Transgénicos

Pilar Carbonero habla de transgénicos, en Punto Radio Bilbao

Pilar Carbonero, Almudena Cacho y yo hablamos el 18 de febrero en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de transgénicos, en la decimonovena entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

Los transgénicos, en Punto Radio Bilbao

Félix Goñi, director de la Unidad de Biofísica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad del País Vasco (UPV), Almudena Cacho y yo hablamos el 25 de abril en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de los transgénicos, en la séptima entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

Transgénicos del diablo

El Gobierno vasco acordó el 27 de febrero declarar Euskadi zona libre de transgénicos. El Ejecutivo de Juan José Ibarretxe dijo hace casi dos meses que las plantas genéticamente modificadas amenazan “gravemente” al sector agroalimentario vasco porque su existencia supone un riesgo para “los métodos de cultivo tradicionales y ecológicos”. Ahí queda eso. A nuestros políticos les da igual lo que digan los científicos. Da la impresión de que les preocupa más lo que vociferan quienes ocultan a la gente que llevamos jugando con genes desde hace milenios, que los productos de la agricultura tradicional ¡son transgénicos! Y da igual que el Gobierno sea autonómico o central.

El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, al que hay que agradecer que haya dado luz verde a la experimentación con embriones y la clonación terapéutica abominadas por el Gobierno de José María Aznar, prefiere a los ecólatras antes que a los científicos cuando se trata de transgénicos. Los transgénicos tienen mala prensa, aunque estén todos los días en nuestra mesa, estuvieran en la de nuestros abuelos y vayan a estar en la de nuestros hijos por mucha declaración buenrollistaque se haga. Parece que es más seguro jugar con genes al azar, como han hecho desde siempre los agricultores, que realizar sólo los cambios necesarios y ninguno más, como hacen los biotecnólogos.

La Prensa apenas se ha hecho eco -en El Correo publicamos la noticia el martes- de que 120 científicos españoles han suscrito un manifiesto, cuya firma ha coordinado la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), a favor del uso de los transgénicos. En contra del alarmismo del Gobierno vasco -me apostaría lo que fuera a que ni un biólogo de prestigio respalda su postura-, los expertos destacan que, “tras once años de empleo extensivo en países desarrollados (y nueve años en España), sin un solo efecto adverso sobre las personas o el medio ambiente que sea achacable a la moderna modificación genética, la Unión Europea ha establecido un riguroso proceso de autorizaciones paso a paso y caso por caso, basado en el principio de precaución, y aplicado con criterios científicos, transparencia y trazabilidad”.

Miedo a la innovación

Los firmantes –Margarita Salas, Pilar Carbonero, Juan Carlos Izpisua y Santiago Grisolía, entre otros- recuerdan que “la modificación genética de plantas es una realidad tan antigua como la agricultura” y advierten de que nos estamos jugando “el derecho a progresar” de nuestra agricultura. “A pesar de que las autoridades españolas reconocen en nuestro país importantes problemas medioambientales como falta de agua, erosión del suelo, o aumentos en las emisiones de CO2 muy superiores a los comprometidos en el Protocolo de Kioto, no están favoreciendo con sus decisiones la aprobación y empleo de las variedades mejoradas con la tecnología más moderna. Lo cual no solamente envía una señal de alarma a las entidades que invierten en I+D+i en este campo, sino que contribuye a aumentar el impacto sobre el medio ambiente de cada unidad de alimento o biocombustible producido”, dicen.

La incógnita es si el Gobierno central, al que va dirigido el mensaje, hará algo pronto o continuará atemorizado por los ecólatras, como el Ejecutivo de Aznar lo estuvo por los integristas cristianos respecto a la experimentación con embriones, en un país en el que siempre hay en algún sitio elecciones a la vuelta de la esquina. Aunque autocitarse sea feo, les invito a que relean la entrevista que hice en junio del año pasado a la ingeniera agrónoma y bioquímica Pilar Carbonero. Ya dije entonces en esta página que “hablar a favor de los transgénicos es políticamente incorrecto en una sociedad con doble personalidad respecto a la tecnología: es incapaz de renunciar a ella, pero teme casi toda innovación”. Y recordé como “lo de los transgénicos no es nada nuevo en ningún sentido: como reacción popular, entra dentro de lo visto con otros avances recientes; como avance, es tan antiguo como la agricultura, a pesar de que los que se oponen a los transgénicos prefieran ocultárselo a sus seguidores, porque hemos estado mezclando genes de plantas desde que empezamos a cultivar la tierra”.

El problema no sólo es que nuestros políticos no sepan de historia ni de biología, es que además no quieren saberlo. Estaría bien que en el publicitado Año de la Ciencia empezaran a dejarse guiar por pruebas, en vez de por miedos infundados. Por cierto, ¿están también contra la insulina transgénica que se inyectan desde hace años sin problemas los diabéticos de medio mundo, toda España incluida?

