Vacunas

El peligro de los antivacunas, el sábado en el cuadragésimo sexto ‘Enigmas y Birras’ de Bilbao

Cartel del cuadragésimo sexto ‘Enigmas y Birras’ de Bilbao, dedicado a los antivacunas.“Antivacunas. Un peligro para el conjunto de la sociedad” es el título genérico de las dos charlas que darán el microbiólogo Guillermo Quindós y el médico José Luis Cañada en el cuadragésimo sexto encuentro Enigmas y Birras de Bilbao, que se celebrará el sábado en el restaurante KZ (Alameda San Mamés, 6) a partir de las 18 horas.

El reciente caso de un niño de Olot de 6 años enfermo de difteria porque sus padres no quisieron vacunarle en su día ha hecho que la sociedad española sea consciente del riesgo que supone no inmunizar a los pequeños y ha puesto a los colectivos antivacunación en el ojo del huracán. Cañada y Quindós hablarán tanto de lo grupos antivacunas como de éstas, de los mitos y realidades sobre ellas. “Las vacunas son una herramienta esencial, junto con la higiene pública y los fármacos antimicrobianos, para evitar graves enfermedades infecciosas y mantener una elevada esperanza y calidad de vida. El acto de vacunación es, además, una muestra de solidaridad social y de especie porque la vacunación de la mayoría de la población protege a aquellas personas que por razones de salud no pueden ser vacunadas”, apunta Quindós, médico y catedrático de microbiología de la Universidad del País Vasco.

“El acto vacunal es la intervención del hombre que ha salvado más vidas después de la potabilizacion de las aguas. Las vacunas salvan a millones de personas cada año y son absolutamente imprescindibles para la salud pública, produciendo lo que se llama inmunidad de rebaño. Gracias a ellas, se ha podido erradicar la viruela y se está a punto de erradicar otras como la polio y la rubeola congénita”, adelanta Cañada, coordinador del grupo de enfermedades infecciosas de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) y miembro del comité científico de la Fundación Io. En su opinión, “hay que proseguir en la investigación de nuevas vacunas, fundamentalmente para enfermedades emergentes y reemergentes”. La difteria es una de estas últimas. No se había registrado ningún caso en España desde 1987 y reaparece ahora de la mano de los antivacunas. Dentro y fuera de nuestras fronteras, hay quienes han abogado por la obligatoriedad de las vacunas, mientras que desde la Administración parece que no se va a dar, de momento, ningún paso en ese sentido. ¿Qué piensan los expertos?

Dense por invitados al cuadragésimo sexto Enigmas y Birras de Bilbao organizado por el Círculo Escéptico y programado por Luis Miguel Ortega. La entrada es gratis, aunque cada asistente se compromete a hacer, al menos, una consumición como agradecimiento a los propietarios del establecimiento por la cesión de local.

El Ayuntamiento de Castellón apadrina una charla del antivacunas Josep Pàmies

Cartel de la charla de Josep Pàmies en Castellón, organizada con la colaboración del Ayuntamiento.Josep Pàmies es un agricultor catalán condenado por destrozar campos de transgénicos, que vende remedios milagrosos contra el cáncer y es uno de los líderes del movimiento antivacunas. Tiene un grupo, Dulce Revolución, que fomenta sus peligrosas ideas y me acabo de enterar, gracias a Guillermo Perisprofesor de la Universidad de Castellón y autor de El blog de Melquíades-, de que el martes hará propaganda de ellas en Castellón en un acto organizado por Castelló Cannabis Club, con la colaboración de FAC Levante y el Ayuntamiento de la ciudad, que cede el local. Que se apoye la difusión de los disparates de Pàmies sobrepasa los límites de lo socialmente admisible: supone fomentar desde las instituciones prácticas peligrosas para la salud.

