Steven Spielberg

Cuando Steven Spielberg creía en los ovnis

Los científicos asisten al aterrizaje de la gran nave nodriza en la base secreta de la Torre del Diablo, en Wyoming, al final de 'Encuentros en la tercera fase'.

El ingeniero eléctrico sacó a su primogénito de la cama. Sin quitarle el pijama, lo metió en el coche. Quería que el niño, de once años, viera un cometa que pasaba cerca de la Tierra. Salieron de Phoenix (Arizona) y se adentraron en el desierto de Sonora. Media hora más tarde, estaban tumbados en la arena sobre una manta, rodeados de decenas de personas con la mirada clavada en el cielo. No vieron el cometa prometido, pero sí una espectacular lluvia de estrellas. El pequeño volvió a casa encantado. Se hizo con un telescopio, empezó a leer ciencia ficción, disfrutó con películas como Ultimátum a la Tierra (1951) y Planeta prohibido (1956), se sintió fascinado por el fenómeno de los platillos volantes y, veinte años después, localizó en el desierto de Sonora el inicio de su obra más largamente soñada.

Cuando Steven Spielberg (Cincinnati, 1946) estrenó Encuentros en la tercera fase el 15 de noviembre de 1977, creía que el contacto con seres de otros mundos era inminente. “En los 70 estaba absolutamente convencido de que estábamos siendo visitados por extraterrestres”, reconocía en agosto de 2005. Encuentros es la versión comercial de una película, Firelight (Luz de fuego), que había rodado con sólo 16 años, un presupuesto de 500 dólares y amigos y familiares como actores. Su estrenó en marzo de 1964 en Phoenix se había saldado con un beneficio de un dólar y con el joven Spielberg empeñado en trasladar la cinta de 8 milímetros a la pantalla grande.

Spielberg, con 16 años, prepara el rodaje de un despegue para 'Firelight'. Foto: Archivo de Steven Spielberg.El éxito de Tiburón (1975) le ofreció la oportunidad de hacerlo cuando todavía no había cumplido 30 años. En un principio pensó en titular la película Watch the skies! (¡Vigilad los cielos!), por la frase final de El enigma de otro mundo (1951). Al final optó por Close encounters of the third kind (Encuentros cercanos del tercer tipo, literalmente). Como casi todo en el filme, el título tiene su origen en la subcultura ufológica, de la que el realizador se empapó en su adolescencia y juventud.

El astrónomo Joseph Allen Hynek, de la Universidad del Noroeste, había sido durante más de veinte años asesor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la investigación de casos de platillos volantes cuando, a finales de los 60, se cayó del caballo de la incredulidad para convertirse en el padre de la ufología científica. En 1972 publicó The ufo experience (La experiencia ovni), libro en el que divide los avistamientos en observaciones lejanas y cercanas, siendo estas últimas las que tienen lugar a menos de 150 metros del testigo. Dentro de las primeras, distingue las luces nocturnas, los discos diurnos y los objetos detectados por radar, y entre las segundas están los encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, los del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y los del tercer tipo –se ve a los tripulantes–, que dan el título original a la película, mal traducido al español como Encuentros en la tercera fase.

Joseph Allen Hynek, en 'Encuentros en la tercera fase'.Ufólogos en la ONU

Nada más enterarse por la prensa del proyecto de Spielberg, Hynek le escribe para expresarle su malestar. “Aparentemente el título ha sido tomado de mi libro The ufo experience“, le dice en una carta el 8 de enero de 1976. Días después, el cineasta le explica que el título se lo ha sugerido un amigo tras leer el libro y que va a exigir a los miembros del equipo creativo de la película que lo lean. El ufólogo recibirá 10.000 dólares en concepto de derechos cinematográficos y otros 1.500 como asesor técnico. Además, saldrá en la película 8 segundos abriéndose paso, con su característica pipa, entre los asistentes al encuentro con los visitantes en la base de la Torre del Diablo (Wyoming) y conseguirá que Columbia pague 20.000 dólares por 2.000 suscripciones al boletín de su Centro para el Estudio de los Ovnis. Excepto los discos diurnos, que hubieran matado la sorpresa final, en la película se suceden los demás tipos de encuentros, basados en casos reales con la excepción de la abducción del niño y el apoteósico primer contacto.

