Tom Wolfe

Las estupideces de algunos ‘genios’, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes de las estupideces de algunos genios, en la duodécima entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

Aberraciones intelectuales

Bruno Latour. Foto: Garitano.Tom Wolfe, padre del nuevo periodismo y novelista, cree que “la teoría de la evolución es un mito”. Lo dice en las entrevistas promocionales de su libro The kingdom of speech (El reino del habla), que salió en agosto a la venta en Estados Unidos. Sostiene que no hay pruebas de la teoría de Charles Darwin y Alfred Rusell Wallace, que “no es comprobable. La evolución significa que no puedes ver lo que sucederá a menos que vayas a vivir durante 7 millones de años, no se puede explicar, es totalmente imposible”, ha afirmado en El Mundo.

“Es un inculto, un ignorante integral. Habla de lo que no sabe. Sólo hace falta ir a la Wikipedia para ver que lo que dice no tiene ninguna base. Hay 160 años de pruebas paleontológicas, genéticas y experimentales de la evolución”, sentencia el biólogo Juan Ignacio Pérez Iglesias. Para el titular de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, si no se ridiculiza a Wolfe es porque “es un gurú del mundo de las letras, en el que, por lo visto, está permitido ser un ignorante en ciencia y opinar de ciencia. Es el típico fenómeno posmoderno: se considera normal que gente que no tiene ni idea de algo opine de ese algo y, además, no se cuestiona lo que dice. El caso de Wolfe es descarado. Lo único que busca es vender muchos libros y ganar dinero”. Sea cual sea la causa, Wolfe no es más que el último de una larga lista de pensadores que sostienen todo tipo de estupideces. Está bien acompañado en el olimpo del disparate.

Los posmodernos

Patólogos franceses examinaron en 1976 la momia de Ramsés II (1300 aC – 1213 aC) y concluyeron que había muerto de tuberculosis. “¿Cómo pudo morir a causa de un bacilo descubierto en 1882 y de una enfermedad cuya etiología, en su forma moderna, sólo data de 1819 en la consulta de Laennec? ¿No es anacrónico?”, preguntaba Bruno Latour en 1999. Para el sociólogo y antropólogo francés, achacar a la tuberculosis la muerte de Ramsés II está tan fuera de lugar como afirmar que lo mataron con una ametralladora. Siguiendo esa peculiar línea de razonamiento, ¿giraba la Tierra alrededor del Sol antes de Copérnico?, ¿qué nos tenía pegados al suelo antes de que Newton formulara la ley de la gravitación universal?

“Es algo muy burdo. Latour es uno de los principales autores posmodernos, a los que une un cierto desprecio hacia la idea de racionalidad y objetividad, hacia la búsqueda de la verdad a través de la ciencia. Lo consideran un sesgo de la cultura occidental colonialista del que hay que prescindir”, explica Jesús Zamora Bonilla, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la UNED. “Lo que dice Latour es ridículo -coincide Pérez Iglesias-. Para los posmodernos, la ciencia es una construcción social y algunos niegan que exista la realidad objetiva. El movimiento ha producido aberraciones intelectuales”.

En la misma línea absurda de Latour, aunque por otras razones, hay científicos de renombre. El caso más extremo es el del estadounidense Kary Mullis, premio Nobel de Química. Niega que el VIH cause el sida, cree en el horóscopo y dice que una noche se encontró en su cabaña de las montañas con un “mapache verde brillante” alienígena. Consumidor de grandes cantidades de LSD en la juventud, asegura que aquella noche no estaba colocado. Si de conspiraciones hablamos, en España la escritora Rosa Regás achacó en 2013, en un blog de El Mundo, la doble mastectomía y la extirpación de los ovarios de Angelina Jolie para evitar el cáncer a maniobras de una compañía biotecnológica para patentar unos genes. Bajando mucho el nivel, el inigualable Fernando Sánchez Dragó considera los alunizajes un paripé. “No es lo mismo ir a la Luna que estar en ella. Lo segundo alude a quienes creen en lo primero”, escribía en 2009, también en El Mundo.

Sesgos ideológicos

James Watson. Foto: Institutos Nacionales de la Salud.Los racistas pueden citar en su apoyo a James Watson, codescubridor de la estructura del ADN junto con Francis Crick. “Todas nuestras políticas sociales se basan en que su inteligencia (la de los negros) es la misma que la nuestra, cuando todas las pruebas dicen que no es así”, mantiene. “Puede deberse a prejuicios ideológicos que ha mamado en su sociedad. No es una idea nueva”, dice Zamora Bonilla, quien confiesa que lo primero que piensa en casos como éste y el de Wolfe es que chochean. “Aunque a lo mejor es un sesgo mío”, añade. “La ideología es una fuente de sesgos poderosos. Hay gente de izquierdas que por serlo rechaza avances científico-técnicos como los transgénicos, las vacunas y la wifi. Las posturas anticientíficas de la derecha tienen más que ver con la religión”, advierte Pérez Iglesias.

