SETI

¿Entenderíamos un mensaje extraterrestre?, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre si entenderíamos un mensaje extraterrestre, en la decimotercera entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

“Cada vez estamos más solos en el Universo”, dice el astrofísico Agustín Sánchez Lavega

“La búsqueda de la vida condiciona mucho la exploración del Sistema Solar”, suele decir Agustín Sánchez Lavega. El planetólogo vasco es experto en las atmósferas de otros mundos, que le han llevado en dos ocasiones hasta la portada de la revista Nature, algo al alcance de muy pocos. De la nada, ha creado en la Universidad del País Vasco un grupo de estudiosos de las ciencias planetarias que se codea con los mejores, a pesar de contar con recursos muy limitados. En esta entrevista, Sánchez Lavega habla acerca de la vida extraterrestre, lo que sabemos y, sobre todo, lo que ignoramos.

– ¿Cree que existe vida extraterrestre en el Sistema Solar?

– Si en algún sitio del Sistema Solar ha habido una esperanza para la vida, fue en Marte. Es el planeta mejor explorado y, hasta la fecha, no tenemos ninguna prueba de que haya restos fósiles de vida. Quizás ha podido haber alguna oportunidad para la vida en otros mundos del Sistema Solar, pero tampoco tenemos pruebas.

– ¿Pero cabe la posibilidad de que la haya en ese océano que hay bajo el hielo de Europa, la luna de Júpiter?

– Lo veo muy complicado. Parece que la vida es algo muy frágil, aunque, cuando prende, se expande y evoluciona rápidamente. Sin embargo, mi impresión en este momento es que no hay vida en el Sistema Solar fuera de la Tierra. Pero yo siempre digo una cosa: tenemos que ser extremadamente abiertos a cualquier posibilidad de vida porque no sabemos cómo podemos identificarla.

La última sorpresa

Agustin Sánchez Lavega, en el observatorio de la Escuela de Ingenieros de Bilbao. Foto: José Félix Rojas.– Sólo la conocemos de un tipo.

– Ése es el problema. Debemos tener la mente abierta. Hasta hace poco, el interés astrobiológico -de búsqueda de vida- se centraba en Marte, Europa y Titán. Nunca se pensaba que una luna pequeñita, un mundo helado que está a -200ºC, pudiera acoger vida. Pues, bien, la Cassini ha descubierto que Encelado tiene probablemente un océano bajo el hielo, como Europa. Y esto nadie se lo esperaba porque Encelado es un satélite de Saturno de sólo 500 kilómetros de diámetro.

– Más pequeño que la Luna.

– Sí. Nadie había pensado que Encelado podía tener una fuente de calor interno que funda el hielo y dé lugar a una océano de agua. Con la Cassini, hemos descubierto que es así, que hay géiseres. Quizás otras misiones futuras encuentren otros mundos helados que puedan también tener esos océanos subsuperficiales. Los tres ingredientes fundamentales para la vida tal como la conocemos son una fuente de energía, agua líquida y una fuente de carbono para los enlaces orgánicos. El agua líquida y la energía, esta vez interna, ya las tenemos ahora en un mundo más. ¿Qué nos enseña esto? Que debemos tener la mente abierta.

– ¿Hasta que punto?

– Hasta hace poco, se pensaba que la fuente de energía tenía que ser la radiación de una estrella. Ahora, sabemos que puede ser interna: geotérmica, por decaimiento radiactivo de ciertos elementos, por efectos de marea debidos a los tirones gravitatorios de planetas o satélites… Hasta los años 80, no creíamos que podían existir esas fuentes de energía internas en un mundo como Encelado. Tampoco pensábamos que podía haber en la Tierra vida que se desarrollase en condiciones extremas. A esas cosas me refiero cuando hablo de mente abierta.

– ¿La mejor manera de saber dónde hay que buscar vida fuera de la Tierra es hacerlo en los entornos más hostiles de nuestro planeta?

– No. Nos aporta información porque esos ambientes semejan las condiciones extremas que se dan en otros mundos, aunque, evidentemente, ninguno tiene las condiciones de la Tierra. Marte es un planeta mucho más frío y seco, por cuya superficie fluyó agua muy ácida en el pasado. Por eso estudiamos las bacterias de Río Tinto, en Huelva, y las que viven a altísimas temperaturas en los fondos marinos, en las dorsales oceánicas. Ya no podemos pensar que la vida se debe desarrollar entre -20ºC y 40ºC, en un rango de presiones como el que se da en la superficie terrestre…

– ¿Y en Venus?

