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Vacunas

Javier Arenas y su Power Balance, la sensibilidad química múltiple y los antivacunas, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el 27 de marzo en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de Javier arenas y su Power Balance, la sensibilidad química múltiple y los antivacunas en ETB, en la vigesimasexta entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

Los informativos de ETB 2 hacen apología de la antivacunación. ¿La harán del tabaco próximamente?

Las autoridades sanitarias están cada vez más preocupadas por la moda de la antivacunación, algunos profesionales de la salud españoles ya piden que se castigue con multas y sanciones penales a los padres que no inmunicen a sus hijos y, en Australia, esos progenitores van a tener que pagar más impuestos. Es lógico, con su egoísmo e ignorancia están jugando con la salud no sólo de sus vástagos, sino de todos. El aumento de niños no vacunados pone en riesgo la salud de los lactantes, de aquellos pequeños que no pueden ser inmunizados por circunstancias particulares, de quienes nacieron antes de las campañas de vacunación masivas y no pasaron la enfermedad, y de quienes han perdido o tienen debilitadas las defensas ante el virus, como los receptores de trasplantes de médula ósea. Por eso, cuando ayer por la noche me llamó el psicólogo, y miembro del Círculo Escéptico, Pedro Luis Gómez Barrondo para alertarme de que los informativos de ETB 2 estaban haciendo propaganda de la antivacunación, no podía creérmelo. Sin embargo, así fue.

Un reportaje del Teleberri presentó ayer la antivacunación como una alternativa respetable. Dos testimonios fueron el eje de la información: el de una madre irresponsable que no ha vacunado a sus hijos porque “no cree en las vacunas”, y el de, ¡agárrense!, una médico de familia de Osakidetza, Itziar Larrañaga, quien sostiene que no hay que erradicar enfermedades, que con las vacunas “estamos combatiendo con la energía vital del cuerpo, y esto nos lleva a más intoxicación a lo largo de los años y a la enfermedad crónica”. Dice esta facultativa que hay que “entender la enfermedad como un intento de nuestro cuerpo de recuperar salud y no como si fuera una maldición que nos ha caído por mala suerte”. ¿Y cuál fue el contrapunto a tanto disparate? Simplemente, no lo hubo.

¿Se imaginan que un informativo de una cadena pública hiciera apología de la conducción bajo los efectos del alcohol, el tabaquismo, el consumo de heroína o cocaína…? La gente pondría, en general y lógicamente, el grito en el cielo. Pues, hacer a estas alturas publicidad a los antivacunas, como se hace en este reportaje de ETB, es lo mismo: anima a la población a un actitud que puede poner en peligro vidas. Rafael Bengoa, consejero de Sanidad del Gobierno vasco, y otros expertos dejaron claro en el episodio “¿Salud de consumo?” de la serie Escépticos, emitida por la misma cadena, que la renuncia a la inmunización es un hábito peligrosa. La moda de la antivacunación es consecuencia de uno de los grandes fraudes científicos del siglo XX y de la ignorancia de esa parte de la población proclive a la medicina alternativa y otras supercherías.

“Conducta criminal”

David Moreno, coordinador del Comité Asesor de Vacunas (CAV) de la Asociación Española de Pediatría (AEP) advertía en enero en la revista Jano de que los casos de sarampión en nuestro país han pasado de 173 en 2010 a “más de 3.000, contando los no registrados”, el año pasado. “En España, no ha habido muertos [en el conjunto de Europa, murieron 8 personas y 24 padecieron encefalitis], pero el 10% de los enfermos ha sufrido complicaciones”, indicaba. Moreno reconocía que la cobertura vacunal ha bajado en nuestro país a “un 80% u 85%, cuando lo cierto es que se solía llegar al 95%”. Y Javier Arístegui, experto del CAV, achacaba el fenómeno “a la relajación de los padres con el calendario vacunal”.

