Reliquias

La ciencia deja a santa Brígida sin huesos

Santa Brígida en el retablo de la iglesia de Salem, en Suecia.El cráneo de santa Brígida, guardado en un cofre en la abadía sueca de Vadstena, no es de ella, según un artículo publicado en la revista científica electrónica PLOS One. Una investigación dirigida por Marie Allen, del Departamento de Genética y Patología de la Universidad de Uppsala, ha concluido, después de someter los cráneos que se atribuyen a la patrona de Suecia, y a su hija Catalina, también santa, al análisis del carbono 14 y a pruebas de ADN, que no datan de la época en la que ambas mujeres vivieron, el siglo XIV, y que no corresponden a una madre y una hija.

Brígida Birgersdotter (1303-1373) fue declarada en 1999 por Juan Pablo II una de las patronas de Europa. Aristócrata de nacimiento, se casó a los 13 años y tuvo ocho hijos. Popular por sus obras de caridad, peregrinó a Santiago de Compostela con su marido, Ulf Gudmarsson, entre 1341 y 1343. Un año después, enviudó y fundó la Orden del Santísimo Salvador, también conocida como la Orden Brigidina, con sede en Vadstena. Tuvo visiones de la Virgen, de la Natividad y de Jesús crucificado, además de del Purgatorio. Murió en Roma, sus restos fueron trasladados a Suecia en 1381, y a lo largo de los años fueron repartidos en pequeños trozos entre iglesias, monasterios y gobernantes. En Vadstena se guardan en la actualidad los cráneos de santa Brígida y santa Catalina (1331-1381), y otros 23 huesos.

Un análisis antropológico de los dos cráneos hecho en 1950 dictaminó que posiblemente correspondían a dos mujeres, una de 50 a 55 años y otra de 60 a 70. Marie Allen y su equipo han confirmado esa presunción, examinado pequeños fragmentos de los cráneos y descubierto que el ADN mitocondrial, que sólo transmiten las mujeres, no es el que correspondería a una madre y una hija. Además, Göran Possnert, del Laboratorio Tandem de la Universidad de Uppsala, ha sometido los restos a la prueba del carbono 14 y sus resultados descartan que pertenezcan a las santas.

Los presuntos cráneos de santa Brígida y santa Catalina, en el cofre donde se guardan en Vadstena. Foto: Hans Lundberg.“Uno de los cráneos no puede ser de Brígida o Catalina porque data de entre 1470 y 1670. El otro, que se creía que era de santa Brígida, es de 1215-1270 y, por tanto, no del siglo XIV, cuando vivió Brígida. No puede excluirse por completo que el cráneo más antiguo sea el de Brígida si su dieta hubiera sido mayoritariamente de pescado, lo que podría hacer variar los resultados de la datación. Pero esto es poco probable”, asegura Possnert. “Los resultados de ambos estudios se apoyan mutuamente. Nuestro análisis de ADN demuestra que no son madre e hija. Y la diferencia de 200 años entre los cráneos lo confirma”, señala Allen, a quien encargó la investigación el párroco de Vadstena.

El Arca de la Alianza

Ilustración: Iker Ayestarán.“¿Te das cuenta de lo que es el Arca? ¡Es un transmisor! ¡Una radio para hablar con Dios! ¡Y ahora está a mi alcance!”, dice René Emile Belloq, el arqueólogo francés al servicio de los nazis, a Indiana Jones en En busca del Arca perdida (1981). La idea de que el cofre en el cual Moisés y los suyos guardaban las Tablas de la Ley era una especie de radio es, sin embargo, muy posterior a 1936, año en el que está ambientada la primera aventura cinematográfica del arqueólogo más famoso. La propuso Erich von Däniken en Recuerdos del futuro (1968), libro en el cual defiende que los dioses del pasado eran extraterrestres.

El autor suizo interpretaba literalmente lo dicho por Yahvé a Moisés en el Éxodo sobre el Arca: “Allí me encontraré contigo; desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos querubines colocados sobre el Arca del Testimonio, te comunicaré todo lo que haya de ordenarte para los israelitas”. Antes, Yahvé ha precisado que el cofre ha de medir dos codos y medio (130 centímetros) de largo y un codo y medio (78 centímetros) de ancho y alto, ser de madera de acacia, estar revestido de oro y tener cuatro anillas de oro para los dos varales de madera, forrados también en oro, que servirán para transportarla. La tapa estará coronada por dos querubines de oro macizo cuyas alas se desplegarán sobre la caja.