– No. La única opción que hay para la vida en Venus se encuentra por encima de las nubes de ácido sulfúrico. Más abajo, las temperaturas son altísimas -en la superficie, se funde el plomo- y eso ya no puede soportarlo ningún ser vivo. Por encima de las nubes, hay presiones como las terrestres y gotitas de agua en suspensión. Por eso hay gente que cree que podría darse algún tipo de microorganismos. Es altamente improbable, pero no podemos rechazar esa posibilidad. Hay que buscar.

– Existe un centenar de mundos en el Sistema Solar, entre planetas y satélites. Son muchos sitios en los que buscar.

– Y el número crece, crece y crece, porque, desde un planeta gigante como Júpiter -con sus 70.000 kilómetros de radio- hasta el último meteorito, hay miles y miles de objetos. El Cinturón de Asteroides tiene gran cantidad de cuerpos por encima de los 200 kilómetros de diámetro. Y los cometas también puede ser reservorios de moléculas lo suficientemente avanzadas como para ser progenitoras de la vida.

Recreación de un robot submarino en el océano subsuperficial de Europa, la más grande de las lunas de Júpiter. Foto: NASA.

Cometas, asteroides y vida

– ¿Es posible que la vida sea de origen extraterrestre, que llegara a la Tierra en un cometa?

– No lo creo; me parece muy complicado que fuera así. Pero sí es cierto que la aportación de materia orgánica de los cometas pudo desempeñar un papel muy importante en el desarrollo de la vida en la Tierra. Sabemos que hay materia orgánica, formas de moléculas de carbono, en los cometas y también nubes en el medio interestelar. Yo, de todas maneras, soy más bien de la hipótesis de que todo se generó aquí, en la Tierra, aunque no tengo argumentos para descartar la posible aportación de los cometas.

– De lo que no cabe duda es de que asteroides y cometas son una amenaza para la vida terrestre.

– Sí, así es. Cuando un sistema planetario se forma, quedan un montón de residuos alrededor de los cuerpos mayores, que los bombardean. Lo mismo que pueden ser importantes a la hora de aportar materia orgánica y agua -gran parte de la de la Tierra probablemente llegó en asteroides-, sabemos que también están detrás de grandes extinciones como la de los dinosaurios de hace 65 millones de años. Hay impactos tan grandes que algunos satélites se han formado a raíz de ellos. Tritón, la luna de Neptuno, pudo nacer a partir del impacto con otro cuerpo. Y la Luna también es producto de un choque de ese tipo.

– ¿Es hija de la Tierra?

– Hija de la Tierra y del Sistema Solar. Es la mezcla de lo que quedó tras chocar contra la Tierra un cuerpo quizá tan grande como Marte. Parte de la Tierra y parte de ese cuerpo salieron disparados y formaron la Luna. Hoy en día, sabemos, además, que la Luna ha favorecido enormemente la evolución de la vida.

– ¿Cómo?

– La Luna actúa como un ancla para la Tierra. Si no estuviera ahí, el eje de rotación de nuestro planeta, estaría dando tumbos. Se sabe que al de Marte le pasa eso porque no tiene un gran satélite que lo ancle. Marte ha tenido grandes cambios climáticos por los vaivenes de su eje de rotación. En la Tierra, hablamos de las glaciaciones como de algo extremo, pero no son nada comparadas con lo que habría pasado si no hubiera existido la Luna: el eje de rotación habría estado dando tumbos continuamente por los tirones gravitatorios del Sol y de los planetas gigantes. La evolución hacia formas complejas de vida quizá no hubiese sido tan fácil y hubiese habido muchas extinciones masivas a consecuencia de bruscos cambios de temperatura.
Inteligencia extraterrestre.

Criadero de estrellas en la Gran Nube de Magallanes. Foto: NASA-ESA.– Se calcula que en nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay 100.000 millones de estrellas y que existen 100.000 millones de galaxias como la nuestra. Esa inmensidad es el argumento principal de quienes defienden que no estamos solos como seres inteligentes. ¿Qué piensa usted?