El peligro transgénico

“El riesgo cero no existe, ni para los transgénicos ni para caminar por la calle. Para hacer transgénicos, hay que saber mucha bioquímica, algo que no saben los agricultores. Ellos hacen los cruces, meten en las plantas el gen que quieren y otros mil más que no les interesan y reducen el rendimiento, así que luego tienen que hacer retrocruces para ir eliminando los genes sobrantes. Es un proceso muy complejo, muy largo y muy caro”, me explicaba Pilar Carbonero, ingeniera agrónoma y bioquímica, en una entrevista que hoy publica El Correo.

Hablar a favor de los transgénicos es políticamente incorrecto en una sociedad con doble personalidad respecto a la tecnología: es incapaz de renunciar a ella, pero teme casi toda innovación. Recuerden que, hasta hace poco tiempo, Internet era el Mal y todavía se destacaba en los medios de comunicación que una banda de ladrones o de estafadores se comunicara por la Red, cuando llevan décadas haciéndolo por teléfono y viajando en coche sin que nadie demonizara esos inventos. Antes, habían corrido la misma suerte los hornos microondas y, como eco de aquella campaña, está la más reciente contra las antenas de telefonía móvil y las terminales. Lo de los transgénicos no es nada nuevo en ningún sentido: como reacción popular, entra dentro de lo visto con otros avances recientes; como avance, es tan antiguo como la agricultura, a pesar de que los que se oponen a los transgénicos prefieran ocultárselo a sus seguidores, porque hemos estado mezclando genes de plantas desde que empezamos a cultivar la tierra.

“El hombre ha estado manipulando genes desde que se hizo agricultor. Todos esos riesgos achacados a los transgénicos existen desde que la agricultura es agricultura, hace unos 10.000 años. Cuando roturamos un campo virgen y plantamos maíz, disminuimos la diversidad en esa zona. ¿Que algo de polen de maíz vaya a la parcela de al lado? Pues, es posible que haya cruces si están todos plantados al mismo tiempo, si tienen la floración a la vez… En el caso de los transgénicos, todas esas cuestiones están muy controladas y se ponen barreras. El maíz que cultivamos aquí vino de América. No existía en España antes de Colón. Imagínese los trastornos ecológicos que se produjeron entonces: trigo para allá, tomates y maíz para acá…”, argumenta Carbonero. La ventaja de la manipulación directa de los genes frente a lo que hacen los agricultores tradicionales es que sólo se introducen los genes que se quieren y es un proceso totalmente controlado que no depende del azar, como los cruces tradicionales.

Portada del número 11 de la revista ‘Pensar’.“Todos somos transgénicos”, dice en la portada del último número de Pensar, revista que ha llegado a mis manos en coincidencia con la entrevista a Pilar Carbonero. En el editorial, Alejandro J. Borgo recuerda esa estúpida alabanza de lo natural siempre en boca de los opositores a éste y otros avances de la ciencia. “Cuando oigo la palabra natural, se me ponen los pelos de punta. Existe una tendencia a sacralizar lo natural, como si todo lo natural fuera buenísimo y lo artificial, malísimo. En la naturaleza existen grandísimos venenos y no hay que buscarlos en serpientes. El señor que sale a buscar perretxikos y no los distingue bien puede llevarse a casa unas cuantas setas que le fulminen. Hay que desterrar la idea de natural como sinónimo de inocuo”, me comentaba Carbonero hace unos días.

En la revista en español del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), reflexionan sobre la histeria acerca de los transgénicos los biólogos Francisco Prosdocimi y Mariano Moldes. El primero recuerda cosas evidentes: que los transgénicos son una alternativa al uso de pesticidas e insecticidas, que la transgénesis por azar es tan vieja como la vida, que la insulina que se inyectan los diabéticos es producida por bacterias transgénicas -no he visto a ningún ecologista pidiendo su retirada del mercado- y que nosotros mismos somos transgénicos. El segundo ahonda en que hemos practicado la transgénesis desde que nos convertimos en agricultores y ganaderos, y presenta algunos ejemplos.

El undécimo número de Pensar se completa con un artículo sobre el neognosticismo colombiano, de Hernán Toro; otro sobre las máquinas de movimiento perpetuo, obra del físico Celso Aldao; una reflexión del filósofo Carlos E. Bertha sobre cómo hay conversaciones necesarias que son inútiles; las habituales noticias, críticas de libros y cartas al director; y el anuncio de la celebración de la Segunda Conferencia Iberoamericana sobre Pensamiento Crítico.

Pensar es una publicación trimestral del CSICOP, tiene 28 páginas y cuesta 12 dólares por un año y 20 por dos para Iberoamérica, y 15,5 dólares por un año y 26,5 por dos para Europa, EE UU y Canadá. Pueden suscribirse a la revista directamente a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo, además, el giro postal. Los residentes en España pueden hacerlo ahora en euros a través de PayPal en la web del Círculo Escéptico y también mediante un ingreso bancario previa consulta. Los números atrasados pueden conseguirse por los mismos medios.