Transgénicos

Neil Young arremete contra Monsanto en su último disco

Neil Young dedica su último disco a atacar a Monsanto y los organismos genéticamente modificados (OGM). El veterano cantautor, de 69 años, ha grabado The Monsanto years, que sale a la venta a finales de mes, en colaboración con los hijos de Willie Nelson, también militantes antitransgénicos, según Rolling Stone. “A nadie le gusta Monsanto. Nadie quiere OGM en su comida o, al menos, quiere saber si los tiene para poder decir no. Estoy orgulloso de estar en el bando de Neil”, ha dicho Lukas Nelson a la revista.

neil-young-monsanto-yearsYoung y su banda interpretaron en abril las nueve composiciones del álbum en un concierto en San Luis Obispo (California). “Cada vez que mencionábamos a Monsanto en una canción, la multitud gritaba, aplaudía y lanzaba puñetazos al aire. Fue una sensación increíble”, recordaba Micah Nelson en Rolling Stone. “Quiero una taza de café, pero no quiero OGM”, canta Young  en A rock star bucks a coffee shop. “Me encanta empezar mi día libre sin ayudar Monsanto. / Monsanto, deja a nuestros agricultores que cultiven lo que quieran / desde los campos de Nebraska hasta las orillas del Ohio. / Los agricultores no son libres para cultivar lo que quieren / si el control corporativo se hace cargo de la granja americana / con los políticos fascistas y los gigantes químicos caminando cogidos del brazo”, dice en una de las piezas el cantante, enemigo declarado de la multinacional agroquímica desde hace años.

Hay actores partidarios todo tipo de pseudoterapias o dietas, cantantes antitransgénicos, cómicos antivacunas y otros rostros populares ponen su nombre al servicio de la anticiencia constantemente. ¿Habrá alguna vez personajes del mundo del espectáculo que aboguen por la razón, la ciencia y el pensamiento crítico? Supongo que los hay y me temo que, si no lo hacen, es por temor a ser blanco de ataques

“No hay ninguna prueba de que comer ecológico sea mejor para la salud”, dice José Miguel Mulet

José Miguel Mulet es profesor de la Universidad Politécnica de Valencia e investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, y también la bestia negra de la denominada agricultura ecológica. Con su primer libro, Los productos naturales ¡vaya timo! (Laetoli, 2011), saltó con fuerza a la arena de la divulgación para defender las bondades de la biotecnología aplicada a nuestra dieta. Ahora, en Comer sin miedo (Destino), desmonta las mentiras y mitos del mundo de la alimentación y avisa, entre otras cosas, de que hay más tecnología en un tomate de la tienda de la esquina que en un iPhone.

-¿Come mucha gente con miedo en España?

-En España y en todo el mundo. Sólo tienes que abrir el correo electrónico y verás que continuamente te llegan mensajes diciendo que tal alimento es cancerígeno, que los conservantes nos están envenenando… Circula mucha información sobre supuestos peligros de determinados alimentos.

-¿Cuál es la última locura que le ha llegado?

-Como están de moda dietas que sostienen que la leche es lo peor de lo peor, no hay día que no se diga una cosa mala de ella. Como locura peligrosa, que el cáncer puede curarse con una dieta.

-¿La leche es tan mala como dicen quienes recalcan que somos el único mamífero que la toma de adulto?

-También somos el único mamífero que hace bacalao al pil pil, y nadie se plantea que sea malo. Obviamente, la gente con intolerancia a la lactosa o álergica leche no debe tomarla. Pero, al margen de esas excepciones, es un alimento tan válido como cualquier otro. Los mamíferos adultos no beben leche en la naturaleza porque no pueden disponer de ella, pero ponle un plato de leche a un gato y ya verás. También los animales comen carne cruda y nosotros, asada.

-Por esas mismas, también podrían argumentar que no estamos hechos para comer carne asada, ¿no?