– Sí, los números son apabullantes; pero una cosa es que la vida surja en un mundo y otra que evolucione hasta la inteligencia. Hay muchos factores que intervienen en el proceso y, si bien antes se creía que ese gran número de estrellas y galaxias ya era por sí solo un argumento a favor de la pluralidad de mundos habitados, ahora se piensa que las condiciones para que la vida aparezca pueden no darse tan fácilmente.

– Deme algún ejemplo.

– Las estrellas de masa superior a la del Sol viven muy poco, apenas 100 millones de años, y no da tiempo para nada. Y las más pequeñitas viven más 10.000 millones de años y, por tanto, puede haber numerosas oportunidades para la vida. Sin embargo, desarrollan frecuentes tormentas magnéticas que barren las atmósferas de los planetas que giran a su alrededor. Así que como estrellas sólo nos sirven las que son del tipo del Sol, que son las más numerosas. Luego, hay que ver dónde está cada estrella en la galaxia, si tiene algún planeta a la distancia adecuada… Mira lo que pasa en el Sistema Solar: nos acercamos un poco al Sol y hay un mundo calcinado, Venus; nos alejamos y estamos en un mundo helado y seco, Marte; sólo la Tierra está en la zona de habitabilidad, donde el agua puede existir en estado líquido.

– Pero están todas esas lunas de las que hemos hablado antes.

– Ése es el contrapunto. Son mundos que no se encuentran dentro de la zona de habitabilidad de la estrella, pero que tienen agua líquida porque están en la zona de habitabilidad de un planeta gigante. ¡Eso es algo muy importante que antes no se contemplaba! Ahora bien, si hablamos de vida inteligente, es otra cosa.

– La vida en la Tierra tiene más de 3.000 millones de años y sólo en los últimos 6 millones de años ha surgido la inteligencia.

– Sí, pero tampoco podemos tomarlo como un patrón. ¿Qué hubiese pasado si no hubiera habido una extinción masiva hace 250 millones de años? ¿Y si un asteroide no hubiera acabado con los dinosaurios hace 65 millones de años? Hay muchas preguntas que nos podemos hacer. Es muy difícil hablar de la posible evolución de la vida en otros mundos cuando sólo conocemos un ejemplo.

– ¿La mejor prueba de que no hay nadie cerca es la ausencia de señales de radio inteligentes?

– Evidentemente. Pero es que los otros mundos están tan lejos… Una señal a la estrella más próxima, Alfa Centauro, tarda más de cuatro años en llegar. Viajar entre las estrellas como en Star trek no está ahora a nuestro alcance, lo que no quiere decir que no lo vaya a estar en el futuro. Todavía no tenemos capacidad ni para hacer viajes tripulados por el Sistema Solar. Pensar que en nuestras cercanías de la galaxia -a un radio de unos 30 años luz- puede haber vida inteligente es ser muy optimista. Yo creo que estamos bastante solos en el Universo, y cada vez más porque el Universo está en expansión y nos estamos alejando aceleradamente de otras galaxias y estrellas.

Nota: Esta entrevista fue publicada en 2006 en El Correo. Tanto el protagonista como yo creemos que su contenido sigue vigente, y la publico ahora aquí  porque ya no está accesible en la web periódico.

¿Entenderíamos un mensaje extraterrestre?

El Conjunto de Gran Tamaño (VLA), instalación formada por 27 antenas de radio de 230 toneladas cada una levantadas en el desierto de Nuevo México, Estados Unidos. Foto: NRAO-AUI.

El astrónomo Seth Shostak aseguró el 21 de mayo de 2014, ante el Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología del Congreso de Estados Unidos, que en veinte años tendremos pruebas de la existencia de vida fuera de la Tierra. “Sería raro que estuviéramos solos”, apuntilló su colega Dan Wethimer. Ambos trabajan en el proyecto SETI, el intento de detectar señales de radio de otras civilizaciones, y trataban de convencer a los legisladores de que destinaran más fondos a ese tipo de iniciativas.

Dada la inmensidad del Cosmos -se calcula que hay 100.000 millones de galaxias, cada una con una media de 100.000 millones de estrellas-, es muy probable que haya vida inteligente ahí fuera. Sin embargo, debido a las enormes distancias cósmicas, nadie cree que el primer contacto sea cara a cara, al estilo de Star trek. Lo más probable es que captemos una emisión de radio, como ellos pueden captar las nuestras.

