés presenció el fenómeno desde un barco y concluyó que se trataba de “algún tipo de misil”; Desmond King-Hele, del Ministerio de Defensa británico, indicó a Ballester Olmos y Campo que las fotos correspondían a “un lanzamiento no declarado”, y dos científicos rusos se expresaron en el mismo sentido. La duda acerca de si lo de Canarias fueron ingenios soviéticos o estadounidenses se zanjó en 1998, cuando el aficionado alemán Gunter Krebs facilitó a Ballester Olmos datos de lanzamientos de misiles Poseidón desde submarinos estadounidenses en el Atlántico Norte, obtenidos por Jonathan McDowell, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian.

La información de McDowell servía para identificar no sólo el ovni canario de marzo de 1979, sino también los vistos en las islas el 22 de noviembre de 1974, el 22 de junio de 1976, el 19 de noviembre de 1976 y el 24 de marzo de 1977. Ricardo Campo, miembro del Círculo Escéptico y la Fundación Anomalía, cree “se prueba así, una vez más, la falsificación histórica a la que se han visto sometidos estos episodios por parte de quienes perpetúan falsos misterios”. La mente cerrada de mi amigo es incapaz de admitir que algo que parece un misil y que ha sido visto justo cuando se lanzaban misiles desde un submarino es en realidad una nave extraterrestre saliendo, me imagino, de una de las bases submarinas alienígenas que había cerca de Canarias, cuya existencia defendía Fernando Jiménez del Oso. Ay, estos negativistas…