-Claro. Sin embargo, según algunos antropólogos, comer carne asada es lo que nos ha hecho inteligentes, porque facilita la digestión, se asimilan mejor algunos nutrientes… Es una teoría del antropólogo Richard Wrangham, con quien no todo el mundo está de acuerdo.

-¿Qué tiene que ver la carne cocinada con la inteligencia?

-Nuestro cerebro consume muchísima energía; es un órgano muy caro de mantener. Es como un aparato eléctrico que consuma el 25% de toda la energía de casa. Las digestiones más rápidas y fáciles pudieron permitir aumentar la cantidad de energía que obteníamos del alimento y, a la vez, acortar los intestinos, y el excedente energético pudo ir a parar al cerebro que, entonces, pudo mantener nuevas funciones.

-¿Hemos comido alguna vez más seguro que ahora?

­-Con los datos en la mano, no. Sólo hay que ver que hace 40 años en España había gente que se moría de cólera. Hoy, gracias a la seguridad alimentaria, que incluye el agua, el cólera no existe.

El bioquímico José Miguel Mulet, entre tomateras en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas de Valencia. Foto: Irene Marsilla.

Conservantes y colorantes

-Entonces, ¿por qué tenemos esa sensación de inseguridad?

-Porque hay etiquetas que nos informan. Cuando comes cosas sin etiqueta, parece que no tengan nada; pero los conservantes se han utilizado toda la vida. Y menos mal, porque, si no, mucha más gente hubiera muerto. Ahora están regulados, se han prohibido los que pueden dar algún problema y sabemos exactamente qué cantidades podemos utilizar de cada uno.

Sin embargo, mucha gente considera que la leyenda “sin conservantes ni colorantes” es un plus de calidad.

-Sí. Sin embargo, a mí me asusta. La gente piensa que “sin conservantes ni colorantes” es sinónimo de calidad, pero no lo es. Además, muchas veces tampoco es del todo cierto que no los lleven. Por ejemplo, en la etiqueta de un pan de molde que se vende como 100% natural, no sale ningún número E. Eso podía llevarte a pensar que no lleva ni conservantes ni colorantes. Un conservante es el ácido acético. Si lo usas, tienes que poner ácido acético-E260. En ese pan de molde ponen vinagre, uno de cuyos componentes es el ácido acético. Al final, llegas al mismo sitio, aunque hagas trampas.

-Algunos dicen que nunca hemos comido tan artificial y que hay que volver a la alimentación natural.

-En alimentación, lo natural no existe. Toda la vida hemos comido artificial. Si el hombre dejara de existir de repente, las especies vegetales y animales domesticadas desaparecerían con él.

-Entonces, ¿la agricultura y la ganadería ecológicas…?

-La agricultura y la ganadería ecológicas son buenas intenciones pésimamente desarrolladas. Hacer una agricultura y una ganadería más respetuosas con el medio ambiente es una iniciativa muy buena. Pero siempre han importado más el rollito espiritual y la ideología que la evidencia científica. Ahora, el problema es que producción ecológica es la que se adapta al reglamento europeo de producción ecológica, que muchas veces no tiene en cuenta la evidencia científica. Al final, en ese reglamento lo preponderante es que todo lo que metas sea natural.

-Dice en Comer sin miedo que un producto no se considera ecológico porque su cultivo sea más respetuoso con el medio ambiente o emita menos CO2, sino sólo por encajar en ese reglamento.

-Es que es así. Cuando consume ecológico, la gente muchas veces no sabe realmente lo que está comprando. Según las encuestas de consumo, más de un 70% de la gente que empieza a comprar productos ecológicos lo hace porque piensa que van a ser mejores para su salud.

-¿Y no lo son?

-No, no hay ninguna evidencia científica de que un producto ecológico sea mejor para la salud que uno convencional.

-Pero son bastante más caros.