Pàmies, cuya charla en Castellón se titula ¿Curar o cronificar enfermedades?, aboga por el uso contra la difteria no de la vacuna y de la medicación de efectividad probada, sino del llamado Suplemento Mineral Milagroso (MMS), un compuesto que su inventor, Jim Humble, dice que cura el sida, la hepatitis, la malaria y el cáncer, entre otras enfermedades, y que en realidad es dióxido de cloro. “La difteria es una bacteria  tan  sensible  al dióxido de cloro como el virus del ébola. ¿Por qué no dar alternativas sencillas y tranquilizar a la Sociedad? ¿Porque las mismas autoridades sanitarias callan como miserables delante del hecho gravísimo de los efectos secundarios de medicamentos y vacunas, que son ya la tercera causa de muerte en Europa (240.000 muertos al año)?”, escribe hoy el curandero.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios emitió en 2010 una alerta contra el MMS por tratarse de un medicamento ilegal que, “cuando se consume siguiendo las instrucciones dadas por las citadas páginas (se refiere a las webs en las que se vende), produce efectos adversos que pueden ser graves. El clorito de sodio, en solución acuosa y cuando se administra en las condiciones indicadas, se transforma en ácido cloroso que se degrada a dióxido de cloro. Todas estas sustancias tienen una acción oxidante fuerte, y su consumo directo en esas condiciones puede producir dolor abdominal, nauseas, vómitos, diarrea, intoxicaciones, fallo renal y metahemoglobinemia. Las autoridades sanitarias canadienses han constatado la aparición de dos casos de efectos adversos graves, que en un caso pusieron en peligro la vida del paciente”. Naren Gunja, director del Centro de Información Toxicológica de Nueva Gales del Sur, ha declarado, por su parte, que consumir el MMS es “como beber lejía concentrada”.

No vacunarse, tomar plantas mágicas contra el cáncer, beber lejía contra el ébola y la difteria… “Me pregunto, si se da el caso (y no es un caso tan extraño, dado que Pàmies defiende cosas como el uso del clorito sódico, el conocido blanqueador industrial MMS para curar enfermedades como el ébola y el sida, y la administración sublingual de marihuana a bebés con cáncer-, si dichas asociaciones o el propio Ayuntamiento de Castellón asumirán económica y penalmente de las responsabilidades derivadas por la promoción y difusión del discurso de Pàmies”, se pregunta el activista escéptico Emilio Molina, ingeniero informatico y licenciado en comunicación audiovisual. Molina, Peris y otros están haciendo gestiones ante las autoridades municipales para que retiren su apoyo a un acto que, si nadie lo impide, se celebrará el martes por la tarde en el Centro Polifuncional del Grao de Castellón.

TVE promociona a los antivacunas en los informativos

TVE sacrificó el jueves la verdad sobre el peligro que supone la antivacunación en el altar del equilibrio periodístico, en el seguimiento del caso del niño de Olot de 6 años que todavía se debate entre la vida y la muerte porque sus padres no quisieron vacunarle contra la difteria, una enfermedad que mata a dos de cada diez infectados. En sus informativos de la mañana y la noche, La 1 dio hace cinco días voz a destacados representantes del movimiento antivacunas como Miguel Jara, una médico ambiental -especialidad que no esta reconocida- y la Liga para la Libertad de Vacunación, una organización pseudocientífica contraria a las inmunizaciones. “Su caso ha abierto el debate sobre la necesidad o no de las vacunas”, decía la conductora del Telediario matutino, en referencia al niño de Olot. Y lo mismo repetía la voz en off en el informativo de la noche. (Pueden ver los vídeos al final de estas líneas.)

