Témporas

Las témporas, el ‘tampodka’ y el monje shaolín asesino con superpoderes, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de las témporas, el tampodka y el monje shaolín asesino con superpoderes, en la quinta entrega del curso 2012-2013 de Gámez over, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

La Agencia Vasca de Meteorología patrocina un programa de ETB en el que se usan las témporas

ETB ha recuperado al temporólogo Pello Zabala e incluye desde diciembre sus predicciones trimestrales en Eguraldia, el espacio de información del tiempo patrocinado por Euskalmet, la Agencia Vasca de Meteorología. No es algo nuevo que la televisión pública vasca dé crédito al fraile franciscano, pero parecía que los científicos habían conseguido erradicar sus pronósticos brujeriles de los espacios de predicción meteorológica. Lamentablemente, no ha sido así y, el pasado 26 de diciembre, Zabala y sus témporas regresaron a Eguraldia, donde volvieron a aparecer  el 28 de febrero, cuando el clérigo del santuario guipuzcoano de Arantzazu vaticino una primavera”calmada”, y ayer.  “Las témporas son una majadería; no son más que una superstición”, sentencia el meteorólogo Jon Sáenz, un profesor de la Universidad del País Vasco que está harto de escribir cartas a las direcciones de ETB y de  Euskalmet, y que “no sirva para nada”.

Las témporas son unas celebraciones religiosas que coinciden con los cambios de estación, y su sistema de predicción del tiempo se basa en el que hace en esos días. “Existen técnicas distintas que se utilizan en diversas zonas, pero todas ellas comparten un núcleo común. El tiempo que hace a medianoche de ciertos días -generalmente, del miércoles, viernes y sábado de témporas- es el que supuestamente va a prevalecer durante un mes de la siguiente estación. Así, el tiempo del miércoles a la noche prevalecerá durante el primer mes de la siguiente estación; el del viernes, durante el segundo mes; y el del sábado, durante el tercero. Básicamente, es un patrón de repetición en base tres: tres días para tres meses. Así que podemos pensar nuevas preguntas: ¿por qué no seis días para seis meses o doce días para doce meses?”, pregunta Sáenz en el libro Misterios a la luz de la ciencia (2008). Hay sistemas parecidos en otras regiones y países, y la clave en todos es la misma: hay unos días especiales. “Como soy físico -dice Sáenz- no puedo aceptar que haya días mágicos. Para mí, todos son iguales a efectos de predecir el tiempo”.

Los témporas son tan fiables en la predicción meteorológica como la lectura de vísceras y el tarot. Zabala y sus colegas se limitan a hacer vagos vaticinios del estilo de que hará calor en verano, frío en invierno, y una primavera y otoño revueltos, por ejemplo. Aciertan siempre, o casi, porque no dan datos concretos, como los que exigimos a los meteorólogos. De hacerlo, no acertarían más que por azar. Si las témporas funcionan, como parecen creer en ETB, ¿para qué nos gastamos millones de euros en sistemas científicos de predicción del tiempo, satélites, estaciones, globos sonda, ordenadores…? Quizás nos podamos ahorrar los vascos toda la plantilla y equipamiento de Euskalmet, y baste con que Zabala salga a mirar el cielo y sentir el viento en la cara doce días al año.

Les dejo con el vídeo de la intervención del temporólogo ante un arrobado Urko Aristi, director de Eguraldia. He eliminado la predicción del tiempo de verdad para hoy y he dejado la transición a la entrevista al fraile y el cierre del programa, donde queda claro que cuenta con el aval de la Agencia Vasca de Meteorología. ¡Para llorar!

Seamos coherentes: confiemos en los medios la predicción meteorológica a los ‘temporólogos’

Pello zabala, en el monasterio de Arantzazu. Foto:Félix Morquecho.

Pello Zabala, temporólogo mayor de Euskadi, augura hoy en la prensa que nos queda sólo un mes de otoño. “Estas témporas llegaron con las riadas que se produjeron en la costa de Bermeo. Fue una única tormenta. A pesar de aquellas lluvias, dije que la primera parte del otoño iba a ser buena, que iba a dominar el viento francés y que, de vez en cuando, soplaría del suroeste. Así ha sido. Sin embargo, a mediados de noviembre cambiará todo. Será allá por el 16 cuando empecemos a sentir el invierno. Sería lo normal. ‘Por todos los Santos, nieve en los altos'”, sentencia en la entrevista que publica hoy El Diario vasco.