Hynek no es el único ufólogo involucrado en Encuentros. Claude Lacombe, el personaje interpretado por François Truffaut que descubre el lenguaje musical de los visitantes, está inspirado en Jacques Vallée, ufólogo galo y colaborador del autor de The ufo experience. En julio de 1978, Hynek, Vallée y el también francés Claude Poher se reúnen en Nueva York con Kurt Waldheim, secretario general de la ONU, para informarle sobre los ovnis. En noviembre, Hynek pide ante la Asamblea General de la ONU que se cree una agencia multinacional para su estudio. En su opinión, detrás del fenómeno hay “alguna forma de inteligencia”.

Roy Neary, rodeado por los extraterrestres en 'Encuentros en la tercera fase'.Es lo que piensa gran parte de la opinión pública en los años 70, cuando los gobiernos todavía mantienen el secreto sobre sus investigaciones de visiones de ovnis. Ahora sabemos que en los archivos de la CIA, el FBI y el Ejército del Aire español no hay extraterrestres, sino en el mejor de los casos testigos impresionables que toman estímulos convencionales -planetas, estrellas, faros de coches…- por naves de otros mundos y pruebas militares convenientemente ocultas tras la cortina de humo extraterrestre. Como pasó en Canarias el 5 de marzo de 1979, cuando decenas de miles de personas presenciaron un espectáculo nocturno causado por el lanzamiento de un misil desde un submarino estadounidense, pero en los medios se habló de ovnis durante años.

El triángulo de las Bermudas

Steven Spielberg coge la idea de la investigación gubernamental y las abducciones, en aquella época algo marginal en la ufología, y las combina con otro misterio de moda, el de las desapariciones del triángulo de las Bermudas. Al principio de Encuentros, aparecen en el desierto de Sonora, intactos, cinco aviones torpederos desaparecidos durante un vuelo de entrenamiento cerca de Florida el 5 de diciembre de 1945. Al final del filme, los tripulantes de ese escuadrón, el Vuelo 19, bajan de la nave nodriza que aterriza en la Torre del Diablo sin que por ellos haya pasado el tiempo.

Hallazgo de los aviones del 'Vuelo 19' en el desierto de Sonora en 'Encuentros en la tercera fase'.

El misterio del triángulo de las Bermudas no existió fuera de los libros de Charles Berlitz, nieto del fundador de las academias de idiomas que se hizo millonario con el montaje. Él y otros autores de su escuela tergiversaron sucesos reales para rodear la región -un triángulo imaginario con vértices en Florida, Bermudas y Puerto Rico- de un aura de misterio, llegando a inventarse accidentes que nunca ocurrieron. En el caso del Vuelo 19, ocultaron a sus lectores que se trataba de una misión de adiestramiento en orientación sin instrumental y que una cadena de errores llevó a los pilotos a perderse hasta que se les acabó el combustible sobre el Atlántico.

Encuentros no es ciencia ficción; son hechos científicos”, dijo Spielberg al actor Bob Balaban en marzo de 1976 cuando le propuso participar en el filme. Hace años que no piensa así. Ya no cree que nos visiten seres de otros mundo por, entre otras razones, la falta de pruebas: en un mundo lleno de videocámaras, las imágenes de ovnis siguen siendo tan malas como las de los 50 y 60. Pero nada de eso quita mérito a Encuentros, la mejor película sobre el mito de las visitas extraterrestres, una obra maestra que costó 20 millones de dólares y recaudó 300.

¿Sabía qué…?

George Lucas, Steven Spielberg y François Truffaut, en Mobile, durante el rodaje de 'Encuentros en la tercera fase'.Spielberg ganó millones con… La guerra de las galaxias

George Lucas visitó en julio de 1976 el hangar de Mobile (Alabama) donde se rodaba el desembarco alienígena final. Estaba convencido de que la película de su amigo iba a ser un taquillazo, no como la que él estaba acabando. “Te daré el 2,5% de mis beneficios de La guerra de las galaxias si me das el 2,5% de los tuyos de Encuentros en la tercera fase“, propuso a Steven Spielberg. Aceptó e hizo un gran negocio.

R2D2 viaja en la nave nodriza de la Torre del Diablo

R2D2 es una de las miniaturas escondidas en la inmensa nave que aterriza en la Torre del Diablo. Visible cuando el ovni pasa sobre la madre del niño abducido, es una broma del diseñador Ralph McQuarrie, creador también del universo visual de Star wars, incluidos Darth Vader, C-3PO y R2D2. La maqueta está en el Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano, en Washington

300 combinaciones de 5 notas

Trescientas combinaciones de cinco notas presentó John Williams a Spielberg para el saludo musical de los alienígenas. Eligieron la ahora inconfundible re-mi-do-do-sol. En la jam session final, la nave nodriza se expresa a través de una tuba y un oboe; los humanos, mediante sintetizadores.