Andrew Wakefield, con su esposa Carmel, llegando a la sede del Consejo general Médico, en Londres en enero de 2010. Foto: AFP.¿El debate entre quiénes? Desde luego, no entre los científicos porque la comunidad científica respalda unánimemente la administración de vacunas, ya que ha permitido erradicar enfermedades como la viruela y que prácticamente desaparecieran de las sociedades desarrolladas el sarampión, la difteria, la rubeola y otros males. Hasta que el movimiento antivacunas cobró auge gracias a un fraudulento estudio del médico británico Andrew Wakefield publicado en 1998 por la revista The Lancet. Tras examinar a doce niños autistas, él y sus colaboradores aseguraban que existía una conexión entre la administración de la vacuna triple vírica y ese trastorno. La comunidad científica recibió los resultados con escepticismo, pero el estudio tuvo un gran impacto en Reino Unido. En los diez años siguientes, el índice de vacunación bajó del 92% al 85%, y los casos de sarampión se dispararon. Wakefield se convirtió en el líder del movimiento antivacunas mundial, impulsado en Estados Unidos por Jenny McCarthy, conejita Playboy, y su entonces novio, el actor Jim Carrey, a quienes apoyó en televisión la periodista Oprah Winfrey. Desde entonces, se ha registrado un progresivo incremento en los casos de rubeola, sarampión y paperas en Estados Unidos. Sin embargo, en 2004, diez de los coautores de la investigación original retiraron su firma del artículo que conectaba la triple vírica con el autismo, y The Lancet publicó una rectificación poniendo en duda las conclusiones del trabajo, que acabó retirando de sus archivos en febrero de 2010. Oficialmente, es como si nunca hubiera existido. Es decir: no hay ninguna prueba de que las vacunas provoquen autismo; fue todo un fraude.

Casi inexistente en Europa Occidental desde hace décadas, no se había registrado ningún caso en España desde 1987. La difteria reaparece ahora -al igual que el sarampión y otros males que las campañas de inmunización masiva habían acorralado- de la mano de los antivacunas, padres que se niegan a proteger a sus hijos frente a graves enfermedades porque, según ellos, las vacunas no son ni efectivas ni seguras. Suelen decir que no creen en las vacunas, como si la efectividad de éstas dependiera, como la del agua bendita, de la creencia. No, la efectividad de las vacunas está fuera de toda duda. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que las vacunas evitan cada año en el mundo “entre 2 y 3 millones de defunciones por difteria, tétanos, tos ferina y sarampión”. Allí donde se han introducido masivamente las vacunas contra la difteria, el sarampión, la tos ferina y otras enfermedades, las muertes por esas dolencias han desaparecido. Tampoco pasean por nuestras calles menores de 30 años con la cara marcada por la viruela ni jóvenes menores de 20 años cojos a consecuencia de la polio. El problema es que, si las inmunizaciones caen, cualquier enfermedad en retroceso puede resurgir y convertirse en una amenaza para la población desprotegida. Javier Arístegui, pediatra, infectólogo del hospital de Basurto y profesor de la Universidad del País Vasco (UPV), recuerda que en los años 90 se registró un grave brote de difteria en varios países de la antigua órbita soviética en los que la inestabilidad política había hecho que se dejara de vacunar a la población contra la enfermedad: hubo cientos de muertos.

La vuelta del sarampión

El impacto de las vacunas en la salud de Estados Unidos. Gráfico: 'Journal of the American Medical Association'.En diciembre pasado, los bajos índices de vacunación provocaron en Disneylandia (California) un brote de sarampión que superó los cien casos en 14 estados. Según un estudio publicado en la revista Jama Pediatrics, “las tasas de vacunación de la triple vírica entre la población expuesta en la que se produjeron los casos secundarios podrían ser tan bajas como del 50% y probablemente no superaran el 86%. Dada la naturaleza altamente contagiosa de sarampión, son necesarias tasas de vacunación del 96% al 99% para garantizar la inmunidad de grupo y prevenir futuros brotes”. El sarampión es una enfermedad para no tomársela a risa. “Puede ser grave en niños pequeños y causar neumonía, encefalitis (inflamación del cerebro) y la muerte”, explican en su web los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, que añaden que “es tan contagioso que, si alguien tiene la enfermedad, el 90% de las personas a su alrededor también se infectarán si no cuentan con protección”.

