Supersticiones

Las témporas, el ‘tampodka’ y el monje shaolín asesino con superpoderes, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de las témporas, el tampodka y el monje shaolín asesino con superpoderes, en la quinta entrega del curso 2012-2013 de Gámez over, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

Retiran en California una valla publicitaria de una tetera porque se parece a Hitler

La 'tetera Hitler'.La firma estadounidense J.C. Penney ha tenido que retirar una valla publicitaria con el anuncio de una tetera de diseño porque algunas mentes biempensantes ven en el utensilio de cocina la figura de Adolf Hitler. El anuncio estaba en una autovía próxima a Culver (California), la tetera es un diseño de Michael Graves. En realidad, estamos ante una pareidolia, el fenómeno psicológico que hace que busquemos patrones donde no los hay y veamos animales en las nubes, a la Virgen María en emparedado, caras en manchas de grasa, sirenas en Marte… Aún así, la compañía se ha excusado y ha asegurado en Twitter que no ha sido algo buscado y que, de querer fabricar una tetera con parecido a algo, la hubieran hecho que pareciera un muñeco de nieve, un perrito o “algo divertido”. Pero la estupidez humana no conoce límites, y el alcalde de Culver, el demócrata Jeffrey Coope, se ha mostrado indignado. “Me desagradó que J.C. Penney pusiera el cartel y me ha indignado más que haya tratado de defenderlo. Como judío, me ofende y, como funcionario electo, me enfurece que la ciudad que represento se vincule a esto”, ha declarado el regidor a Mother Jones. Los ciudadanos de Culver tienen un motivo real para avergonzarse: su alcalde.
La valla publicitaria de la tetera de J.C. Penney, vista normal y un poco desenfocada. Fotos: Bill Burman/Reddit.

La Agencia Vasca de Meteorología patrocina un programa de ETB en el que se usan las témporas

ETB ha recuperado al temporólogo Pello Zabala e incluye desde diciembre sus predicciones trimestrales en Eguraldia, el espacio de información del tiempo patrocinado por Euskalmet, la Agencia Vasca de Meteorología. No es algo nuevo que la televisión pública vasca dé crédito al fraile franciscano, pero parecía que los científicos habían conseguido erradicar sus pronósticos brujeriles de los espacios de predicción meteorológica. Lamentablemente, no ha sido así y, el pasado 26 de diciembre, Zabala y sus témporas regresaron a Eguraldia, donde volvieron a aparecer  el 28 de febrero, cuando el clérigo del santuario guipuzcoano de Arantzazu vaticino una primavera”calmada”, y ayer.  “Las témporas son una majadería; no son más que una superstición”, sentencia el meteorólogo Jon Sáenz, un profesor de la Universidad del País Vasco que está harto de escribir cartas a las direcciones de ETB y de  Euskalmet, y que “no sirva para nada”.

Las témporas son unas celebraciones religiosas que coinciden con los cambios de estación, y su sistema de predicción del tiempo se basa en el que hace en esos días. “Existen técnicas distintas que se utilizan en diversas zonas, pero todas ellas comparten un núcleo común. El tiempo que hace a medianoche de ciertos días -generalmente, del miércoles, viernes y sábado de témporas- es el que supuestamente va a prevalecer durante un mes de la siguiente estación. Así, el tiempo del miércoles a la noche prevalecerá durante el primer mes de la siguiente estación; el del viernes, durante el segundo mes; y el del sábado, durante el tercero. Básicamente, es un patrón de repetición en base tres: tres días para tres meses. Así que podemos pensar nuevas preguntas: ¿por qué no seis días para seis meses o doce días para doce meses?”, pregunta Sáenz en el libro Misterios a la luz de la ciencia (2008). Hay sistemas parecidos en otras regiones y países, y la clave en todos es la misma: hay unos días especiales. “Como soy físico -dice Sáenz- no puedo aceptar que haya días mágicos. Para mí, todos son iguales a efectos de predecir el tiempo”.