La NASA publicó en mayo del año pasado -se puede descargar gratis en varios formatos- el libro Archaeology, anthropology and interstellar communication. En la obra, antropólogos, arqueólogos, lingüistas, psicólogos y otros expertos reflexionan sobre el día después de la recepción del primer mensaje alienígena. ¿Podremos entablar un diálogo con una civilización lejana que no tenga nada que ver ni biológica ni culturalmente con nosotros?

Sin piedra Rosetta

La piedra Rosetta.La ciencia ficción nos ha acostumbrado a que los radiotelescopios reciban hoy un mensaje inteligente de Vega, como en el libro y la película Contact, y los científicos lo descifren en unas semanas, a lo sumo meses. Algo que tiene tanto fundamento como que los habitantes de otros mundos sean humanoides que se diferencien de nosotros por tener escamas u orejas puntiagudas. Sabríamos desde el primer momento que ya no estamos solos, pero no lo que dice el mensaje. Descifrarlo, advierten los expertos, podría ser una misión imposible.

“Como los arqueólogos que reconstruyen civilizaciones distantes en el tiempo a partir de evidencia fragmentaria, los investigadores de SETI esperan reconstruir civilizaciones lejanas separadas de nosotros por un abismo de espacio y tiempo. Y, como los antropólogos, que intentan entender otras culturas a pesar de las diferencias del lenguaje y las costumbres sociales, deberemos comprender la mentalidad de una especie que es radicalmente el Otro”, apunta Douglas Vakoch, psicólogo del Instituto SETI y coordinador de la obra. El otro es más otro que nunca en este caso, puesto que no habremos compartido con él una historia evolutiva, como nos pasa con el resto de las especies de la Tierra. Aún así, hasta los casos más ‘alienígenas’ de nuestro planeta resultan desconsoladores.

Los expertos suelen citar los jeroglíficos egipcios como ejemplo equiparable a un mensaje extraterrestre. Fueron un enigma durante centurias hasta que Jean-François Champollion los descifró en el siglo XIX gracias a la piedra Rosetta, una estela con un texto escrito en antiguos jeroglíficos egipcios, egipcio demótico y griego antiguo. Esta última lengua dio la clave para la lectura de los jeroglíficos. Sin embargo, no es factible que un mensaje de las estrellas nos llegue en forma de piedra Rosetta y contemos en él con una traducción simultánea del idioma alienígena a una lengua terrestre.

¿Lenguajes universales?

Para la arqueóloga y antropóloga Kathryn Denning, de la Universidad de York, los mejores análogos de mensajes alienígenas serían aquellos que, tras décadas y hasta siglos de estudio, siguen siendo un enigma, como la escritura rongorongo de la isla de Pascua y la lineal A cretense. “El problema con las analogías -escribe- es que son muy persuasivas, inherentemente limitadas y se difunden fácilmente. Por tanto, constituyen una importante fuente de error en la comprensión cultural. Por ejemplo, las personas a menudo asumen que los Otros son muy similares a ellos mismos”. Y si eso ya es una presunción arriesgada en el caso de las culturas humanas, ¡qué decir en el de seres extraterrestres!

Denning recuerda que, en su libro Cosmos, el astrofísico Carl Sagan “argumentaba que las matemáticas, la física y la química podían constituir una especie de Rosetta cósmica: «Creemos que hay un lenguaje común que han de tener las civilizaciones técnicas, por diferentes que sean. Este lenguaje común es la ciencia y las matemáticas. Las leyes de la naturaleza son idénticas en todas partes»”. Ella, sin embargo, es escéptica respecto a que eso garantice la comunicación interestelar porque, al igual que el lenguaje, las matemáticas tienen su propio contexto cultural que las moldea.

“Si no hemos sido capaces de traducir antiguas escrituras humanas sin algún conocimiento de la lengua hablada que representan, ¿qué perspectivas tenemos de ser capaces de comprender las transmisiones de radio procedentes de otros mundos para las que no tenemos ni piedras Rosettas ni ningún conocimiento de las lenguas que codifican?”, preguntan el antropólogo Ben Finney y el historiador Jerry Bentley, ambos de la Universidad de Hawái. “¿Qué esperanza tenemos de comunicarnos con los extraterrestres si tenemos tantas dificultades para entender la imaginería simbólica producida en Europa tan recientemente como hace 12.000 años por los miembros de nuestra propia especie”, coincide el antropólogo Paul K. Wason en referencia al arte rupestre paleolítico.