¿Y qué hace ante esto TVE en sus informativos? Sirve de altavoz de los antivacunas, de un Miguel jara que vende su negacionismo como una defensa de la libertad de elección paterna a la hora de inmunizar a los niños, de una María José LLadó, médica ambiental, que dice que las vacunas han provocado casos de autismo, y de una Liga para la Libertad de Vacunación que, después del caso de Olot, recomienda a sus fieles que no inmunicen a sus hijos. Como escribí hace cuatro años en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), “no ha lugar a la equidistancia cuando hablamos de ciencia y pseudociencia. Los periodistas no podemos no mojarnos cuando alguien dice que puede levitar o que el VIH no es el causante del sida. Al primero, hay que animarle a asomarse a la ventana y lanzarse al vacío; al segundo, a inyectarse una solución con VIH, renunciar a cualquier medicación y hablamos en unos años. Si no, que se callen”. No puede ponerse en un platillo de la balanza la ciencia y en el otro la anticiencia; quien hace eso es cómplice de la segunda. La próxima vez que una mujer sea asesinada por su pareja, ¿entrevistarán en el Telediario a un sujeto que justifique el crimen y a una hipotética Liga para la Libertad en el Trato Familiar que considere que golpear a una mujer entra dentro de lo normal? La próxima vez que detengan a un criminal que haya abusado sexualmente de menores, ¿sacarán en el Telediario a un sujeto que justifique esa bararidad y a una hipotética Liga para la Libertad Sexual que recomiende a los pederastas persistir en un actitud? Espero que no.

Seguramente, algunos de ustedes creerán que exagero y tienen razón. De momento, vacunar a un hijo no es obligatorio. Usted puede no vacunar a su retoño si no quiere, pero tiene que vacunar a su perro obligatoriamente. Es lo que pasa en España. Si no protege a su hijo contra el sarampión o la polio, nadie puede hacer nada. Se considera que está en su derecho, aunque el niño pueda llegar a pagarlo muy caro. “El calendario vacunal es una recomendación”, apunta Javier Arístegui. “No tiene sentido saltarse la recomendación sanitaria y no cumplir los calendarios de vacunación”, decía el otro día Rafael Cantón, jefe de microbiología del hospital Ramón y Cajal de Madrid. Entonces, ¿por qué las vacunas de ese calendario no son obligatorias? “Nunca han sido obligatorias en España, salvo en circunstancias especiales”, me recordaba Arístegui. “Las vacunas no son obligatorias porque no hay ninguna norma que así lo indique. Nosotros creemos que tienen que ser obligatorias”, me ha dicho Fernando García-Sala, de la SEPEAP. Si el calendario vacunal establece aquellas inmunizaciones que los expertos consideran indispensables, ¿por qué no es obligatorio?

A consecuencia del brote de sarampión de Disneylandia, el Senado de California aprobó el 14 de mayo una ley que obliga a vacunar a los niños antes de ingresar en el jardín de infancia e impide cualquier exención por motivos religiosos, algo bastante común en Estados Unidos. Sólo las causas médicas se consideran válidas a la hora de no inmunizar a un niño. La normativa necesita ahora la aprobación de la Asamblea Estatal de California, tras lo cual la última palabra la tendrá el gobernador del estado, el demócrata Jerry Brown, cuyo portavoz declaró en febrero a Los Angeles Times que “cree que las vacunas son muy importantes y un gran beneficio para la salud pública, y cualquier ley que llegue a su mesa será debidamente considerada”. En Australia, donde el 11% de los niños de 5 años no está vacunado por voluntad paterna, el Gobierno ha decidido que quienes no inmunicen a sus hijos perderán el derecho a los beneficios fiscales que se aplican hasta que los menores cumplen los 5 años.