-Lo ecológico es muy caro porque los métodos de producción que permite el reglamento europeo están obsoletos y son muy poco eficientes. Si la producción de cualquier cosa es muy poco eficiente, el precio sube. No permite, por ejemplo, ciertos fitosanitarios. Un error típico es creer que un producto ecológico no ha sido tratado con pesticidas, cuando, sin embargo, lleva los que autoriza el reglamento. El problema es que los autorizados son los llamados naturales y no siempre son los mejores. Hay pesticidas sintéticos que funcionan mejor y van mejor a las plantas, pero, como no te dejan utilizarlos, tienes que usar los peores. Eso sí, naturales.

Alertas alimentarias

-Usted afirma que la mayoría de las intoxicaciones alimentarias que hemos sufrido en Europa en los últimos años han tenido su origen en productos ecológicos.

-La intoxicación más grave fue la mal llamada crisis del pepino, que tuvo su origen en brotes de fenogreco ecológico. Murieron unas 40 personas y hubo 4.000 hospitalizaciones por un producto ecológico. Luego, hemos tenido más alarmas que no han llegado a los medios, pero han provocado hospitalizaciones. Por ejemplo, una retirada de huevos ecológicos en Alemania porque iban cargados de dioxinas. También tuvimos una contaminación de trigo sarraceno ecológico en Francia con siete hospitalizados, y no fue la primera vez. El consumo de productos ecológicos es minoritario porque son muy caros y, sin embargo, es más fácil que haya alertas por productos ecológicos contaminados que por convencionales.

-¿Por qué? ¿Están menos controlados?

-Porque es más difícil controlarlos, ya que son producciones pequeñas que, muchas veces, también se distribuyen a pequeña escala. Además, el reglamento europeo, al que sólo preocupa si algo es natural o artificial, permite prácticas con riesgo sanitario, como el abono con estiércol.

-¿Es más seguro no comer productos ecológicos?

-No quiero asustar a la gente. Para asustar a la gente, ya están los grupos ecologistas. La comida en Europa es segura. Pero sí es verdad que, con las estadísticas en la mano, es un poco más segura la convencional que la ecológica.

-Con esas mismas estadísticas, usted sostiene que en diecisiete años de transgénicos no ha habido ningún problema en Europa.

-Ni en todo el mundo.

-¿Cómo se explica, entonces, la oposición a los transgénicos?

-Es algo propiamente europeo. Si vas a Estados Unidos, allí ni siquiera Greenpeace hace campaña contra los transgénicos. Cualquier lector puede visitar la página web de Greenpeace Internacional y comprobar que en la portada no sale nada contra los transgénicos, como sí sale en la de Greenpeace España.

-¿Está diciendo que Greenpeace mantiene un discurso diferente según el país?

-Sí. En Europa son mucho más radicales. En EE UU son más tibios y ni siquiera llevan el tema a la portada de su web. ¿A qué se debe la oposición europea a los transgénicos? Hay motivos históricos. La de los transgénicos es una tecnología estadounidense y, en un principio, las grandes empresas europeas quisieron bloquear las fronteras a esos productos para protegerse frente a sus competidores y vieron con buenos ojos las campañas ecologistas. Eso pasó en 1995. Ahora, esas mismas compañías se han dado cuenta de que no pueden recuperar el terreno perdido porque las leyes europeas no les dejan hacer nada.

-¿En serio?

-Sí. Están atadas de pies y manos porque el proceso para conseguir autorización para un producto transgénico es carísimo y, además, no garantiza que, después de invertir cientos de millones de euros en su desarrollo, te lo vayan a aprobar. BASF estuvo doce años trabajando con una patata transgénica, la Amflora, que produce un almidón ideal para algunas aplicaciones industriales. Al final, consiguió la aprobación y, de repente, Alemania se sacó de la manga nuevas leyes y controles. ¿Qué hizo BASF? Cerró toda la división de investigación en plantas y se la llevó a EE UU.

-¿Eso no pone el futuro agrícola europeo en manos de EE UU?

