Tampodka

Las témporas, el ‘tampodka’ y el monje shaolín asesino con superpoderes, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de las témporas, el tampodka y el monje shaolín asesino con superpoderes, en la quinta entrega del curso 2012-2013 de Gámez over, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

¿Avala la revista ‘Anales de Pediatría’ que sea posible emborracharse con tampones de vodka? No

Algunos periodistas se han hecho eco de que cuatro médicos españoles escribieron en diciembre en la revista Anales de Pediatría un texto alertando de los peligros del tampodka, como si ese texto fuera una prueba de que es posible emborracharse metiéndose en la vagina, o el ano, tampones empapados en vodka. “Los peligros que pueden entrañar estas nuevas formas de ingesta etílica llevaron a [Benjamín] Climent [jefe de la Unidad de Toxicología Clínica del Hospital General de Valencia] y a otros colegas de los servicios de Urgencias de hospitales de Navarra, Canarias y Galicia a elaborar en diciembre de 2012 un escrito en la revista Anales de Pediatría dirigido a la comunidad médica”, dice un teletipo de Efe que da por hechas las borracheras por tampodka.

Carta al director publicada en ‘Anales de Pediatría’ en al que se habla del ‘tampodka’.

Lo que uno se encuentra cuando consulta el número de diciembre pasado (Vol. 77, Nº 6) de Anales de Pediatría no es un artículo científico, sino una carta al director cuyo contenido, por lo que al tampodka se refiere, se basa en evidencia anecdótica. El texto de G. Burillo-Putze, M.J. Hernández, B. Climent y M.A. Pinillos pretende llamar la atención sobre “nuevas formas de consumo de alcohol en las que se utilizan las cavidades y superficies mucosas del organismo diferentes a la vía digestiva”. Los autores admiten que no hay publicaciones científicas sobre esas prácticas, no ofrecen ninguna prueba que respalde la idea de que el tampodka sea más que un bulo y aluden en dos ocasiones a vídeos de YouTube como fuentes de información de prácticas alcohólicas raras entre adolescentes. Supone para mí un enigma cómo, a partir de esos mimbres,  son capaces de concluir que quienes realizan esas prácticas no convencionales son “generalmente jóvenes y de nivel sociocultural alto”.

Afirman que el tampodka “produce una absorción muy rápida [del alcohol] y evita, inicialmente, el fetor enólico, por lo que parece ser popular en adolescentes para sortear el control paterno” y, aunque no llegan a decir que ésta sea una vía rápida para emborracharse, tampoco descartan tal extremo, muy improbable si se tienen en cuenta los efectos inmediatos y nada placenteros de la práctica. La periodista Danielle Crittenden, responsable de blogs de The Hufftington Post,  experimentó consigo misma y, al introducirse en la vagina un tampón empapado en vodka, sintió “como si alguien hubiera arrojado una cerilla encendida ahí”. Minutos después, lo extrajo porque no podía aguantar más. Sobria y dolorida. ¿Se imagina alguien a una adolescente aguantando una tortura así repetidamente en vez de meterse varios tragos por la vía tradicional?

Ni un caso demostrado

Si sorprende que cuatro médicos ignoren el escozor “insoportable” que pueden sufrir vagina y ano al contacto con el vodka y cómo eso retraería a cualquier joven después de una primera prueba, no lo hace menos que crean que con el tampodka se evita que el consumo de alcohol se detecte en el aliento, lo que ellos llaman fetor enólico. “Dando por supuesto que el alcohol se absorbiera en cantidad suficiente en la vagina o en el recto, también se detectaría en el aliento y daría positivo en una prueba de alcoholemia. El alcohol, una molécula pequeña y, en consecuencia, volátil, pasa al aire espirado: al aliento, en definitiva”, sentencia José Carlos Pérez Cobo, miembro del Círculo Escéptico y profesor de fisiología humana de la Universidad del País Vasco.