“Si por darle un sopapo a un crío te la has cargado, ¿cómo debemos castigar a unos padres que ponen en peligro la vida de sus vástagos y la de las personas que le rodean, teniendo en sus manos el instrumento que puede evitarlo? A mí, ésa me parece una conducta criminal y, por tanto, creo que se merece una sanción penal“, contaba Félix Goñi, director de la Unidad de Biofísica de la Universidad del País Vasco y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a mi compañero Fermín Apezteguia hace un par de meses. A juicio del biofísico vasco, el rechazo a las vacunas “se debe, a la vez, a la ignorancia y al egoísmo”. “Si yo no vacuno a mi hijo en una sociedad de personas vacunadas, casi con toda seguridad no le va a pasar nada ya que hay una probabilidad muy baja de que alguien le contagie. Claro que puede ocurrir que una infección, que al niño vacunado le produzca una enfermedad leve y pasajera, al no vacunado le provoque una grave. La idea de que las vacunas son peligrosas es ridícula y tiene su origen en la ignorancia”, me decía en una entrevista en diciembre.

Las vacunas han acabado con enfermedades como la viruela, por ejemplo, y hecho que la poliomielitis sea en Occidente una rareza. Presentar, en un medio de comunicación, la antivacunación como alternativa a la vacunación es una demostración de periodismo irresponsable. No se puede jugar así con la salud de la población. No se pueden ignorar todas las evidencias científicas para dar voz, acríticamente, a un colectivo cuya actitud supone un riesgo para toda la población. Sinceramente, no tengo adjetivos para calificar este desmán, que espero que provoque reacciones donde debe: en la comunidad científica vasca y en el Departamento de Sanidad, que deberían exigir a ETB una inmediata rectificación.

Aquí tienen el segmento de publicidad contra las vacunas del Teleberri:

“La medicina alternativa no es medicina”, dice el biofísico Félix Goñi

El biofísico Félix Goñi, camino de clase, en los pasillos de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco. Foto: Ignacio Pérez.

Félix Goñi es un apasionado de la ciencia, la cocina, la música y la vida en general. El director de la Unidad de Biofísica de la Universidad del País Vasco y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas reflexiona en esta entrevista sobre el mundo en que vivimos y el rechazo a los avances de la ciencia por parte de una sociedad científicodependiente.

-Hay gente que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor.

-A pesar de lo que dice Jorge Manrique, cualquier tiempo pasado no fue mejor. Lo que pasa es que tenemos en la memoria un filtro maravilloso que hace que olvidemos las cosas malas y recordemos solo las buenas. Por eso, cuando rememoramos la escuela, no recordamos los castigos ni el aburrimiento, sino la sensación de que todo estaba por aprender, de inocencia…

-Siempre lo bueno.

-Sí. Cuando recordamos cualquier éxito personal o profesional, no nos acordamos de lo que nos costó alcanzarlo ni de las veces que no lo conseguimos. Y con la comida pasa lo mismo. Las de la niñez, las recordamos como las mejores. Se nos olvida que las intoxicaciones alimentarias eran entonces extraordinariamente frecuentes. Cuando ahora hay una, sale en el periódico.

-Esa idea de que antes todo sabía mejor y era más saludable es muy común.

-Desde luego, no se come como antes. Ahora, comemos mucho mejor y más sano que nunca. Todos los alimentos que llegan a nuestra mesa han pasado por un montón de controles que antes no existían. La comida es infinitamente más sana y, curiosamente, también es mucho más barata. El porcentaje del presupuesto familiar que se dedica a la comida es mucho menor que hace 50 años porque los alimentos se han abaratado en comparación con el coste de la vida.

-Pero ¿y el sabor?

-Tenemos alimentos más baratos y mejores; pero, claro, en esta vida nada es gratis. ¿Qué prefieres, comer tomates en plena sazón durante uno o dos meses de tu huerta, o de la del vecino, o comer unos tomates aceptables durante todo el año con solo ir al súper? Hay que elegir. Sin ser yo un diplodocus, me acuerdo de cuando solo había tomates en verano. Además, esa agricultura de antes daría de comer a una fracción de la Humanidad, y lo que queremos -lo que yo quiero- es que comamos todos.

-Somos 7.000 millones.