-Exacto. Porque, además, los transgénicos ya están en Europa. Los importamos. El algodón de los billetes de euro es transgénico. A nuestros agricultores no les dejamos utilizarlo, pero importamos el producto elaborado. Estamos ahogando al campo. No le estamos dejando competir en igualdad de condiciones.

-La oposición se centra en los transgénicos creados en laboratorio, pero, en realidad, llevamos comiendo organismos genéticamente modificados por nosotros miles de años, ¿no?

-Sí. El trigo, por ejemplo, es un híbrido de tres especies; son tres genomas de tres organismos diferentes fusionados. Es lo que se llama un paleotransgénico. Hemos modificado el genoma de todo lo que comemos. La diferencia es que, en el caso de los transgénicos, sabemos exactamente lo que hacemos.

¿Productos autóctonos?

'Comer sin miedo', de José Miguel Mulet.-Explíquese.

-En un transgénico, cogemos un trozo de ADN de un organismo –que le proporciona resistencia a un insecto o tolerancia a un herbicida– y se lo ponemos a otro. Sabemos, en todo momento, lo que cambiamos. Antiguamente, las especies también se mejoraban. El maíz que cultivamos no se parece en nada al teosinte, su antepasado silvestre. ¿Cómo se hacía? Cuando alguien se encontraba con una mutación espontánea que hacía al espiga más grande o de un color más bonito, la seleccionaba y la utilizaba para semilla. Luego, en los años 50, aceleramos ese proceso natural usando radiactividad para provocar mutaciones y seleccionar las plantas más interesantes entre ellas. Ahí no sabes lo que ha pasado.

-Sólo ves el producto final, y la planta puede haber sufrido otras mutaciones no deseadas, ¿no?

-Eso es. Y podía suceder que consiguieras una planta preciosa y sólo después te dieras cuenta de que acumulaba un tóxico, como ocurrió con una variedad de puerros que tuvo que retirarse. Mediante este procedimiento, que parece tan marciano, es como se han conseguido todas las legumbres, frutas y verduras que hay en los supermercados.

-Lo que compramos y creemos que es de toda la vida.

-Eso se ha hecho bombardeando el genoma a lo bestia, llevándote luego las semillas al campo y viendo la planta que salía y decidiendo, por ejemplo, cultivar un nuevo pimiento amarillo, en vez de rojo o verde.

-Hablando de pimientos, es muy divertido ver que casi todo el mundo considera los de su región como autóctonos.

-Sí, cuando los pimientos vienen de América. Para más inri, dicen: “Es que yo quiero consumir variedades locales”. Perdona, tu variedad local, en algún momento, fue foránea.

-Si quisiéramos comer productos naturales y autóctonos, tendríamos que renunciar al tomate, el pimiento, la patata…

-Si vas más atrás en el tiempo, de la mayoría de los cultivos. Las cinco zonas de donde vienen las especies de las que nos alimentamos son el Creciente Fértil (Oriente Próximo), África ecuatorial, Mesoamérica, los Andes y la región australasiática. En Europa, surgen las manzanas, algunas variedades de frutas del bosque y poco más. Lo tendríamos muy complicado para una alimentación equilibrada.

“Mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación”, el lunes en Bilbao con José Miguel Mulet

Sección de frutería de un supermercado. Foto: Linsensuppe.¿Es la comida actual peor que la de tiempos de nuestros abuelos? ¿Los alimentos del supermercado son más malos que buenos? ¿La llamada producción ecológica es mejor para nuestra salud y, por eso, es más cara? ¿Deberíamos consumir, ante todo, productos autóctonos?  ¿Y qué me dice de los riesgos de los transgénicos? A todas estas preguntas, y muchas más, responderá el lunes el bioquímico José Miguel Mulet, autor del libro Comer sin miedo (Destino), a partir de las 19.30 horas en la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao.