Fue el antisemita Robert Charroux quien, en su libro Cien mil años de historia desconocida (1963), popularizó la idea del Arca como “un condensador eléctrico”, formulada por primera vez por Maurice Denis-Papin en 1948. Estos autores y otros incluyen en su relato del Éxodo palabras que no existen en el original, como chisporroteos, pero ayudan a ver la reliquia como algo más que un cajón de madera. El Arca del Antiguo Testamento es un objeto mágico, símbolo de la alianza entre el pueblo de Israel y su dios; pero de ahí a considerarla un aparato eléctrico, un equipo de radio o un arma de destrucción masiva -como hace el ufólogo Juan José Benítez– va más que un trecho.

De Jerusalén a Etiopía

Que el Arca de la Alianza fuera un condensador eléctrico choca con su diseño. El artefacto carece de polos positivo y negativo, y, en vez de estar aislado, está recubierto de oro, con lo que dejaría fritos a sus portadores, de los que el meticuloso dios de los judíos no dice en ningún momento que tengan que llevar una vestimenta especial protectora. Que Yahvé necesite una radio para hablar con Moisés, y viceversa, carece de sentido cuando ya han conversado varias veces antes de que se construya el artefacto. Y la caída de las murallas de Jericó, que Benítez atribuye al Arca y cuyas víctimas mortales cifra en más de un millón, es una ficción romántica: Jericó en la época era una pobre aldea sin fortificar.

Según una leyenda -no según la Biblia-, la reliquia habría sido sacada de Jerusalén por un hijo de Salomón y la reina de Saba que la habría llevado a Etiopía. El patriarca de la Iglesia ortodoxa etíope dice que el artefacto está en su país desde hace siglos y que él lo ha visto, pero no está dispuesto a mostrarlo al mundo. En realidad, como todo el libro del Éxodo es ficción, la búsqueda del Arca de la Alianza está condenada al fracaso. Es la búsqueda de una ilusión.

El Rey presidirá un congreso sobre el Grial

El Grial valenciano.El mismo día en que he leído en la prensa que la Reina está en contra del matrimonio homosexual -un derecho civil básico- y el aborto, y de que es partidaria de que se enseñe en las escuelas la religión -sobra decir que la católica, apostólica y romana- porque “los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida”, me entero gracias al periodista Sergio Eguia de que el Rey ha aceptado la presidencia de honor de un congreso sobre el Grial que se celebrará en Valencia del 7 al 9 de noviembre. El encuentro está promovido del Arzobispado de Valencia, el Cabildo Metropolitano Santa Iglesia Catedral de Valencia, la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir, la Real Hermandad del Santo Cáliz, la Cofradía del Santo Cáliz y el Centro Español de Sindonología, organizaciones imparciales donde las haya cuando se trata de cuestionar afirmaciones extraordinarias vinculadas a la religión.

Lo que más me ha llamado la atención es, no obstante, la participación de un tal Michael Hesemann que la organización presenta como un “antropólogo e historiador” que sostiene que el Grial valenciano es el origen de las leyendas artúricas y del que yo sabía hasta ahora sólo por sus desvaríos ufológicos. Porque Hesemann es un autor de bestsellers paranormales y, entre otras cosas, en los años 90 defendió a capa y espada la autenticidad de la película de la autopsia de Roswell de Ray Santilli, la muñecopsia que sólo se tragó quien quiso hacer negocio con ella. Ignoro en qué medida el resto de los participantes en el congreso valenciano son serios o merecen tanto crédito como Hesemann, pero la presencia de este último ya es suficiente para considerar el encuentro poco serio. De lo que no me cabe ninguna duda es de que los participantes -si no todos, la mayoría- defenderán la autenticidad de la falsa reliquia valenciana. Inexplicablemente, el Jefe del Estado da marchamo de seriedad con su presidencia honoraria a un encuentro en el que van a primar la pseudohistoria y la superstición sobre la historia.