En conclusión, lo que dicen los autores sobre el tampodka en Anales de Pediatría se basa en rumores y vídeos de YouTube, pasa por alto hechos demostrados y da por buenos otros nunca probados. Pueden haberse dado casos de jóvenes con lesiones vaginales por jugar con tampones empapados en alcohol, pero hasta el momento no se ha registrado en ningún país un ingreso en un centro sanitario en estado de embriaguez  por la combinación de tampones y vodka. Y, por supuesto, no hay ninguna prueba de que esa presunta práctica sea una moda entre los jóvenes. Los cuatro casos de Gijón que han desatado la histeria en España han sido desmentidos por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) y me temo que no es accidental que quien los haya dado a conocer en los medios, el médico Eduardo Carreño, sea el dueño de una clínica especializada en el tratamiento de adicciones. Este experto ha  llegado a decir que “el uso prolongado del tampax on the rocks” ha hecho que una paciente suya se convirtiera en alcohólica. ¿Pruebas? Ninguna, claro.

Por cierto, si es usted periodista, cuando oiga hablar de cosas raras como las borracheras mediante tampones empapados en vodka o que mirar los pechos femeninos alarga la vida del hombre, consulte antes que nada en Snopes, la mejor web dedicada a la caza de leyendas urbanas. También puede ser una buena historia periodística contar cómo se ha generado un bulo.

¿Es posible emborracharse metiéndose tampones empapados en vodka por la vagina? Más bien, no

La última moda alcohólica entre las adolescentes españolas consiste, según algunos medios, en meterse en la vagina tampones empapados en vodka para emborracharse rápidamente. A principios de semana, saltaba la noticia -desmentida después por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa)- de que hospitales gijoneses habían atendido cuatro casos de intoxicación etílica por tampodka en los últimos nueve meses. Varios expertos confirmaban la existencia de esa práctica y alertaban de su peligrosidad. “No es ninguna broma”, advertía el médico Eduardo Carreño, que dirige en Gijón una clínica para el tratamiento de adicciones  y decía que este método “provoca serios daños en la zona vaginal”. Sin embargo, a pesar de las alertas de éste y otros presuntos expertos, estamos ante una leyenda urbana equiparable a la de la chica de la curva o la de los gatos bonsái. Para comprobarlo, basta con visitar alguna web especializada en estos rumores o consultar con algún científico.

Empecemos por analizar la verosimilitud de los hechos, guiados por José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País vasco (UPV) y miembro del Círculo Escéptico. ¿Es posible emborracharse insertándose en la vagina tampones empapados en vodka?, le pregunté ayer. “El alcohol etílico es una molécula muy pequeña, hidrosoluble y liposoluble. Se absorbe muy bien por cualquier mucosa y con gran rapidez: es una de las poquísimas cosas que absorbemos en el estómago. Por esto, beber con el estómago vacío emborracha antes que hacerlo con el estómago lleno. Vacío, el estómago absorbe y éste pasa de inmediato al intestino, donde se absorbe en su totalidad. Acompañado de alimentos, el alcohol se disuelve en el contenido estomacal y viaja con mayor lentitud hacia el intestino”, explica Pérez Cobo. Con ese punto de partida, el lego -yo, por ejemplo- podría suponer que el contacto directo de alcohol de alta graduación con la mucosa vaginal, o anal, favorecería la embriaguez inmediata. Antes de seguir adelante, conviene que los hombres seamos conscientes de para qué sirven los tampones (ellas ya lo saben).