Autor del también recomendable Los productos naturales ¡vaya timo! (Laetoli, 2011), Mulet es profesor de la Universidad Politécnica de Valencia e investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas. En los últimos años, se ha convertido, además, en uno de los divulgadores científicos de referencia en España por su capacidad para transmitir al público conocimientos de una manera clara y provocadora. “Por mucho que te lo digan, la comida natural es un mito. Toda la comida es fruto de la selección artificial, de la mejora genética y por tanto de la tecnología. Por eso, en un tomate tienes más tecnología que en un iPhone 5, y además es más barata, con lo que todos podemos disfrutar de ella. No somos lo que comemos, comemos lo que somos”, advierte.

Mulet hablará en Bilbao de Mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación, en un acto organizado por Destino, la Biblioteca de Bidebarrieta, el Círculo Escéptico y El Correo. La entrada será gratuita hasta completar el aforo. Yo tendré el placer de presentar al conferenciante y conducir el posterior debate.

‘Mundo Obrero’ censura un artículo en defensa de los transgénicos: el dogma ‘ecólatra’ contra la razón

Mundo Obrero, la publicación oficial del PCE, ha borrado de su web un artículo de Juan Segovia, estudiante de psicología y afiliado al partido, porque defiende el uso los organismos genéticamente modificados en la agricultura y eso es contrario al dogma imperante en la formación. Al igual que la Iglesia católica no admitía, en el siglo XVII,  la teoría heliocéntrica y condenó por ello a Galileo, el PCE rechaza, en el siglo XXI, décadas de investigación científica por su apego al dogma ecólatra. Por fortuna, el silenciamiento no puede ir más allá -ya no hay ni Inquisición ni  checas- y, además, el artículo “Ecologismo y transgénicos: una propuesta desde la izquierda” lleva días clonándose por la Red.

La censura del texto de Segovia fue una iniciativa de Raúl Ariza, coordinador de IU en Zaragoza, que contó con el respaldo expreso de José Luis Centella, secretario general del PCE. El pretexto es que el artículo “no expresa la opinión aprobada en los órganos del PCE” y, por tanto, no ha de tener lugar en el órgano informativo del partido. Normalmente, en todo medio de comunicación, la opinión de sus dueños se expresa a través de los editoriales, mientras que los artículos firmados son responsabilidad de sus autores y sirven para exponer al lector y a debate diferentes modos de enfrentarse a la realidad. Siguiendo esa política, Mundo Obrero ha publicado un artículo de José Miguel Mulet en el cual el biotecnólogo apuesta por los transgénicos, sostiene que “la mayoría de la información que circula sobre el tema es inexacta o directamente falsa”, explica que la transgénesis forma desde hace mucho tiempo parte de nuestras vidas y advierte de que “una negativa total al uso de esta tecnología sólo redunda en un perjuicio a los agricultores y en última instancia a toda la sociedad”. ¿Por qué, entonces, se censura el texto de Segovia? La única explicación que le encuentro a ese diferente criterio es que es alguien de dentro y que , en el PCE, el que se mueve no tiene que salir en la foto. ¿Y qué es lo que dice el silenciado autor? Cosas como:

“Los defensores de los organismos genéticamente modificados (entre los que me encuentro) sostenemos que no hay estudios que demuestren la supuesta peligrosidad de estos organismos (lo que no quita que pueda haber algún estudio concreto de algún organismo concreto, en situaciones experimentales muy concretas). A esta falta de pruebas sobre la peligrosidad, se suman las numerosas pruebas en sentido contrario, como la que apuntan que estos organismos pueden contribuir a mejorar el medio ambiente, ya sea gracias a la capacidad de algunos para resistir a las plagas (lo que conlleva un menor uso de pesticidas), la menor necesidad de agua para su producción en otros casos y un largo etcétera de mejoras que hacen que los cultivos sean más resistentes y productivos. A estas ventajas medioambientales, se suman también otras para la salud humana. Un buen ejemplo de ello es el arroz dorado, que de ser producido en grandes cantidades podría evitar más de un millón de casos de ceguera al año por déficit de beta-carotenos en Asia, o el trigo sin gluten que recientemente se ha desarrollado en la Universidad de Córdoba.”