El franciscano acaba de publicar un libro de meteorología en el que, dicen, conjuga el saber popular con el científico. Así que lo vamos a ver durante unos días en los medios hablando de las excelencias de las témporas, el sistema de predicción del tiempo basado en la observación del cielo en unos días mágicos. Las témporas son magia, pura superstición, pero los medios de comunicación vascos les dan publicidad constantemente. Si las témporas funcionan, ¿para qué nos gastamos millones de euros en sistemas científicos de predicción del tiempo? El impulso periódico que recibe la anticiencia temporológica en los medios de comunicación choca con que proporcionen a su público información meteorológica científica por considerarla la más fiable. ¿Para qué incluyen los periódicos, radios y televisiones que dan cancha a Zabala y sus colegas información sobre el tiempo basada en la meteorología científica? Podían dejar sólo la hecha por los temporólogos, que nunca han predicho ningún fenómeno catastrófico ni lo harán, o publicarla en paralelo a la de los meteorólogos y que la gente elija libremente con qué quedarse, y apechugue con las consecuencias.

Es el de las témporas un ejemplo más de la condescendencia de los medios con los charlatanes, que tiene su ejemplo más evidente en la astrología. La mayor parte de los diarios españoles seguimos publicando el horóscopo como si tuviera algún valor informativo, cuando todos sabemos que carece de él. Y, al no incluir una leyenda de advertencia en ese sentido -“Estos pronósticos astrológicos tienen únicamente un valor lúdico. Carecen de todo fundamento científico”-, el lector puede concluir legítimamente que tiene que dar al horóscopo la misma credibilidad que al resto de informaciones, artículos, columnas y editoriales del periódico, lo que en algunos casos es desgraciadamente cierto.

La témporas, en Punto Radio Bilbao

Jon Sáenz, Almudena Cacho y yo hablamos el 9 de abril en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de las témporas, en la vigesimoquinta entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

La vergüenza de las témporas y el peligro de la carne

“Todo el mundo asistiría atónito a un informativo económico en el que recomendaran a los Piscis invertir en constructoras y a los Géminis vender eléctricas. Ningún locutor hablando sobre política diría que los resultados electorales del partido X han ido bien porque ha habido una conjunción astral. Un analista internacional no afirmaría que la invasión de Líbano o la de Irak ha sido inducida por extraterrestres. Sin embargo, en la información meteorológica es habitual contemplar imágenes el Meteosat de segunda generación junto a predicciones basadas en las témporas. Las predicciones temporológicas y las basadas en métodos internacionalmente aceptados comparten espacio y aspecto externo en muchos de los medios de comunicación de Euskadi. Pero no están al mismo nivel. La meteorología es una ciencia; las témporas son una superstición, aunque tengan arraigo y demanda populares”, recuerdan los físicos Jon Sáenz, Agustín Sánchez Lavega, Gabriel Ibarra, Agustín Ezcurra, José Félix Rojas, Ricardo Hueso y Santiago Pérez Hoyos, hoy en El Correo y El Diario Vasco.

Panorámix, el druida de la aldea gala de Astérix y Obélix.La reflexión de estos profesores e investigadores de la Universidad del País Vasco, titulada ‘Sobre témporas y predicciones’, viene a cuento de una reciente entrevista al franciscano Pello Zabala, publicada en ambos periódicos, en la que el clérigo decía todo tipo de tonterías impunemente. A saber: “el de Noé ha quedado como prototipo de todos los diluvios, pero ha habido muchos otros antes de Noé”; “las témporas de la Iglesia son del siglo IV, pero posiblemente vienen de antiguas celebraciones de gente del campo”; “las témporas no te predicen en concreto lo que va a hacer ni hoy ni mañana, pero te dan la tendencia de lo que puede pasar en 15 ó 30 días”; “cuando el invierno ha sido lluvioso, abril suele ser generalmente de poca agua”… Tan grave como esa propaganda gratuita a las irracionales ideas del clérigo del monasterio de Arantzatzu es el apoyo institucional que ha recibido, ya que la entrevista venía motivada porque el Centro Meteorológico del País Vasco había invitado miércoles a nuestro temporólogo de guardia a dar una conferencia sobre ‘La observación meteorológica desde el Antiguo Testamento’ para conmemorar el día mundial de la especialidad. Sería como si el Ministerio de Ciencia y Tecnología confiara la promoción de la cultura científica a Iker Jiménez (ya sé que es un riesgo dar ideas de este tipo).