Un tampón es un cilindro de algodón que se mete en la vagina para absorber el flujo menstrual. Su finalidad no es introducirlo en la cavidad empapado en nada; sino más bien la contraria. Así pues, el primer problema a la hora de recurrir al tampodka es cómo meter en la vagina un cilindro de algodón inflado. Fácil no tiene que ser. Hace año y medio, tras enterarse de esta presunta moda adolescente, Danielle Crittenden, responsable de blogs de The Hufftington Post, decidió probar por sí misma, a pesar de no ser precisamente una amante del vodka, que le parece que “sabe como algo que deberías usar para esterilizar una herida”. Utilizó un tampón de tamaño grande, variedad que había comprobado que absorbe unos 44 mililitros de vodka (cantidad que puede llevar un combinado). Cuando llegó el momento, lo colocó “donde se supone que tiene que ir”, no sin antes derramar un tercio del líquido. “¡Chicas, no lo hagáis con vuestros mejores vestidos de fiesta!”, avisa en un divertidísimo artículo titulado “Bartender, a Dirty Martini with a tampon!” (¿Camarero, un Martini Sucio con un tampón!). Y entonces llegó lo peor.

Un escozor “insoportable”

“Sentía como si alguien hubiera arrojado una cerilla encendida ahí. Empecé a dar saltos y respirar a bocanadas rápidas y cortas como había aprendido en las clases de parto, hace mucho tiempo, antes de que me diera cuenta que no necesitaba respirar así si me ponían la epidural”, recuerda la periodista. Tanto de pie como sentada, el escozor era “insoportable”. Crittenden aguantó 10 minutos antes de extraer el tampodka. “Me sentí mejor inmediatamente”. Al día siguiente, probó el método tradicional, y placentero, de tomarse una copa de vodka. Y concluyó que “cualquiera que intente emborracharse mediante un tampón merece el castigo”. Para ella, la mejor manera de acabar con esta leyenda urbana es que las madres animen a sus hijas adolescentes a experimentar, les den una tampón, les faciliten vodka para que lo empapen, se sientan y rían.

“El alcohol es una molécula muy reactiva y, en consecuencia, irritante. Cualquier persona poco acostumbrada a los licores de alta graduación alcohólica notará que le queman en la garganta y el habituado notará lo mismo si el grado de alcohol es elevado. Y estamos hablando de la mucosa laríngea, fuerte para resistir la erosión provocada por el paso de los alimentos y, digámoslo así, acostumbrada a que pasen por ella irritantes diversos: picantes, el vinagre de la ensalada, mostazas…”, ilustra Pérez Cobo. El fisiólogo añade que, en un caso como el de Critteden, “la irritación de la mucosa vaginal tuvo que ser insoportable. Aunque no lo comenta, me imagino, además, que se produciría un flujo vaginal abundantísimo, por lo que parecería que la chica se habría hecho pis encima (el tampón está mojado y ya no absorbe)”. ¿Alguien se cree que una adolescente va a aguantar tal suplicio repetidamente cuando puede, simplemente, beber un trago de vodka? Además, el tampodka sale más caro -hay que sumar el coste de los tampones- y no evitaría, de funcionar, que el alcohol se detectara en el aliento.

El Sespa indicó ayer en un comunicado que “no tiene constancia de que los servicios de urgencias de los hospitales de la red pública asturiana hayan atendido a pacientes por intoxicación etílica, cuyo origen esté en la utilización de tampones impregnados de alcohol, una supuesta práctica de la que se han hecho eco en los últimos días diversos medios de comunicación. “En la actualidad existen muchos problemas reales relacionados con las drogas como para preocuparnos de mitos y leyendas urbanas que no tenemos acreditadas y que, de existir, no serían en ningún caso una moda, sino que corresponderían a comportamientos aislados”, ha dicho el director general de Salud Pública, Julio Bruno.

Los orígenes de esta leyenda urbana se remontan a 1999, según las webs Snopes y Urban Legends, y todos los casos registrados corresponden a rumores de ingresos hospitalarios como los asturianos, nunca confirmados. En España, tal como recuerda el Sespa, la Asociación Bienestar y Desarrollo, una ONG que trabaja con drogodependientes y otras personas en riesgo de exclusión social, considera que “el tampodka no es ninguna moda. Ni tan siquiera existe como práctica. Es totalmente falso. No hemos detectado su presencia en entornos festivos ni ninguna referencia en los más de quince años de trabajo”.