Los grises se impusieron al resto de los extraterrestres

El niño Cary Guffey y el extraterrestre de 'Encuentros en la tercera fase'.Aunque ya había en la historia de la ufología extraterrestres grises de ojos almendrados, Encuentros hace que este modelo desbanque al resto -desde gigantes rubios hasta enanos peludos- en la imaginería ovni. Carlo Rambaldi diseña el rostro del jefe de los alienígenas basándose en fotos de Cary Guffey, el niño abducido, para transmitir la amabilidad que buscaba Spielberg en los visitantes.

Night skies, la secuela que nunca existió

Encuentros sacó de la bancarrota a Columbia, que pidió a Spielberg una secuela. Les ofreció en principio Night skies (Cielos nocturnos), una terrorífica historia de una familia asediada por violentos extraterrestres en un pueblo de la América profunda. Basada en un caso ovni de 1955, en el que unos gañanes se liaron a tiros con unos alienígenas que en realidad eran búhos, al final Spielberg renunció a rodarla porque, después de En busca del arca perdida, quería algo más tranquilo. Así nació ET.

El origen de los gremlins, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre el origen de los gremlins, en la vigésima sexta entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

El niño que dio la cara a los extraterrestres de ‘Encuentros en la tercera fase’

El niño Cary Guffey y el extraterrestre de 'Encuentros en la tercera fase'. Los extraterrestres de Encuentros en la tercera fase (1977) no tienen la cara que tienen porque sí. Cuando en abril de 1978, en el cine Astoria de Bilbao, les vi salir de la gigantesca nave nodriza en la base de la Torre del Diablo, creí saber por qué los desgarbados visitantes suscitaban empatía. Para mí, eran la versión alienígena de Barry Guiler, el niño abducido que interpreta Cary Duffey en la película de Steven Spielberg. Cada vez que he vuelto a ver el filme, una obra maestra que sintetiza como ninguna otra el mito ovni, he pensado lo mismo. Y, siempre que se lo he comentado a alguien, me ha mirado como a un bicho más raro que el que ya soy. Así que hace años que concluí que el parecido físico entre el niño y los extraterrestres de Encuentros era una obsesión mía sin fundamento. Estaba confundido.

El momento cumbre de Encuentros es cuando el ufólogo francés Claude Lacombe, a quien da vida François Truffaut, se comunica con uno de los visitantes mediante el lenguaje de signos de Zoltan Kodaly. El entrañable alienígena es, en realidad, una marioneta creada por Carlo Rambaldi, el padre de Alien y ET. Bautizada por Spielberg como Puck, sus movimientos eran controlados por un equipo de siete personas, una de ellas el propio director. Pues bien, en Close encounters of the third kind. The making of Steven Spielberg’s classic film (Encuentros cercanos del tercer tipo. La realización del clásico de Steven Spielberg, 2007), Ray Morton cuenta que Rambaldi construyó a Puck en su taller de Roma “basando la cara, en parte, en imágenes de Cary Guffey”. Encaja con la visión amable de los extraterrestres que quería transmitir Spielberg, quien durante el rodaje fue un inesperado compañero de juegos del niño, que entonces tenía 5 años. Además, demuestra que mi aparente obsesión tenía un fundamento real.

‘Encuentros en la tercera fase’ y el mito de los platillos volantes: el vídeo de la charla

Aquí tienen el vídeo de ‘Encuentros en la tercera fase’ y el mito ovni, la charla que di el 4 de mayo en una jornada organizada por la Tertulia de Ciencia-Ficción de Bilbao (TerBi), de la que soy miembro.

Cuando R2D2 sobrevoló la Torre del Diablo y otras curiosidades de ‘Encuentros en la tercera fase’

Anuncio del estreno de 'Encuentros en la tercera fase' publicado en 'El Correo' el 17 de marzo de 1978.Encuentros en la tercera fase es la gran película sobre el fenómeno de los platillos volantes. Se estrenó en 1977, cuando la creencia en las visitas extraterrestres era más popular que nunca y la ufología no había caído todavía en la espiral de locura y descrédito a la que la acabarían conduciendo el caso de Roswell, el conspiracionismo más extremo y la moda de las abducciones. Cuando la película de Steven Spielberg llegó a los cines, lo hizo a lo grande y respondió a las expectativas depositadas en el joven genio de Duel (1971) y Tiburón (1975). Han pasado casi cuatro décadas y su retrato del mito ovni sigue vigente.