El fallecido Crick abogaba por la panspermia dirigida, para entusiasmo de Erich von Däniken y compañía. “Pudiera la vida haber empezado en la Tierra como resultado de una infección por microorganismos mandados a nuestro planeta de un modo deliberado por una civilización tecnológica desde otro lugar, usando una nave espacial”, escribió en 1973 en la revista Icarus, en una artículo firmado junto con Leslie Orgel.

Pérez Iglesias apunta que, “cuando alguien afirma algo muy rompedor sobre un campo que no es el suyo, lo más probable es que sea charlatanería pura”. “Un alto cociente intelectual no garantiza que tengas razón en todo”, dice Zamora Bonilla. Para los dos, no hay que creerse las cosas porque las diga un Nobel. Ellos también tienen prejuicios, intereses y creencias irracionales.

Tom Wolfe, contra la teoría de la evolución

Tom Wolfe, en 2007. Foto: medusahead.Tom Wolfe es venerado como el padre del nuevo periodismo. Cada vez que publica un nuevo libro, se pasea por los grandes medios occidentales con su traje blanco y sus poses de dandi, soltando afirmaciones impactantes para conseguir el titular que le interesa, no en vano es periodista. Y también es un ignorante de tomo y lomo. “La teoría de la evolución es un cuento”, decía ayer en El Mundo. Y añadía:

Un mito como el de Thor y Wotan. La teoría de la evolución no cumple con ninguno de los estándares para las nuevas teorías porque, para empezar, no es comprobable. La evolución significa que no puedes ver lo que sucederá a menos que vayas a vivir durante siete millones de años, no se puede explicar, es totalmente imposible. Si intentaras encontrar hechos que sean verdaderos, se anularía la evolución. No se han abierto nuevas investigaciones y no es una teoría comprobable.

El escritor estadounidense demuestra en este párrafo estar a la misma altura intelectual que Juan Manuel de Prada, la referencia literaria antievolucionista española. Al parecer, Wolfe dedica su último libro, The kingdom of speech, a atacar la teoría de la evolución, el pilar de la biología, y, por lo leído, lo hace desde el total desconocimiento.

La teoría de la evolución por selección natural establece que todos los seres vivos actuales descendemos de otros anteriores y que el motor del proceso evolutivo es la selección natural, que hace que aquellos organismos mejor adaptados al entorno prosperen y se multipliquen mientras que condena a los peor adaptados a un papel secundario e incluso la extinción. Cuando Charles Darwin la formuló, se ignoraba qué mecanismo era el responsable de esas variaciones en la adaptabilidad. Ahora los científicos saben que son las mutaciones genéticas.

Desde que Darwin y Alfred Russel Wallace presentaron la teoría de la evolución en 1858, ésta ha sido confirmada por la evidencia fósil, la genética y la experimentación en laboratorio. “Las pruebas podrían haber ido en otro sentido. Podrían haber refutado la teoría de Darwin. En vez de eso, tenemos 150 años de pruebas que apoyan su teoría”, destacaba hace cinco años Alan Rogers, antropólogo de la Universidad de Utah y autor del libro The evidence for evolution (Las pruebas de la evolución, 2011). Desde hace décadas, los paleontólogos han ido completando el registro fósil con especies que -¡oh, casualidad!- encajan perfectamente en el marco evolutivo, como Tiktaalik rosae -forma intermedia entre los peces y los tetrápodos que vivió hace unos 370 millones de años y marcaría el inicio de la conquista de tierra firme- y nuestros antepasados homínidos. Además, tanto la resistencia de bacterias a los antibióticos como experimentos con animales han permitido a los científicos presenciar en directo la evolución por selección natural, ésa que el escritor estadounidense dice que “no puedes ver” a menos que vivas millones de años.

Tom Wolfe es un inculto, un analfabeto, un ignorante. No hay vuelta de hoja. Sería de agradecer que algún entrevistador le replicara cuando en una entrevista dice tonterías sobre la teoría de la evolución, a ver por dónde sale el padre del nuevo periodismo. Claro que para eso el periodista debería tener una ligera idea del tema. Culturilla general.