Reliquias

La sábana santa y otras reliquias, en Hala Bedi Irratia

Javi Urkiza y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la Olla, en Hala Bedi Irratia, de la sábana santa y otras reliquias, en la quinta entrega del curso 2013-2014 de Gámez Over, intervenciones que también emiten Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate), Kkinzona (Urretxu-Zumarraga) y Txindurri Irratia (Lautada).

La exposición del Antiquarium de Sevilla sobre la sábana santa es un cúmulo de falsedades

Los responsables de la exposición La sábana santa, abierta en el Antiquarium de Sevilla hasta el 28 de junio, han marcado un nuevo hito en la escandalosa historia de la sindonología, la pseudociencia que tiene como objeto de sus especulaciones la falsa reliquia de Turín: se han inventado una postura imposible del cuerpo que habría cubierto la tela para que encaje con la imagen de la pieza de lino. Obviamente, son tantas las incongruencias de la figura del sudario de Turín, los agujeros de su historia y de su supuesta validación científica que ni aún haciendo trampas logran su objetivo.

La sábana santa es una pieza de lino de 4,32 metros de longitud y 1,10 de anchura, en la que se ven la parte frontal y dorsal del cuerpo de un hombre barbado. El hombre de la sábana santa, que superaría los 1,80 metros de altura y los 80 kilos de peso, está en una postura imposible. Mientras que en la imagen frontal aparece relajado, con las piernas totalmente estiradas, en la vista dorsal está impresa la planta del pie derecho, lo que exigiría que hubiera doblado una rodilla. En el rostro no hay ninguna simetría y la larga melena no cae hacia la nuca, sino que se mantiene suspendida en el aire como por arte de magia. Pero aún hay más. La distancia entre la parte superior de la frente y la parte trasera del cráneo es ridícula y, además, cuando alguien se tumba de espaldas, las nalgas quedan aplastadas contra la superficie en la que el cuerpo reposa y eso no ocurre con la figura de la sábana, que, en el colmo del puritanismo, oculta los genitales con las manos, algo imposible. Si no me cree, pruebe a tumbarse en una superficie plana y taparse los genitales con las manos sin levantar los hombros del suelo.

El hombre de la sabana, según el escultor y sindonólogo Juan Manuel Miñarro.

Ante tanta incongruencia, los promotores de la muestra han puesto al hombre de la sábana en una postura semiencogida, con las piernas dobladas y la cabeza como si estuviera apoyada en una almohada invisible. Así, izan los hombros de la figura al aire y consiguen que nuestro protagonista se cubra los genitales. Y el escultor Juan Manuel Miñarro, miembro del pseudocientífico Centro Español de Sindonología (CES), ha hecho la correspondiente talla. ¡Milagro! Bueno, más bien, trampa descarada. Ellos aseguran que, gracias a esa postura que se han sacado de la manga, “el resultado es un perfecto amortajamiento judio” y que “cuerpo y sábana son compatibles” y coinciden las heridas, las proporciones… Sin embargo, el pelo sigue flotando mágicamente y no cayendo, las nalgas aplastadas continúan sin estarlo en la imagen y tampoco se explica cómo es posible que en la tela la distancia entre las partes anterior y posterior de la cabeza ronde los 12 centímetros.

Postura ad hoc

“Lo que no dicen es que esa historia del cadáver con posturita es una hipótesis ad hoc para tratar de explicar los defectos anatómicos que algunos llevábamos años señalando -apunta el historiador José Luis calvo-. Como se dieron cuenta de que la postura resultante es absurda si estuviéramos hablando de un cadáver real, los sindonólogos se inventaron una nueva hipótesis ad hoc: una piedra sepulcral semejante a una bañera y tallada de tal forma que obligase al cuerpo a adoptar esa postura. Por supuesto, cuando les preguntas dónde se ha encontrado una piedra sepulcral judía semejante a ese artefacto, lo único que obtenías era la callada por respuesta, algo obvio. Para los judíos de la época, el entierro tenía dos fases: en la primera, el cuerpo era depositado amortajado sobre la lápida sepulcral sólo hasta la putrefacción del cadáver. Entonces, los huesos eran depositados es una cista (una urna tallada en piedra caliza). Dado que esta primera fase era temporal, no tiene ningún sentido que alguien se gastase una cantidad importante de dinero tallando la lápida para que el cuerpo estuviera cómodo“.