Los témporas son tan fiables en la predicción meteorológica como la lectura de vísceras y el tarot. Zabala y sus colegas se limitan a hacer vagos vaticinios del estilo de que hará calor en verano, frío en invierno, y una primavera y otoño revueltos, por ejemplo. Aciertan siempre, o casi, porque no dan datos concretos, como los que exigimos a los meteorólogos. De hacerlo, no acertarían más que por azar. Si las témporas funcionan, como parecen creer en ETB, ¿para qué nos gastamos millones de euros en sistemas científicos de predicción del tiempo, satélites, estaciones, globos sonda, ordenadores…? Quizás nos podamos ahorrar los vascos toda la plantilla y equipamiento de Euskalmet, y baste con que Zabala salga a mirar el cielo y sentir el viento en la cara doce días al año.

Les dejo con el vídeo de la intervención del temporólogo ante un arrobado Urko Aristi, director de Eguraldia. He eliminado la predicción del tiempo de verdad para hoy y he dejado la transición a la entrevista al fraile y el cierre del programa, donde queda claro que cuenta con el aval de la Agencia Vasca de Meteorología. ¡Para llorar!

‘Para todos La 2’ promociona un método para modificar la personalidad a través de la escritura

¿Sabían que es posible cambiar la personalidad mediante la modificación de la escritura? ¿No? Pues es porque no vieron ayer Para todos La 2, que dedicó 10 minutos a la promoción de un revolucionario sistema “para el desarrollo de la inteligencia emocional y la construcción de una psicología positiva, en aras de alcanzar el bienestar y la vida plena”.  Se llama método Kimmon® (marca registrada) y su inventor es Joaquim Valls, grafólogo, economista y profesor en una escuela de negocios privada, que tiene una sección semanal en  el magacín matinal del segundo canal de TVE para promocionar su arte adivinatoria. Porque eso es la grafología, un sistema de adivinación como el tarot, la quiromancia y la astrología.

El método Kimmon consiste, según su inventor, en un “trabajo continuado durante nueve meses de reeducación del inconsciente para poder generar unos frutos que se vean en forma de buenas ideas, buenos sentimientos y buenas emociones”. El sistema se sustenta en cuatro pilares, que Valls denomina “los cuatro fragmentos del mapa del tesoro”: la psicología positiva, la autosugestión, la concentración y la grafotransformación. “Mediante la reeducación escritural de una persona enferma, puede minimizarse o eliminarse la causa de su mal”, sentencian en la web del Instituto Grafológico Kimmon. Valls, que carece de titulación alguna en el campo de la psicología, es el presidente de la entidad, donde  se imparte un máster en inteligencia emocional, a 900 euros la matrícula, además de seminarios para tener una mejor vida gracias a un simple cambio caligráfico y para “reeducar tu cerebro para mejorar tu actitud, sugestionarlo para ser más feliz”, a 95 euros cada uno.

El peritaje caligráfico es una técnica; pero la grafología es brujería. No existe nada parecido a “una interpretación científica de la personalidad por la escritura manuscrita”. Nada. La grafología es una práctica pseudocientífica que, como apuntan los psicólogos Scott O. Lilienfield, Steven Jay Lynn, John Ruscio y Barry Beyerstein en su libro 50 grandes mitos de la psicología popular (2010), debe su inmerecida fama a “la confusión de los grafólogos con los examinadores de documentos cuestionados”, es decir, con los peritos calígrafos. Los grafólogos aciertan lo obvio, como recuerda Robert Todd Carroll en The Skeptic’s Dictionary, y pueden deducir -como cualquiera- cosas de lo que hemos escrito -un currículo contiene mucha información-, pero no de cómo lo hemos escrito. Además, si la grafoterapia funcionara, como dice Valls, sería facilísimo rehabilitar a todo tipo de criminales: bastaría con que adoptaran letra de buena persona, sea ésa cual sea.

A través de la escritura a mano, explicó ayer el grafólogo, “podemos ir reeducando los ganglios basales”, que son “donde se ubican los hábitos de las personas”, para “reconstruir nuestro inconsciente para que dé los frutos deseados”. Y añadió que, al modificar el modo de escribir -cosas como las eles y los márgenes-, cambia la personalidad. ¿Pruebas científicas de esas extraordinarias afirmaciones? Ninguna, claro. Además de que el cóctel de psicología positiva, ganglios basales e inconsciente apesta a cháchara pseudocientífica. Aún así, Valls tiene su prueba ante los críticos: “Ya lo han probado más de mil personas y nadie nos ha dicho que no le haya funcionado”. Eso mismo pasaba con la Power Balance, que, como todo el mundo sabe, era un timo. Es lo que tiene el amimefuncionaísmo.