Las graves consecuencias que puede tener no estar vacunado y el coste que puede suponer para las arcas públicas llevan a algunos especialistas a plantearse por qué debería pagar la sociedad, por ejemplo, la contención de un brote provocado por un pequeño no inmunizado. Dado que la ciencia permite en la actualidad determinar el individuo origen de un brote, si se trata de un niño que no ha sido vacunado por voluntad de sus padres, ¿no sería lógico que lo pagaran éstos? Personalmente, si, por la causa que fuera, un niño no vacunado por deseo paterno me contagiara a mí o a alguien de mi familia de una enfermedad evitable a través de la inmunización, emprendería acciones legales contra sus padres.

Magnificar los efectos secundarios

Otra cosa que han hecho algunos medios estos días es sacar a sus portadas a padres que se convirtieron a la antivacunación porque, según ellos, la inmunización provocó efectos terrible en alguno de sus hijos. Digo según ellos porque en los casos que he visto las terribles consecuencias simplemente coincidieron temporalmente con la administración de alguna vacuna. Basta la coincidencia temporal para que esos padres hablen de causalidad, pero un medio que lleva a portada un caso así -sin la mínima comprobación- está dando a entender que las vacunas son peligrosas, por mucho que luego sostenga en un editorial sque no vacunar es una barbaridad. Un texto de las páginas de Opinión siempre tendrá las de perder frente a un titular alarmista a un cuerpo enorme en la portada.

“El riesgo de complicaciones de las vacunas es mínimo y, desde luego, mucho menor que el de renunciar a ellas”, me recordaba hace unos días Guillermo Quindós, catedrático de microbiología de la UPV. “Gracias a las vacunas, hemos erradicado la viruela, estamos en vías de erradicar la poliomielitis y hemos eliminado de la circulación la rubeola y el sarampión”, añadía Arístegui para quien el caso del pequeño de Olot demuestra que “no se puede bajar la guardia” en la lucha contra males como la difteria. Hoy hemos sabido que 8 de los 57 compañeros de colegio del niño infectado de Olot son portadores de la bacteria y no han desarrollado la enfermedad porque están vacunados. Si no, si sus padres hubieranseguido las directrices de la Liga para la Libertad de Vacunación, estarían gravemente enfermos.

Hace tres días, el secretario de Salud Pública de la Generalitat, Antoni Mateu, abogó por “perseguir de forma punible” a los grupos antivacunas porque con sus mentiras contribuyen a que haya padres que incumplan el calendario de vacunación de sus hijos. Estoy de acuerdo con él. Para mí, son unos criminales que fomentan el maltrato infantil. Porque no proteger a un niño de un enfermedad evitable es maltratarlo.

El Senado de California aprueba una ley que obliga a vacunar a los niños

El Senado de California aprobó ayer, por 25 votos a favor y 10 en contra, una ley que obliga a vacunar a los niños antes de entrar en el jardín de infancia e impide cualquier exención por motivos religiosos. Sólo las causas médicas se consideran validas a la hora de no inmunizar a un niño. La normativa necesita ahora la aprobación de la Asamblea Estatal de California, tras lo cual la última palabra la tendrá el gobernador del estado, el demócrata Jerry Brown, cuyo portavoz declaró en febrero a Los Angeles Times que “cree que las vacunas son muy importantes y un gran beneficio para la salud pública, y cualquier ley que llegue a su mesa será debidamente considerada”.