Segovia resume así los argumentos científicos a favor del uso de los transgénicos. En la otra esquina del cuadrilátero, Ariza y Centella se apoyan en el dogma del partido, un no a los transgénicos basado en prejuicios tecnófobos. Si los afiliados del PCE acordaran mañana que la ley de la gravedad es contraria a su modo de ver el mundo, ¿saltarían sus dirigentes desde un quinto piso? El psicólogo Eparquio Delgado consiguió, en diciembre pasado, que la X Asamblea Federal de IU aprobara una resolución de rechazo a la homeopatía y las otras terapias pseudocientíficas. Una pequeña, pero importante, victoria en una lucha política que no ha hecho nada más que empezar y que no afecta sólo a la formación de izquierdas. No se  crean que otros partidos son menos dados a la superchería. Los antiantenas, los antitransgénicos, los impositores de sus creencias religiosas, los adoradores de lo natural, los antivacunas, los conspiranoicos, los tergiversadores de la historia y demás campan a sus anchas en el arco parlamentario español.

‘Escépticos’ recibe una mención especial en los premios de divulgación de Tecnalia

De izquierda a derecha y de arriba abajo, Fernando Goitia, Guillermo Roa, Rosa Martín, Luis Alfonso Gámez, Irene Vaquerizo, Cristina Moreno, Eva Caballero y Jose A. Pérez.

El episodio de la serie de televisión Escépticos dedicado a los transgénicos ha recibido una mención especial en la sexta edición del Premio de Periodismo Tecnalia a la Divulgación de la Investigación e Innovación Tecnológica. El jurado considera que “este trabajo cumple con el requisito de acercar estos temas a un público no interesado, a priori, por la ciencia y la tecnología por medio de un lenguaje audiovisual dinámico y colorista, muy adecuado para el formato televisivo e Internet”. Hace tres meses, el episodio “¿Fuimos a la Luna?” mereció el premio Prisma Casa de las Ciencias a la Divulgación 2012 “por la presentación del tema en un formato original e innovador, que logra involucrar a un público amplio en el interés por la ciencia, fomentando el uso del espíritu crítico y el uso del método científico”.

Tales reconocimientos expresos al hecho de que Escépticos acerca la ciencia a la gente de la calle nos llenan de satisfacción a todos los implicados en la serie de ETB, porque ése es el objetivo que nos marcamos Jose A. Pérez y yo desde el inicio del proyecto en el verano de 2010 y, posteriormente, todos y cada uno de los miembros del equipo. En “¿Modificación genética?”, el jurado los premios Tecnalia considera que “se explica, de forma clara y sencilla, qué es y cómo se lleva a cabo la modificación genética, eliminando de la mente del espectador los prejuicios que pudiese tener respecto a la ingeniería genética”.

Así que Jose y yo estábamos hoy muy contentos durante el acto de entrega de los galardones en San Sebastián, donde hemos tenido oportunidad de felicitar a los ganadores en las distintas categorías: Fernando Goitia, por su reportaje “¿Exportar I+D?, sí podemos”, publicado en el XL Semanal; Eva Caballero, directora y presentadora del programa “La Mecánica del Caracol”, en Radio Euskadi; Irene Vaquerizo, Cristina Moreno, Fernando Rodríguez, Santiago Aguilar, Ildefonso Urban, March Folch, Javier Mula y Miguel Ortiz, por su reportaje “Smart city: ciudades del futuro”, emitido en Informe Semanal de La 1; Guillermo Roa, por su reportaje “La esperanza bioartificial”, publicado en euskera en Internet; y Rosa M. Tristán, por el reportaje “La ciencia, agente solidario de las hambrunas”, publicado en El Mundo y merecedor de la otra mención especial.