Encuentros en la tercera fase está llena de ufología y, como buena hija, ha influido en la ufología posterior, en especial, en lo que se refiere al prototipo de extraterrestre. Veamos algunas curiosidades que nos ayudan a entender mejor esta cinta memorable, en la que todo encaja a la perfección. Una película que costó 20 millones de dólares y lleva recaudados 337.

1. Firelight. Spielberg vivió la adolescencia a finales de los años 50 y principios de los 60, en plena fiebre de los platillos volantes en Estados Unidos. Los primeros los había visto Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, sobre el monte Rainier el 24 de junio de 1947, seis meses después del nacimiento del primogénito de la pianista y restauradora Leah Adler y el ingeniero eléctrico Arnold Spielberg. Entonces, nadie pensaba que vinieran de otros mundos. Quien primero habló de visitantes alienígenas fue el mayor retirado Donald E. Keyhoe en un artículo para la revista True y en su libro The flying saucers are real (Los platillos volantes son reales), publicado en 1950 y en el cual también acusa al Gobierno estadounidense de ocultar la verdad sobre el fenómeno. Esos dos principios básicos de la ufología, el origen extraterrestre y el encubrimiento gubernamental, serán claves en Encuentros en la tercera fase.

Spielberg, con 16 años, prepara el rodaje de un despegue para 'Firelight'. Foto: Archivo de Steven Spielberg.

Ultimátum a la Tierra, la película de Robert Wise protagonizada por Michael Rennie, llega a los cines en 1951. En ella, un extraterrestre visita la Tierra para, en nombre de la Confederación Galáctica, exigir el fin de las pruebas nucleares, lo mismo que, un año después, transmite en el mundo real un venusiano a George Adamski, vendedor de hamburguesas que se convertirá en el primero de los contactados. Spielberg crece en un país donde hay gente que dice encontrarse cara a cara con alienígenas y se suceden los avistamientos de platillos volantes. Según sus biógrafos, su interés por los ovnis se dispara en 1957 cuando la familia vive en Phoenix (Arizona) y su padre se lo lleva una noche al desierto para ver un cometa. No hubo suerte, pero padre e hijo presenciaron una espectacular lluvia de estrellas fugaces. “Mi primera introducción al mundo que hay más allá de la Tierra…”, dijo años después el cineasta al recordar aquella experiencia.

Spielberg se adentra en el mundo de la ciencia ficción gracias a las revistas y libros de su padre, aficionado al género, y se entusiasma con películas como Ultimátum a la Tierra y Planeta prohibido (1956). Pero el detonante de su primera cinta sobre extraterrestres -que está en el germen de Encuentros en la tercera fase– fue que, durante una excursión de los Boy Scouts que se perdió, sus amigos vieron una luz extraña en el cielo. El adolescente Steven se sintió frustrado y se puso inmeditamente a escribir el guion de Firelight (Luz de fuego), un filme protagonizado por unos alienígenas, los altarianos, que visitan la Tierra para secuestrar humanos para un zoo.

Había ganado varios premios por una cinta bélica de 40 minutos titulada Escape to nowhere (Escapar a ninguna parte, 1961) y se asoció con su padre para reunir los 500 dólares que iba a costar la película. Tenía 16 años cuando en junio de 1963 empezó el rodaje con un reparto compuesto de amigos, familiares y compañeros de clase. “La producción atrajo una gran atención y el Arizona Republic publicó dos artículos y una foto de la película”, indica Ray Morton en Close encounters of the third kind. The making of Steven Spielberg’s classic film (Encuentros en la tercera fase. El rodaje del clásico de Steven Spielberg, 2007). Y añade que el joven director empleó todo tipo de efectos para dar verosimilitud a la historia. La cinta duraba 135 minutos, se estrenó el 24 de marzo de 1964 en el Little Teathre de Phoenix y dio beneficios. “Cobramos la entrada a un dólar. Quinientas personas vinieron a ver la película y creo que alguna probablemente pagó 2 dólares, porque ganamos uno aquella noche”, recuerda Spielberg.

