Transgénicos

Cuatro presenta como un héroe a quien arrasa cultivos transgénicos y vende plantas medicinales venenosas

¿Se imaginan a algún medio de comunicación presentando como un héroe a alguien que haya quemado intencionadamente un bosque porque no le gustan los árboles que crecen en él y que vende productos tóxicos porque cree que curan el cáncer? ¿A qué no? Pues algo así hicieron ayer Noticias Cuatro al mediodía y CNN+ durante toda la jornada con una pieza dedicada a Josep Pamiés, seguidor del activista francés antiglobalización José Bové.

“Josep Pamiés siempre ha apostado por los cultivos ecológicos. En 2006 fue el primer agricultor condenado en España por segar un campo de maíz transgénico”, explicaban en el reportaje. El protagonista se lamentaba de lo “mal visto” que está lo que había hecho y de que la táctica de Bové de segar campos de transgénicos es factible en Francia “porque hay sólo pequeños campos experimentales, pero aquí, en Cataluña, es todo transgénico”. Vamos, que, si no fuera porque no daría abasto, seguiría arrasando los cultivos de otros porque lo que crece en ellos no le gusta.Para coronar la pieza, nos ofrecieron el testimonio de un enfermo de cáncer, Ramón Vidal, que va todos los días a la granja de nuestro héroe para hacerse con hojas de Kalanchoe daigremontiana con las que tratarse contra la enfermedad y de una mujer -¿su esposa?- que indicaba que, “dado que él tiene un cáncer muy malo, lo que no podemos hacer es tomar sólo las plantas: tenemos que también hacer la quimioterapia”. ¡Menos mal!

Ojalá le vaya bien y se cure; aunque entonces atribuya falazmente su sanación al remedio mágico y no a la medicina, como hizo otro cliente de Pamiés, según él mismo cuenta en su blog, poco después de que nuestro agricultor ecologista tuviera noticia de los supuestos poderes anticancerígenos del Kalanchoe. “Unos dos meses más tarde, casualidades de la vida, vino otra persona, Carles, de Lleida, interesado por la Stevia y, al observar la planta colombiana un poco crecida, un poco sorprendido me da la grata noticia de que su mujer con un cáncer de mama con un tumor calificado de grande, al combinar la quimioterapia previa a la cirugía con la colombiana, redujo el tumor más de la mitad de su tamaño y los ganglios linfáticos aparecieron limpios. Me comentó que estos resultados tan positivos los atribuye en buena parte a la planta”.

Paladas de anticiencia

La realidad es que el Kalanchoe daigremontiana es una planta venenosa que contiene un glucósido cardíaco, la daigremontianina, que puede llegar a causar la muerte. Tras el testimonio del paciente de cáncer y su allegada, la reportera de Cuatro recordaba que la venta de algunas llamadas plantas medicinales está prohibida en Cataluña, a lo que Pamiés replicaba que él seguirá vendiendo el Kalanchoe y otras plantas, y regalándolas. ¡Sí, señor! ¿O es que nadie quiere acabar de una vez con la conspiración de las autoridades sanitarias y las farmacéuticas para evitar que enfermos como Ramón Vidal se envenenen con una planta tóxica? “De forma más pacífica, su lucha contra lo químico continúa”, sentenciaba la reportera respecto a Pamiés.

En un vídeo de menos de dos minutos, se alababa la actitud de quienes arrasan campos de transgénicos; se fomentaba un remedio contra el cáncer no sólo no demostrado científicamente, sino que además conlleva la ingesta de una planta venenosa; se daba cobertura a alguien que anunciaba que va a saltarse la ley y seguir comercializando esa planta, aunque eso suponga un riesgo para la salud; y se rubricaba todo ello con la estupidez de que en la agricultura natural no hay química cuando hay química en todo. Ni un palabra de ciencia y paladas de anticiencia en un reportaje a mayor gloria del movimiento antitransgénicos, una iniciativa que cuenta con buena prensa en la misma medida que carece de pruebas científicas en respaldo de lo que sostiene.

Digan lo que digan los profetas de lo natural, lo que ellos llaman productos ecológicos son el fruto de milenios de manipulación de genes, porque el hombre lleva practicando la modificación genética de plantas y animales desde que empezó a domesticarlos, si bien ahora puede hacerlo en el laboratorio con mucha más precisión y seguridad. Como me dijo hace ya ocho años Félix Goñi, director de la Unidad de Biofísica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad del País Vasco (UPV), “los que hoy se oponen a las cosechas transgénicas son los que se oponían al ferrocarril, a la luz eléctrica…”.

Evo Morales y los ecologistas basan su oposición a los transgénicos en lo mismo

Evo Morales, durante una rueda de prensa ayer en Cochabamba. Foto:Reuters.Fíjense si los transgénicos son malos que causan homosexualidad y calvicie. No lo digo yo. Lo ha dicho Evo Morales en la I Conferencia Mundial de Pueblos sobre el Cambio Climático y la Madre Tierra, que se celebra en Cochabamba. “El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”, ha sentenciado. Y ha añadido: “La calvicie que parece normal es una enfermedad en Europa. Casi todos son calvos y esto es por las cosas que comen, mientras que en los pueblos indígenas no hay calvos, porque no comemos otras cosas”. El presidente boliviano achaca a los pollos y al ganado vacuno criado con hormonas que las niñas desarrollen el pecho prematuramente y asegura que, desde que sabe eso, sólo come animales criollos, libres de los transgénicos.

Al pronunciarse sobre los transgénicos, Morales o no sabe de lo que habla o miente descaradamente. Porque los organismos genéticamente modificados (OGM) están con nosotros desde hace milenios, desde que el hombre inventó la agricultura. Morales o ignora eso o lo oculta a sus conciudadanos, como hacen sistemáticamente las organizaciones ecologistas y agrarias occidentales, que han marcado inmediatamente ciertas distancia con el discurso del líder sudamericano.