Lo dije hace casi dos años y lo repito: “En un alarde de coherencia, los medios que jalean a estos augures deberían dejar de ofrecer al público la predicción meteorológica de la mano de científicos y contratar en plantilla o como colaboradores a pastores y frailes oteadores del cielo. Lo mismo tendrían hacer los aeropuertos, los servicios de vigilancia marítima, los de protección civil… Además, si hiciéramos caso a estos brujos de las nubes y el viento, nos ahorraríamos una pasta en satélites, globos, cohetes y dispositivos terrestres de vigilancia meteorológica y eso nunca viene mal”. Hay quien cree que un tipo que sale a la puerta del caserío y mira al cielo tiene alguna posibilidad de hacer una predicción acertada a medio o largo plazo simplemente porque en los medios hablamos de vez en cuando de las témporas como si fueran algo serio, cuando no lo son. Lo que hay que tomarse en serio, y mucho, es la difusión de éstas y otras paparruchas por lo que implica de dar cancha al pensamiento mágico, el mismo en el que se basan las bobadas de ese otro Panoramix llamado Txumari Alfaro, que tanta publicidad gratuita ha recibido últimamente en prensa, radio y televisión por la publicación de su libro Un cuerpo para toda una vida.

‘Naturtonterías’

“La mala alimentación nos hace ser más déspotas, agresivos, más tiranos, ser más racistas… Si una persona toma tres whiskys, su percepción cambia. En esa misma medida, el que come mucha carne, dulces, envasados, enlatados… está tomando alimentos que no tienen vida. Es una persona que tiene menos resistencia a la enfermedad y eso hace que su mente se altere”, argumentaba en una reciente entrevista este defensor de beberse la orina porque es algo que hacen muchos chinos. Vamos a ver, lo de la percepción y el alcohol está claro, aunque eso no signifique que su uso moderado nos haga más de todo de lo que pontifica el bonachón de Alfaro. Respecto a que consumimos “alimentos que no tienen vida”, ¿qué quiere que hagamos, que comamos el pescado vivito y coleando, la carne entre mugidos de la vaca y arranquemos los vegetales de la tierra a mordiscos? Pues parece que sí: “No tiene miopía, diabetes o hipertensión porque come y bebe cuando lo necesita y toma el alimento en su estado puro”, declaraba hace poco respecto al animal salvaje, como si no existiera el antílope ese de los documentales de La 2 que hasta el más intelectualmente holgazán sabe que caza la leona porque está pachucho. Y qué decir de su colega Ana Moreno, quien mantiene sobre el consumo de carne: “La proteína es muy difícil de digerir y al no ir acompañada de fibra se queda en el intestino grueso y produce estreñimiento. El tener un alimento putrefacto en este órgano es uno de los principales motivos del cáncer de colon. Además el resto de males de nuestros días, como el colesterol, está directamente relacionado con la carne”. Ya nos enseñó la Iglesia, siempre tan preocupada por el bienestar hasta de los que no queremos ir al Cielo, que todos los males se deben al mundo, el demonio y la carne. Y los naturópatas, que también nos quieren salvar a nuestro pesar, amplían la demonización del sexo a la del chuletón.

Estas disparatadas afirmaciones sobre nuestra alimentación, y otras muchas del mismo estilo, se publicitan con más o menos asiduidad en los medios sin que se repliquen desde la ciencia. Y ese silencio es peligroso, es una cesión a la mentira, a la anticiencia y a la ignorancia, que, ante el mutis científico, cobran verosimilitud para unos ciudadanos cuya principal fuente de (des)información somos los medios de comunicación. Los científicos, a la mayoría de los cuales pagamos con nuestros impuestos, deben mojarse en la educación de la ciudadanía y llamar a las cosas por su nombre. Por eso, desde las facultades de Farmacia y Medicina ha de responderse a las patrañas naturópatas con la misma claridad que los físicos antes citados en el caso de las témporas. Y, respecto a la actitud del Centro Meteorológico del País Vasco, ¿se imaginan a la Sociedad Española de Nutrición invitando al boticario de la abuela a dar una charla científica? Pues es el equivalente a lo que ha hecho la delegación en Euskadi de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).