Firelight presenta los temas de intrusos sobrenaturales, la alienación suburbana y la huida, las familias rotas y los niños secuestrados, la aventura científica y la renovación espiritual que son familiares en la obra madura de Spielberg”, escribe Joseph McBride en Steven Spielberg: A Biography (Steven Spielberg: una biografía, 1999). Curiosamente, el creador del extraterrestre más entrañable de la historia debuta en la ciencia ficción con unos visitantes malvados. No pudo sustraerse del ambiente paranoico en el que se había criado y que caracteriza buena parte de la ciencia ficción cinematográfica estadounidense de los años 50. Por desgracia, de Firelight sólo han llegado fragmentos hasta nuestros días. Cuando empezaba en Hollywood, Spielberg la utilizaba como carta de presentación y, en una ocasión, dejó los rollos a una productora que quebró poco después y desapareció sin habérselos devuelto. En mayo de 1977, Spielberg reveló al ufólogo francés Jacques Vallé el origen de Encuentros en la tercera fase: “Ya hice esta película una vez. Nadie la vio. La hice en 8 milímetros cuando era adolescente”,  le dijo en clara referencia a Firelight.

'The ufo experience', de Joseph Allen Hynek.2. El por qué del nombre. Encuentros en la tercera fase es una traducción errónea de Close encounters of the third kind (Encuentros cercanos del tercer tipo). La película es un recorrido por la llamada clasificación de Joseph Allen Hynek (1910-1986), un astrónomo que, durante más de dos décadas, colaboró con la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la investigación de casos de ovnis. Hynek se quitó la careta escéptica -en realidad, siempre había sido un creyente- a finales de los años 60 para convertirse en el padre de la denominada ufología científica y, en 1972, publicó The ufo experience (La experiencia ovni). En ese libro, divide los avistamientos de platillos volantes en observaciones lejanas y cercanas, siendo estas últimas las que tienen lugar a menos de 150 metros. Dentro de las primeras, distingue las luces nocturnas, los discos diurnos y los objetos detectados por radar, y entre las segundas están los encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, los del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y los del tercer tipo -se hacen visibles los tripulantes-, que son los que dan título a la película.

La acción arranca con el descubrimiento en el desierto de Sonora de los aviones del Vuelo 19, cinco torpederos TBM Avenger que, con sus catorce tripulantes, se esfumaron en el Atlántico, frente a Florida, el 5 de diciembre de 1945, cuando participaban en un vuelo de adiestramiento en orientación sin instrumental ni puntos de referencia. Este caso se hizo famoso en los años 70 de la mano de Charles Berlitz, quien lo atribuyó al misterioso triángulo de las Bermudas. La desaparición del Vuelo 19 se debió, en realidad, a una sucesión de errores de los jóvenes pilotos -todos, menos uno, novatos- en un día de “fuertes vientos y con el mar muy alborotado”. Desorientados, los aparatos cayeron al agua cuando se les acabó el combustible, y los aviadores murieron por el choque o ahogados. A fecha de hoy, no se han encontrado los aviones.

En Encuentros en la tercera fase, a los integrantes del Vuelo 19 les secuestraron visitantes de otros mundos, que los devuelven a la Tierra al final de la película. Entre el hallazgo de los aviones y el regreso de sus tripulantes, Spielberg recorre la clasificación de Hynek: vemos luces nocturnas, no discos diurnos -hubiera minado la apoteosis final-, sufrimos el efecto electromagnético cuando el automóvil del protagonista se topa con un ovni en una carretera de noche y asistimos a un espectacular primer contacto.

Joseph Allen Hynek, en 'Encuentros en la tercera fase'.

Entre los asistentes al apoteósico desenlace -que no sería tal sin la música de John Williams-, está Hynek. Protagoniza 8 segundos en los que se abre paso entre el gentío, con su barba de chivo, bata blanca y chupando una pipa. No aparece en los créditos, pero Columbia mencionó su Centro para el Estudio de los Ovnis (CUFOS) en el dossier de prensa y, además, pagó 2.000 suscripciones a su boletín por un total de 20.000 dólares. Pero la editorial de The Ufo experience demandó a la productora por violación de derechos de autor por el título de la película y eso acabó con las buenas relaciones entre Columbia y Hynek, según Jacques Vallée, el estudioso de los platillos volantes con mayor protagonismo en la cinta.