“Esperamos que esto no oscurezca ni la lucha contra los transgénicos, fundamentada en motivos científicos, ni la denuncia de Morales del modelo de agricultura industrial”, ha declarado David Sánchez, de Amigos de la Tierra. Andoni García, de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), ha dicho que el presidente boliviano representa la lucha contra los transgénicos “más allá de errores que se puedan cometer a lo largo de un discurso”. Y Juan Felipe Carrasco, de Greenpeace, ha admitido que las afirmaciones de Morales sobre los transgénicos, la homosexualidad y la calvicie son “científicamente incorrectas”; es decir, falsas.

Explotando el miedo y la ignorancia

Es astuto por parte de los ecologistas y agricultores antitransgénicos desmarcarse del discurso homófobo de Morales; pero en el fondo ellos hacen lo mismo: presentan los OGM de laboratorio como un riesgo para la salud sin ofrecer ninguna prueba; se aprovechan de algo tan humano como el miedo a lo nuevo para ganarse el apoyo de una opinión pública con más prejuicios que conocimientos. Los ecologistas europeos amenazan a sus conciudadanos con terribles enfermedades si consumen unos productos que salen al mercado sólo después de rigurosos controles y el presidente boliviano a sus paisanos con que se van a volver homosexuales. Es lo mismo: uno y otros explotan el miedo y los prejuicios de la gente en busca de un apoyo sentimental a una causa, la antitransgénica, que carece de fundamento científico.

Como explicaba hace unos días el biólogo Juan Ignacio Pérez en un artículo titulado ‘El avance de la sinrazón’, el freno a los OGM en el Viejo Continente “es la lamentable consecuencia de la debilidad de los gobiernos europeos ante el movimiento ecologista y de los temores de una opinión pública no suficientemente bien informada o, lo que es peor, excesivamente frívola”. Y, como acaba de recordar el biólogo Pere Puigdoménech, ya había calvos y homosexuales antes de los transgénicos.

“La agricultura ecológica debería usar transgénicos”, dice la bioquímica Mertxe de Renobales

Mertxe de Renobales. Foto: UPV.“No hay ninguna razón científica para que la agricultura ecológica no utilice los cultivos transgénicos resistentes a insectos, a virus y enfermedades, los tolerantes a la sequía y los que aportan mejoras nutricionales, para aumentar su productividad por el sencillo procedimiento de reducir las pérdidas a la vez que mejora la calidad nutricional de estos productos”, dice Mertxe de Renobales, profesora de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad del País Vasco, en un estudio por el que ha ganado el prestigioso premio Junta General del Principado-Sociedad Internacional de Bioética (SIB). El trabajo, titulado Alimentos más sostenibles: las semillas transgénicas en la agricultura ecológica explora la conveniencia del uso de organismos modificados genéticamente (OGM) en este tipo de práctica agrícola, según informa la UPV.

El estudio destaca que la filosofía de la agricultura ecológica de no usar compuestos químicos no naturales casa perfectamente con el cultivo de transgénicos, pero implica, que al no utilizarse plaguicidas y fertilizantes industriales, las explotaciones ecológicas tengan un menor rendimiento que las convencionales. La consecuencia, explica la autora, es que “la agricultura ecológica no es sostenible a largo plazo debido a su bajo rendimiento: se necesitaría aumentar mucho la superficie de cultivo si esta fuera una manera generalizada de producir alimentos para resolver los problemas de malnutrición crónica y severa, principalmente en muchos países en desarrollo”.

Para esta investigadora, la actitud antitransgénica europea ha llevado a países africanos necesitados de aumentar su producción alimentaria a rechazar sin más el uso de los OGM y a una reducción de las ayudas para mejorar la productividad agrícola en África. De Renobales defiende que la adopción de los transgénicos por parte de la agricultura ecológica conllevaría un aumento de la productividad de esa práctica, reduciendo la cantidad de superficie agrícola extra y la destrucción de hábitats para cubrir las necesidades básicas de una población mundial en aumento y beneficiaría a los pequeños productores de los países en vías de desarrollo.

Lamentablemente, no creo que este estudio ni otros allanen el camino a los transgénicos en el mundo y menos en una Europa Occidental donde la oposición a estos organismos es cuestión de fe, no de ecología, sino de ecolatría. Como me contaba en una entrevista la bioquímica Pilar Carbonero, “la agricultura biológica es un capricho de niños ricos. ¡Intente alimentar con agricultura biológica a 6.000 millones de personas! Agricultura biológica es la que practican los pobres en el África subsahariana porque no tienen dinero ni para comprar buenas semillas, ni para fertilizantes, ni para agua…”. Y recordaba que “todos los riesgos achacados a los transgénicos existen desde que la agricultura es agricultura, hace unos 10.000 años”. Porque fue hace milenios cuando empezamos a manipular genes, en contra de lo que quieren hacer creer algunos a la opinión pública. La ventaja de la manipulación directa frente a lo que hacen los agricultores tradicionales es que sólo se introducen los genes que se quieren y es un proceso totalmente controlado que no depende del azar, como los cruces tradicionales.

Vídeo de la conferencia de Pilar Carbonero sobre evolución, plantas y transgénicos

La bioquímica Pilar Carbonero habló el 19 de febrero en Bilbao de Evolución bajo dominio humano en el reino vegetal, dentro de los actos organizados por el Círculo Escéptico, el diario El Correo, la Universidad del País Vasco (UPV), el Ayuntamiento de Bilbao, el Centro para la Investigación, la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, y el CIC bioGUNE, con motivo del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin. Aquí tienen el vídeo de la conferencia, por cortesía de la UPV.