Niña con Sarampión. Foto: CDC / Barbara Rice.La norma fue propuesta por los senadores demócratas Richard Pan y Ben Allen tras el brote de sarampión de diciembre en Disneylandia, cuyos efectos se dispararon  gracias a los bajos índices de vacunación, según un estudio publicado en la revista Jama Pediatrics, y que superó los cien casos. El sarampión es una enfermedad muy contagiosa y peligrosa. “Puede ser grave en niños pequeños y causar neumonía, encefalitis (inflamación del cerebro) y la muerte”, explican en su web los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, que añaden que “es tan contagioso que, si alguien tiene la enfermedad, el 90% de las personas a su alrededor también se infectarán si no cuentan con protección”

“Las vacunas son necesarias para protegernos, pero esa protección se ha ido erosionando”, advirtió Pan, pediatra, en su discurso previo a la votación del jueves en el Senado de California. “Necesitamos hacer más para proteger a nuestras comunidades”. Si la ley sale adelante, California -en cuyos jardines de infancia hay en la actualidad 13.500 niños sin vacunar por  razones no médicas-, se convertirá en el tercer estado, junto con Misisipi y Virginia Occidental, que impida exenciones a la inmunización por creencias religiosas o personales.

La Organización Mundial de la Salud calcula que las vacunas, que han erradicado enfermedades como la viruela y acorralado a la poliomielitis, salvan cada año entre 2 y 3 millones de vidas. El movimiento antivacunas moderno estalló en 1998 cuando el médico británico Andrew Wakefield publicó en The Lancet los resultados de un estudio según el cual la administración de la triple vírica (SPR) -la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola- provocaba autismo. Considerado hoy en día uno de los grandes fraudes de la historia de la ciencia -el objetivo último de Wakefield era desacreditar la SPR para hacerse millonario con vacunas alternativas-, el trabajo impulsó la antivacunación, primero, en Reino Unido y Estados Unidos y, después, en el resto de Occidente, España incluida. Todos los estudios posteriores han desmontado las afirmaciones del médico británico.

Los bajos índices de vacunación dispararon el brote de sarampión de Disneylandia

Los bajos índices de vacunación dispararon el brote de sarampión de Disneylandia (California) de diciembre, según un estudio que publica la revista Jama Pediatrics. Maimuma Majunder, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y sus colaboradores han calculado que “las tasas de vacunación de la triple vírica (SPR) entre la población expuesta en la que se produjeron los casos secundarios podrían ser tan bajas como del 50% y probablemente no superaran el 86%. Dada la naturaleza altamente contagiosa de sarampión, son necesarias tasas de vacunación del 96% al 99% para garantizar la inmunidad de grupo y prevenir futuros brotes”.

Niña con Sarampión. Foto: CDC / Barbara Rice.El sarampión es una enfermedad muy contagiosa y peligrosa. “Puede ser grave en niños pequeños y causar neumonía, encefalitis (inflamación del cerebro) y la muerte”, explican en su web los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, que añaden que “es tan contagioso que, si alguien tiene la enfermedad, el 90% de las personas a su alrededor también se infectarán si no cuentan con protección”. En 1998, el médico británico Andrew Wakefield publicó en The Lancet los resultados de un estudio según el cual la administración de la triple vírica -la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola- provocaba el autismo. Considerado uno de los grandes fraudes de la historia de la ciencia -el objetivo último de Wakefield era desacreditar la SPR para hacerse millonario con vacunas alternativas-, el trabajo impulsó la antivacunación, primero, en Reino Unido y Estados Unidos y, después, en el resto de Occidente, España incluida.

Majunder y su equipo recuerdan en Jama Pediatrics que, sin vacunación, cada enfermo de sarampión puede infectar a entre 11 y 18 personas y que, aunque todavía no se conoce el índice de contagio del estallido ocurrido en Disneylandia entre el 17 y el 20 de diciembre, que superó los cien casos en 14 estados, el rapido crecimiento del número de enfermos apunta a que la mayoría no estaba inmunizada. “Claramente, las tasas de vacunación de la triple vírica en muchas de las comunidades afectadas por este brote caen por debajo del umbral necesario para mantener la inmunidad de grupo, poniendo así también en riesgo a más población”, concluyen los autores, recordando que los antivacunas no juegan sólo con las vidas de sus hijos, sino con las de todos.