Joseph Allen Hynek y Jacques Vallée, en los años 70.3. Un ufólogo francés en la trastienda. Claude Lacombe, a quien da vida François Truffaut, es el científico que dirige la investigación ovni para el Gobierno estadounidense y está inspirado en un ufólogo de carne y hueso, Jacques Vallée, un francés que se trasladó a vivir a Estados Unidos hace 50 años. Informático y astrofísico de formación, y apasionado por los ovnis, conoció a Hynek en 1962 en la Universidad del Noroeste (Illinois) y, un año más tarde, se convirtió en su secretario. Ambos habían sido rosacruces en su juventud. Vallée acabó siendo la mano derecha de Hynek y es autor de Pasaporte a Magonia (1969), libro en el que propone que “los seres de los ovnis actuales pertenecen al mismo tipo de manifestaciones que se describían en siglos pasados secuestrando humanos y volando a través de los cielos”. Huye de la hipótesis extraterrestre y tiende un puente entre las visiones de la ufología y las de ángeles, demonios, hadas y elfos. Todas son, para él, manifestaciones de un fenómeno originado en una realidad alternativa.

Que Truffaut era el alter ego cinematográfico de Vallée es algo de lo que nos dimos cuenta todos los interesados en el tema ovni que vimos Encuentros en la tercera fase cuando se estrenó. “Por supuesto, [Lacombe] está basado en Jacques [Vallée]. He leído sus libros. Me parecía interesante la idea de un francés investigando sobre ovnis en Estados Unidos”,  le contó Spielberg en mayo de 1977 a la periodista Marcia Seligson, cuando preparaba un perfil del cineasta para la revista New West. Durante esa entrevista, Spielberg admitió, además, haber eliminado una escena en la cual Lacombe intenta aprender inglés tumbado en la cama de un hotel escuchando una cinta que ha comprado en Francia y en la que, por eso, la voz grabada habla inglés con acento francés. Algo divertidamente ridículo.

Vallée, el segundo por la izquierda, y Hynek, el cuarto, en una reunión con Kurt Waldheim en la ONU.

En el segundo volumen de sus memorias, Forbidden science. Journals: volume two 1970-1979 (Ciencia prohibida. Diarios: volumen dos 1970-1979, 2009), Vallée asegura, entre otras cosas, que Spielberg se rompió la cabeza hasta dar con el modo en que los extraterrestres transmitirían a los humanos el lugar elegido para el primer contacto. El cineasta le contó un día que había pasado horas reunido para nada con técnicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. “He oído todas las explicaciones de esos tíos de pelo largo con máquinas de millones de dólares y muchas luces parpadeantes, pero no he podido encontrar ningún sentido a su jerga. La escena tiene que ser gráfica, visual”, le decía al ufólogo francés. Según Vallée, él propuso a Spielberg que los alienígenas transmitieran una serie de números, éstos fueran las coordenadas del lugar del aterrizaje de la nave nodriza y el descubrimiento lo hiciera un técnico con un globo terrestre. Al final, será el intérprete de Lacombe, geógrafo de profesión, quien dé con la respuesta en medio del caos.

Hynek y Vallée son las dos grandes figuras ufológicas de los años 70. En noviembre de 1978, el primero habla ante la Asamblea General de la ONU y pide -en un discurso consensuado con Vallée y otro ufólogo frandés, Claude Poher- que se cree una agencia multinacional que estudie el fenómeno. Hynek está convencido de que detrás de los ovnis hay “alguna forma de inteligencia”, pero no tiene claro si se trata de extraterrestre, de “una realidad superior” o de la mente humana. Y aboga por “la creación de un mecanismo dentro de las Naciones Unidas para facilitar el intercambio y la traducción de los informes y estudios realizados en distintos países miembros”. La iniciativa, apadrinada por Eric Gairy, primer ministro de la isla de Grenada, no llegará a buen puerto, aunque dejará para la posteridad las fotos de los ufólogos reunidos con Kurt Waldheim, entonces secretario general de la ONU.

El extraterrestre que dibujó Barney Hill en la consulta del psiquiatra Benjamin Simon.4. La película que encumbró a los grises. ¿De dónde sale el extraterrestre menudo, gris, cabezón y de ojos almendrados? El prototipo actual de tripulante de un platillo volante es una evolución del retrato robot que hizo Barney Hill de los alienígenas que, según él, le secuestraron junto a su esposa, Betty, en septiembre 1961 en una carretera secundaria de New Hampshire. “Los hombres tenían la cabeza de forma rara, con el cráneo grande que se empequeñecía hacia la barbilla. Y sus ojos se alargaban, llegando casi hasta las sienes. […] La piel era grisácea, de aspecto casi metálico”, contó Barney, bajo hipnosis, al psiquiatra Benjamin Simon. Betty, que era asistente social, describió a los visitantes como de aspecto “mongoloide: ese tipo de cara redonda y frente ancha, algo basto. Su piel parecía de un gris azulado, pero probablemente era algo mas blanca”, según recoge el periodista John G. Fuller en su libro El viaje interrumpido (1966), que narra el secuestro de los Hill.