Cada uno es muy libre de creer en lo que quiera y de tirar su dinero en lo que le dé la gana, pero que una televisión pública promocione supercherías como la grafología y la grafoterapia sobrepasa los límites de lo admisible. La grafología es un timo y, por consiguente, la grafoterapia -la idea de que, cambiando la letra, nos podemos curar de lo que sea o modificar la personalidad- es un timo al cuadrado.

Las enfermedades causadas por los parques eólicos tienen un origen psicológico

Los problemas de salud atribuidos por algunos colectivos a los parques eólicos son de origen psicogénico, según un estudio dirigido por Simon Chapman, profesor de Salud Pública de la Universidad de Sydney. Este investigador y sus colaboradores han examinado todas las reclamaciones hechas ante las compañías explotadoras de las 49 instalaciones de ese tipo existentes en Australia y concluido que su presunto impacto en la salud se debe a la actividad de los grupos que se oponen a ellas y a su eco en los medios de comunicación, que han colaborado en la difusión de esta nueva histeria. Se trataría, por tanto, de una enfermedad comunicada que se propaga gracias al efecto nocebo, la reacción negativa del paciente ante una sustancia inocua que considera dañina.

Los autores explican cómo se ha extendido por la Australia rural e Internet la idea de que la exposición a los aerogeneradores puede resultar perjudicial para la salud, “a menudo con floridas alegaciones”. Un ejemplo de ello es un hoja informativa que exhibe en su web la Plataforma Europea contra los Parques Eólicos. “Cualquier persona que viva a una distancia inferior o igual a 6 kilómetros de un parque eólico debería ser avisada de las consecuencias que puede tener para su salud y calidad de vida”, sentencia en ella Nina Pierpont, pediatra, esposa de un activista contra los aerogeneradores y autora del libro Wind turbine syndrome. A report on a natural experiment (El síndrome de los aerogeneradores. Un informe sobre un experimento natural).

Aerogeneradores en Estinnes, Bélgica.

Los impulsores de este síndrome sostienen que los parques eólicos producen un amplio abanico de males. Chris Back, senador liberal australiano, aseguraba hace menos de un año en su web que estas instalaciones pueden provocar presión en el oído, vértigo,  náuseas, mareos, dolores de cabeza, jaquecas, visión borrosa, taquicardia, irritabilidad, déficits cognitivos varios, incluidos problemas con la aritmética mental, dificultades para encontrar las palabras y la planificación de actividades específicas, déficit de memoria a corto plazo…, así como el agravamiento de patologías crónicas como la  diabetes, la hipertensión y los desórdenes autoinmunes. Aterrador, ¿verdad? Sólo hay un pero: al igual que en el caso de otras muestras de tecnofobia -como la llamada hipersensibilidad electromagnética-, las pruebas científicas no han confirmado ninguno de esos efectos. En realidad, “la evidencia de que el ruido y los infrasonidos de las turbinas causan problemas de salud es pobre”, indica Chapman, quien recuerda lo importante que es dar un nombre aparentemente científico a una enfermedad de cara a su propagación de boca a oído.

El estudio australiano revela que, de los 49 parques eólicos del país, 31 no han recibido ninguna queja, que sólo 120 individuos -uno de cada 272 habitantes a menos de 5 kilómetros- dicen sufrir algún problema de salud y que el 68% de ellos vive en zonas donde los grupos antimolinos han sido muy activos. “La inmensa mayoría (82%) de las quejas sobre ruido y salud comenzó después de 2009 cuando los grupos contra los parques eólicos empezaron a incluir las preocupaciones sanitarias entre sus argumentos. En años anteriores, las quejas relacionadas con el ruido y la salud eran algo raro a pesar de que los parques eólicos con turbinas grandes y pequeñas llevaban funcionando tiempo”. De hecho, los primeros aerogeneradores se pusieron en marcha en Australia en 1993.