Una tablilla rongorongo.

Para el experto en inteligencia artificial William Edmonston, la historia nos ha demostrado que “la comunicación con seres terrestres inteligentes alejados de nosotros en el tiempo es profundamente problemática” porque somos incapaces de entender el objetivo de muchas de sus creaciones. Desde algunos geoglifos hasta el llamado manuscrito de Voynich, un bello libro ilustrado del siglo XV que todavía no se sabe si contiene un mensaje real o es un cúmulo de signos sin sentido, que es lo que sospechan la mayoría de los expertos. A juicio de Edmonson, el manuscrito de Voynich ilustra cómo la lingüística “puede presentar un problema insoluble para la interpretación debido a su arbitrariedad y opacidad semiótica”.

Demasiados supuestos

Como apunta Denning, hemos dado tradicionalmente demasiadas cosas por supuestas respecto a unas inteligencias con las que, de existir, tendremos pocas cosas en común. “No sabemos si los extraterrestres perciben y conceptualizan su realidad de manera similar a la nuestra, con las mismas categorías cognitivas, o incluso si se comunican a través de canales visuales y sonoros”, advierte Richard Saint-Gelais, profesor de literatura en la Universidad Laval de Quebec. El espectro visual y sonoro que captan nuestros sentidos es limitado, fruto de cientos de millones de años de evolución en la Tierra, y es la base de nuestra visión de la realidad. Como lo serán sus sentidos de la concepción del Cosmos de nuestros desconocidos interlocutores.

“¿Cómo puede establecerse comunicación entre dos grupos de seres vivos que 1) tienen evoluciones biológicas independientes, 2) tienen historias culturales independientes y 3) nunca han interactuado antes?”, se pregunta el filósofo y etólogo Dominique Lestel. Él no tiene respuesta a esa pregunta y hasta cree que los humanos podríamos tener “muy buenas razones -políticas, psicológicas y hasta metafísicas- para evitar establecer contacto con una civilización extraterrestre”.

La señales extraterrestres procedían de hornos microondas

El observatorio Parkes, en Nueva Gales del sur. Foto: John Sarkissian (Observatorio Parkes-CSIRO).servatory)Astrofísicos australianos han descubierto que unas misteriosas emisiones de radio -conocidas como peritones- captadas en el observatorio Parkes (Nueva Gales del Sur) desde 1998 no llegaban desde el espacio exterior, sino que procedían de hornos microondas que el personal del complejo abría precipitadamente. Emily Petroff, astrofísica de la Universidad Tecnológica de Swinburne y sus colaboradores, han dado a conocer la noticia en un artículo en las Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y zanjado así el enigma después de diecisiete años.

“Hay tres microondas en las proximidades del telescopio que se usan frecuentemente, uno en la torre debajo del telescopio, otro en el centro de visitantes y un tercero en la cocina para el personal situada en el edificio conocido como Woolshed. Hay dos microondas más en las dependencias de los observadores, aproximadamente a un kilómetro”, escriben Emily Petroff y su equipo. “Los dos hornos responsables de la mayoría o todos los peritones observados son del mismo fabricante (Matsushita/Nacional) y ambos superan los 27 años, aunque funcionan perfectamente”, añaden.

Los peritones identificados como procedentes de microondas son un tipo de señal muy parecida a los llamados estallidos rápidos de radio (FRB), que duran milisegundos y los científicos creen que tieen un origen extragaláctico. El pasado 19 de enero, astrónomos australianos registraron por primera vez en directo una emisión de este tipo cuando impactaba en el radiotelescopio de Parkes. Después de que el fenómeno se repitiera otras dos veces, abrieron una investigación y acabaron descubriendo que las misteriosas señales se parecían mucho a las emitidas por un micrrondas. Tras varias pruebas, comprobaron que podían recrearla sabriendo la puerta del horno para pararlo, a consecuencia de lo cual se producía un estallido de radio que luego detectaba el radiotelescopio. “ha sido una sorpresa para todos nosotros”, ha admitido Petroff.