Ese visitante de grandes ojos almendrados y piel gris se hace popular gracias, sobre todo, a The ufo incident (El incidente ovni), el telefilme de 1975 en el cual James Earl Jones da vida a Barney y Estelle Parsons, a Betty. Los secuestros por extraterrestres se multiplican tras la emisión de The ufo incident por la NBC en prime time. Hasta 1975 se habían registrado unas cincuenta abducciones, todas denunciadas después que la del matrimonio de New Hampshire, mientras que de 1975 a 1977 salieron a la luz cien nuevas.

Extraterrestre de 'El escudo Bellero'.Un leñador, Travis Walton, aseguró en noviembre de 1975 que había sido secuestrado por alienígenas como los de los Hill y, dos años más tarde, Steven Spielberg puso a los cabezones de ojos rasgados a los mandos de las luminosas naves de Encuentros en la tercera fase. Muchos después, el estudioso del mito ovni Martin Kottmeyer descubrió que, doce días antes de que Barney dibujara el retrato del alienígena ante su psiquiatra, extraterrestres con esos ojos protagonizaron El escudo Bellero, un episodio de la serie The outer limits (Más allá del límite). Ése fue el detonante. Luego, su presencia en los medios y en obras de ficción de gran impacto popular, como la película de Spielberg y la serie Expediente X, hizo que el gris se impusiera sobre todos los demás alienígenas que habían protagonizado relatos de ovnis desde mediados de los años 50.

Por cierto, el doctor Simon nunca creyó que los Hill hubieran sido secuestrados por extraterrestres. Para él, la historia se había cocinado en la mente de una Betty interesada por los ovnis y obsesionada por unas pesadillas que creía basadas en hechos reales y con las que bombardeó a Barney durante meses, hasta que las incorporó a su memoria como falsos recuerdos. En la época que se rueda Encuentros en la tercera fase, gran parte de la comunidad ufológica considera los secuestros por extraterrrestres algo increíble. Spielberg, sin embargo, incorpora las abducciones a la trama como hilo conductor, aunque parecen tener más un fin espiritual que físico, alejadas de la supuesta experimentación con humanos que con el tiempo ganará terreno en la ufología más popular.

La nave nodriza de 'Encuentros en al tercera fase'. A la derecha, en el borde del 'cuenco', está R2D2. Foto: Museo Nacional del Aire y del Espacio de la Institución Smithsoniana.5. R2D2 sobrevuela la Torre del Diablo. La gran nave extraterrestre contiene algunas miniaturas incluidas por su diseñador a modo de broma: un autobús, un avión, un submarino, un buzón de correos, una tumba… y a R2D2. La silueta del droide astromecánico de La guerra de las galaxias es visible cuando el gigantesco ovni se eleva sobre la Torre del Diablo ante el asombro de Jillian Guiler, la madre del niño secuestrado por los visitantes. Si R2D2 está en Encuentros en la tercera fase, que se rodó prácticamente a la vez que La guerra de las galaxias, es porque la nave nodriza la diseñó Ralph McQuarrie. Este artista creó buena parte del universo visual de la trilogía original de Lucas -incluidos Darth Vader, R2D2, C-3PO, Han Solo, Boba Fett, Obi-Wan Kenobi, Yoda…-, y también la estética de series como Battlestar Galactica (1978) y filmes como En busca del arca perdida (1981), ET (1982), Cocoon (1985) y Star Trek IV. Misión: salvar la Tierra (1986).

R2D2, en la gran nave nodriza en la Torre del Diablo.

6. Spielberg y Lucas intercambian beneficios. “Te daré el 2,5% de mis beneficios de La guerra de las galaxias si me das el 2,5% de los tuyos de Encuentros en la tercera fase“, propuso George Lucas a Steven Spielberg en julio de 1976 durante una visita al hangar de Mobile (Alabama) donde se rodaba la escena final de la Torre del Diablo. Lucas estaba convencido de que la película de su amigo iba a ser un éxito de taquilla, mientras que la suya no la iba a ver nadie de más de 12 años. Spielberg aceptó y Lucas se confundió… en parte. Encuentros en la tercera fase fue un taquillazo que sacó a Columbia de la bancarrota, pero La guerra de las galaxias fue un fenómeno cultural que aún persiste. En el documental que acompaña la edición en DVD del trigésimo aniversario, Spielberg reconoce que hizo bastante mejor negocio que su amigo.