La sábana santa volverá a exhibirse en 2010

La reliquia más famosa de la cristiandad volverá a exhibirse en la primavera de 2010. Lo autorizó ayer Benedicto XVI, quien expresó el deseo de seguir los pasos de su predecesor. Karol Wojtyla visitó Turín durante la penúltima ostensión de la sábana santa, en mayo de 1998. Hace diez años, Juan Pablo II se postró a orar ante el lienzo en el que se ve una figura con las heridas que, según la tradición, sufrió Jesús durante su martirio en la Cruz. “Si el Señor me da vida y salud, espero ir yo también a Turín”, anunció ayer el Papa en el Vaticano.La sábana santa es una pieza de lino de 4,32 metros de longitud y 1,10 de anchura. Se ven en ella la parte frontal y dorsal del cuerpo de un hombre barbado, que cubre púdicamente sus genitales con las manos a pesar de estar estirado. Apareció en la localidad francesa de Lirey hacia 1350. Era propiedad del caballero Geoffroy de Charny, quien nunca aclaró cómo se había hecho con ella. El noble levantó una iglesia, Nuestra Señora de Lirey, para su adoración y los monjes encargados de su custodia pronto convirtieron la sábana, presentada como la auténtica mortaja de Cristo, en un negocio redondo.

El sudario de Turín era en su época una reliquia más de las muchas que se habían multiplicado por Europa con la bendición de la Iglesia. En el Segundo Concilio de Nicea, celebrado en 787, se había decretado que , si un obispo consagraba un templo sin reliquias, sería depuesto. Los prelados fueron disciplinados, gracias a lo cual existen medio centenar de sábanas santas, tres lanzas que atravesaron el costado de Jesús, varios santos prepucios, suficientes restos de la Cruz como para construir un barco, frascos con leche de la Virgen, pelos de la barba de Noé, plumas de las alas del arcángel Gabriel… No es extraño que dentro de la propia Iglesia hubiera desde el principio quien desconfiara de la autenticidad de joyas como la de los Charny.

Pierre d’Arcis, obispo de Troyes, alertó en 1389 a Clemente VII, papa de Avignon, de que su antecesor había descubierto “el fraude y cómo dicho lienzo había sido astutamente pintado, ya de esa verdad testimonió el artista que lo había pintado, o sea que era una obra debida al talento de un hombre y en absoluto milagrosamente lograda u otorgada por gracia divina”. Al antipapa no le quedó otro remedio que admitir la falsedad de la reliquia, que los Charny guardaron a buen recaudo hasta que amainó el temporal a mediados del siglo XV. Después de llegar a manos de los Saboya, que la utilizaron como talisman, la tela quedó depositado en 1578 en la catedral de Turín, donde se encuentra en la actualidad.

Vista de la imagen frontal de la sábana santa. Foto: AP.

La NASA y la reliquia

La reliquia ganó notoriedad a finales de los años 70 del siglo pasado, cuando se vinculó a la tecnología espacial. La prensa se hizo eco en 1978 de que científicos de la NASA la habían estudiado un año antes y demostrado que Jesús había resucitado. La realidad fue, no obstante, que la NASA nunca examinó la tela; lo hizo un grupo de cuarenta creyentes de los cuales dos habían trabajado para la agencia espacial. El colectivo había concluido que la imagen se había impreso milagrosamente, por la energía del momento de la Resurrección, tras desechar las pruebas contrarias a la fe.

Como parte del estudio de 1977, el microanalista forense Walter McCrone, el más reputado del mundo hasta su muerte en 2002, analizó las manchas de sangre de la presunta mortaja, y fue tajante: “Tengo buenas y malas noticias -dijo en el congreso en el que presentó su trabajo-. Las malas son que el sudario es una pintura. Las buenas, que nadie me cree”. Tampoco le creyeron los partidarios de la autenticidad de la sábana cuando en 1980 auguró que, de realizarse, la prueba del carbono 14 iba a datarla “el 14 de agosto de 1356, diez años más o menos”. Sin embargo, así fue.

La datación de la pieza, realizada en 1988 por tres laboratorios de Arizona, Zurich y Oxford, fechó “el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”. Los resultados se publicaron en la prestigiosa revista Nature y chocaron de inmediato con la oposición de los sindonólogos, como se autodenominan los estudiosos de la tela de Turín. Así, Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología, adujo en 1989 que la prueba no se había hecho bien, “como -según él- más tarde ratificó el propio inventor del sistema”, el físico Willard Libby. El problema era que Libby había muerto nueve años antes, y no era vidente.


Pistas del engaño

La sangre es roja y no negra, como se vuelve con el tiempo, porque está pintada con bermellón y rojo de rubia, como descubrió el forense Water McCrone.

La larga melena no cae hacia la nuca, como en cualquiera tumbado, sino que el pelo se mantiene suspendido en el aire como por arte de magia.

La dos piernas están estiradas en la imagen frontal; pero en la dorsal está impresa la planta del pie derecho, lo que exigiría que hubiera doblado la rodilla.

Publicado originalmente en el diario El Correo.