-Somos 7.000 millones, y la Tierra puede producir alimentos para 7.000 millones; pero no puede producir alimentos tipo gourmet para 7.000 millones. Hay hambre porque hay injusticia. Hace cien años en Bilbao -como en Viena y en París-, moría en el primer año de vida un bebé de cada cinco. Ahora, mueren tres de cada mil. En general, cualquier tiempo pasado fue peor. Si fue mejor, lo fue solo para unos pocos privilegiados; pero yo quiero que la vida sea mejor para todos.

La antivacunación

-Ahora, hay padres que se niegan a vacunar a sus hijos porque dicen que les puede hacer más mal que bien.

-¿Por qué hace cien años moría un niño de cada cinco y ahora tres de cada mil? Primero, porque entonces no había alternativa a la lactancia materna y, si la madre no tenía leche, solo cabía buscar un ama de cría -lo que no estaba al alcance de todos los bolsillos- o el bebé moría de inanición. Segundo, por las enfermedades infecciosas. ¿Por qué ha descendido tan espectacularmente la mortalidad infantil? Por la alimentación artificial y por las vacunas y otras normas higiénicas.

-Sin embargo, hay padres que rechazan las vacunas.

-Eso se debe, a la vez, a la ignorancia y al egoísmo.

-¿Por qué al egoísmo?

-Porque, si yo no vacuno a mi hijo en una sociedad de personas vacunadas, casi con toda seguridad no le va a pasar nada ya que hay una probabilidad muy baja de que alguien le contagie. Claro que puede ocurrir que una infección, que al niño vacunado le produzca una enfermedad leve y pasajera, al no vacunado le provoque una grave. La idea de que las vacunas son peligrosas es ridícula y tiene su origen en la ignorancia. Algunos padres han leído que ciertas vacunas pueden suponer ciertos riesgos. Otra característica de nuestra sociedad es que queremos vivir sin riesgos, pero la vida sin riesgo es imposible. No existe. Aunque te quedes en la cama sin moverte toda la vida, existe el riesgo de que te caiga el techo encima. Es un riesgo pequeño, pero está ahí.

-¿Y el de las vacunas?

-Con las vacunas, el riesgo de complicaciones para el niño es infinitamente menor que el que conlleva no vacunarle. Los padres deberían saberlo, porque esto se enseña en la escuela.

-Hay niños que mueren en Occidente de sarampión, paperas y rubéola, enfermedades que pueden evitarse con la triple vírica.

-Aunque sea raro, el niño no vacunado corre un riesgo que puede ser mortal. La antivacunación es, por fortuna, una corriente minoritaria; pero igual, antes de que pase demasiado tiempo, las autoridades tienen que empezar a hacer campañas como las de los años 40 y 50.

-Tuve un compañero en el cole que sufrió la polio y llevaba hierros en las piernas.

-Claro. Y ahora no hay niños con hierros porque la polio prácticamente ha desaparecido gracias a la vacuna. Y, por esa misma razón, tampoco hay gente con la cara picada de viruela.

Ondas y salud

El biofísico Félix Goñi, en un laboratorio de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco. Foto: Ignacio Pérez.-La medicina científica nos ha ayudado a derrotar esas y otras enfermedades y, sin embargo, hay quienes la desprecian en favor de la mal llamada alternativa.

-Es un síntoma más de una característica generalizada de nuestra sociedad, que inconscientemente utiliza de manera masiva la ciencia y la tecnología, pero muchas veces las rechaza de manera consciente. Estamos todo el día pegados al móvil y, al mismo tiempo, diciendo que las ondas de radiofrecuencia producen cáncer.

-Pero no lo hacen.

-Obviamente, no. Después de más de 30 años de estudios, no se ha podido concluir que las ondas de telefonía produzcan cáncer. Nuestra sociedad es una sociedad de nuevos ricos y tiene caprichos rarísimos, y uno es que somos totalmente dependientes de la tecnología y, a la vez, no nos fiamos de la tecnología.

-Usted estudió medicina.

-Sí, medicina y cirugía.

-Hay médicos que son homeópatas, acupuntores…

-Sí, sí. Y hay varias razones para ello: una, que más cornadas da el hambre; otra, que los médicos tienen una formación científica muy limitada y, probablemente, hay algunos que creen en esas cosas; y la tercera es, y es muy importante, que el 60% de los pacientes que va a una consulta de medicina interna no tiene ninguna lesión física demostrable. Dicho de otro modo, tienen el mal en la cabeza, creen que están enfermos, y hay que atenderles.