7. La fallida continuación de Encuentros en la tercera fase. Tras el éxito de taquilla, Columbia presionó a Spielberg para que rodara una secuela. Él no quería hacerlo, pero tampoco que pasara como con Tiburón, cuya segunda parte rechazó dirigir para Universal y acabó siendo un bodrio. Así que ofreció a Columbia una especie de continuación de Encuentros en la tercera fase. En realidad, no era tal: se iba a titular Night skies (Cielos nocturnos) e iba a contar la historia de un grupo de personas asedidadas por unos violentos extraterrestres en un rancho de la América profunda.

Boceto de la apariencia de los intrusos hecho por Gary F. Hodson, de la 101ª División Aerotransportada, con base en Fuerte Campbell.La trama se basaba en un suceso ovni, el caso de Kelly-Hopkinsville, ocurrido el 21 de agosto de 1955 en la granja Sutton, en Kentucky, cuando, después de ver a las 19 horas una luz en el cielo, un grupo de lugareños sufrió el supuesto asedio de alienígenas durante horas. Ya de noche, los aterrorizados granjeros, que dispararon a sus presuntos atacantes, salieron huyendo en sus coches hasta la comisaría de Hopkinsville, cuyos agentes no encontraron en el rancho prueba alguna ni del aterrizaje de una nave ni de la presencia de intrusos. “En esa parte del país, la gente de la extracción social y económica de los testigos «dispara primero y pregunta después»”, escribió Hynek en The ufo experience. Para él, fue desde un principio un caso “claramente absurdo, hasta el extremo de ofender al sentido común”.

Spielberg renunció al final a trasladar el caso de Kelly-Hopkinsville a la pantalla grande porque, después el rodaje de En busca del arca perdida, quería trabajar en algo más tranquilo. Y así nació ET.  Las descripciones de los alienígenas de Kentucky -criaturas flotantes, sin cuello, de ojos saltones, grandes orejas puntiagudas y largos brazos- sirvieron como modelo para los gremlins de la película de Joe Dante. Por cierto, los visitantes aterradores del caso de Kelly-Hopkinsville fueron seguramente una pareja de gran búho cornudo (Bubo virginianus), según el ufólogo francés Renaud Leclet y el escéptico estadounidense Joe Nickell.

8. Spielberg, el escéptico. “Ya no estoy tan seguro de la presencia de vida extraterrestre entre nosotros como veinte años atrás -admite el cineasta en una entrevista del ufólogo Álex Chionetti publicada en agosto de 2005 en la revista Año Cero-. En los 70 yo estaba absolutamente convencido de que estábamos siendo visitados. Es lo que reflejé durante el rodaje de Encuentros en la tercera fase, y después con ET. Pero no me han convencido mucho las evidencias que se han aportado desde entonces. A diferencia de los años 60 y 70, ahora poseemos millones de videocámaras y, no obstante, no hemos conseguido mejores evidencias. Las imágenes de los ovnis de hace treinta años no han cambiado y siguen siendo de objetos que no requieren necesariamente una tecnología extraterrestre. En Encuentros en la tercera fase había diversos tipos de no identificados, muchos imaginados por mí, pero otros basados en hechos reales. Sin embargo, en todo el material de estos años no he llegado a ver un caso que se acercara a alguna de mis interpretaciones del fenómeno”.

El entrevistador discrepó. “No estoy de acuerdo”, replicó, y añadió que en los últimos años las pruebas habían seguido acumulándose. “Bueno, me gustaría ver esos vídeos, ya que nadie me ha demostrado todavía que existan evidencias más fuertes… Naturalmente, no lo niego… Por favor, hágamelos llegar a través de su contacto con mi publicista”, respondió Spielberg al colaborador de Año Cero. Pruebas es lo que pedimos los escépticos a quienes hacen proposiciones extraordinarias como que nos visitan seres de otros mundos.

Nota

Este texto está basado en parte de la charla ‘Encuentros en la tercera fase’ y el mito ovni, que di el 4 de mayo en Bilbao en una jornada organizada por la Tertulia de Ciencia-Ficción de Bilbao (TerBi), de la cual soy miembro.