-Y les basta con el placebo.

-Hombre, cuando uno no tiene un lesión orgánica, da lo mismo tomar agua bendita que homeopatía o cualquier otra cosa: se cura por sugestión. Eso lo han sabido los médicos siempre.

-Pero hay quien muere por elegir esas prácticas y renunciar a tratamientos científicamente probados contra el cáncer y otros males.

-Cuando uno lleva a tal extremo de la necedad, tiene consecuencias terribles. Por fortuna, la mayoría de la gente no es tan tonta ni tan loca cuando le diagnostican una enfermedad grave y se olvida de las medicinas alternativas, que en realidad son pseudomedicinas que tratan falsamente a, muchas veces, falsos enfermos. Lo que no cura la medicina académica no lo cura la pseudomedicina. Si hay gente que no lo entiende, qué le vamos hacer. Vivimos en una sociedad libre en la que podemos equivocarnos incluso con trágicas consecuencias.

-Hasta las autoridades sanitarias llaman a estas prácticas medicinas complementarias, ¿no es un error llamarlas así? Da la impresión de que sirven para algo.

-Las medicinas alternativas no son medicinas. La medicina es la académica, la pública, la que te recetan en el ambulatorio. Como nuevos ricos que somos, seguimos confundiendo lo caro con lo bueno, y hay cosas que son gratuitas y son las mejores. Entiendo que, como la gente ha dejado de creer en las virtudes del agua bendita y de Lourdes, hay quien busca otras cosas no racionales que, por alguna razón, son socialmente más respetadas.

Publicado originalmente en el suplemento Ciencia del diario El Correo.

‘Time’ considera la conexión entre las vacunas y el autismo uno de los más grandes fraudes científicos

Andrew Wakefield, con su esposa Carmel, llegando a la sede del Consejo general Médico, en Londres en enero de 2010. Foto: AFP.

Andrew Wakefield, inventor de la falsa conexión entre la vacuna triple vírica -contra el sarampión, la rubéola y las paperas- y el autismo, es el autor de uno de los más grandes fraudes científicos de la historia, según la revista Time. El médico británico y otros investigadores publicaron en 1998, en The Lancet, un artículo en el cual, tras examinar sólo doce casos infantiles, aseguraban que existía una conexión entre la administración de esa vacuna y el autismo. El estudio tuvo un gran impacto en Reino Unido y, posteriormente, en otros países desarrollados -incluida España-, donde por su causa ha habido desde entonces un decenso de los índices de vacunación. La situación ha llegado a tal punto que algunos Gobiernos están tomando ya medidas para frenar la antivacunación y, con ello, impedir el resurgimiento de enfermedades en retroceso hasta hace poco.

Ningún otro equipo de investigadores ha confirmado la relación entre la MMR y el autismo defendida por Wakefield, quien ha visto como su estudio ha sido completamente desacreditado. En 2004, diez de los coautores de la investigación retiraron su firma del artículo que había desatado la tormenta. En febrero de 2010, The Lancet retiró el texto de sus archivos por fraudulento y, en mayo de ese mismo año, el Consejo General Médico (GMC) de Reino Unido prohibió a Wakefield ejercer en el país por su actitud deshonesta e irresponsable en el trabajo citado. Hace un año, una investigación del periodista Brian Deer, para British Medical Journal, concluyó que la conexión entre la triple vírica y el autismo había sido fruto de un “sofisticado fraude” perpetrado por Wakefield para ganar millones a través de negocios basados en el miedo a la vacuna.

Time coloca ahora a Andrew Wakefield, apóstol del movimiento antivacunas, en la misma vergonzosa galería del fraude científico que el surcoreano Hwang Woo Suk, falso autor de la primera clonación de embriones humanos, y el arqueólogo aficionado Charles Dawson, uno de los implicados en el fraude del hombre de Piltdown, entre otros.

Me ha informado de esta magnífica noticia José Raúl Canay Pazos.