Osarios judios de tiempos de Jesús de Nazaret en el Museo Hecht, de la Universidad de Haifa.Otro problema de la nueva postura es que, además, invalida las conclusiones -nunca avaladas por la ciencia- del creyente Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP). En 1978, tras someter una fotografía de la reliquia a un analizador de imágenes VP-8, John Jackson y Eric Jumper concluyeron que la imagen de la sábana santa era tridimensional. Sólo había un problema: habían adaptado los datos a lo que buscaban después de que “el primer resultado obtenido fue el de una imagen humana en tres dimensiones distorsionada en varios lugares”, tal como explicaba el periodista científico Michel Rouzé en 1983. Jackson y Jumper modificaron, entonces, los datos para evitar que el resultado fuera una imagen grotesca y obtener la representación tridimensional ideal que tenían en mente desde el principio para Jesús de Nazaret. ¿Y qué tiene que ver esto con la postura de la escultura sevillana? Pues que Jackson y Jumper usaron en su experimento un modelo humano tumbado sobre una superficie plana y con las piernas estiradas. “Los autores de la exposición se cargan también la historieta sindonológica de que la impresión sólo tuvo lugar hasta una distancia máxima -otro invento ad hoc para justificar que no aparezca en la imagen parte del cráneo- porque, si las rodillas hubieran estado flexionadas, la sábana hubiera quedado mucho más alejada de las piernas que de la cabeza”, indica Calvo.

Y además, “si ya era raro un judío de la época de 1,8 metros, si tuviera las rodillas flexionadas y la cabeza alzada, la altura real rondaría los 1,95 o 2 metros”, apunta el historiador. Jesús sería un gigante, físicamente hablando, lo que podría caber dentro de lo posible, pero genera otro grave problema. “La piedra sepulcral tendría que haber sido tallada  más o menos a medida -la postura sería completamente distinta en otro caso-, pero, en el caso de Jesús, según los Evangelios, éste fue enterrado en un sepulcro que no era suyo, sino de José de Arimatea. Ya es coincidencia que José tuviera una talla semejante a la de Jesús y que ambas fueran excepcionales, tanto que no sé que haya ningún resto de judío de la época con tal estatura”, destaca Calvo. Además, que el cuerpo fuera depositado en el sepulcro tal cual tampoco casa con la tradición. “Un cadáver sin afeitar y sin lavar no puede ser un entierro judío normal porque el rito del lavado purificador es obligatorio tanto entonces como hoy”.

Mentiras y más mentiras

Los promotores de la muestra sevillana -“estos tipos se hacen trampas jugando al solitario”, ironiza Calvo- no sólo falsean las pruebas, sino que también mienten descaradamente cuando dicen cosas como que “la ciencia forense ha demostrado que esta tela en algún momento de su historia cubrió a un hombre que sufrió una tortura que se corresponde con los datos que mantiene el cristianismo”, que “la imagen es anatómicamente correcta”, que “posee nueve características a las que la ciencia no puede dar explicación”, que “hay elementos que certtifican que la sábana ya existía antes de la datación del carbono 14”, que “los datos son atroces y la ciencia forense no deja duda, la sábana santa envolvió el cuerpo de un hombre que sufrió una tortura extrema”.

Para empezar, lo que la ciencia ha demostrado, y está publicado en la revista Nature desde 1989, es que el lino de la tela data de “entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”, según el carbono 14. Con ese dato objetivo debería bastar, pero es que tampoco hay ninguna prueba de la existencia de la reliquia antes de esa época, la presunta sangre ha resultado ser pintura y la iconografía, los materiales y las técnicas empleadas sitúan la confección de la reliquia en Francia a mediados del siglo XIV. Es decir, es un invento medieval realizado, muy posiblemente, a partir de un bajorrelieve. En más de un siglo de presuntos estudios, los sindonólogos no han publicado en una revista con revisión por pares ni un artículo que respalde que el sudario de Turín sea de la época de Jesús de Nazaret y, desde 1989, ni un estudio ha refutado los datos del carbono 14, que son sólo la puntilla a la disparatada historia de la pieza.

Nada de esto se cuenta en la muestra del museo arqueológico sevillano, patrocinada por el Ayuntamiento de la ciudad y la Archidiócesis de Sevilla, como el año pasado lo estuvo en Málaga por las correspondientes instituciones locales. La verdad les es ajena a los sindonólogos en general y a los promotores de la exposición sevillana en particular, que venden un montón de mentiras a quienes pagan 6 (precio reducido) u 8 euros por entrar a la muestra. Y que el Antiquarium acoja una exposición de estas características no sólo desprestigia a ese museo, sino que, además, es un insulto a la arqueología y la historia.

La ‘sabanasantología’ exige fe y tiene la bendición científica de la Universidad de Valencia

El arzobispo de Valencia, Carlos Osorio, animó el lunes a los participantes en el I Congreso Internacional sobre la Sábana Santa en España a “seguir investigando y dándonos datos importantes para que podamos conocer mejor esta reliquia que nos remite a Nuestro Señor Jesucristo”. El prelado, que clausuró el encuentro en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, destacó el hecho de que éste se hubiera celebrado “en un ámbito público y universitario, con científicos”. Minutos antes, el presidente de las Cortes Valencianas, Juan Cotino, había hecho su particular profesión de fe diciendo que en ese congreso había hablado “el mundo científico”, felicitándose de que se hubieran podido escucharse “con argumentos científicos realidades” que, para los creyentes, “conducen a Jesucristo”. Alto y claro mensaje a los escépticos: no importa lo que diga la ciencia, nosotros haremos nuestra particular lectura religiosa de los hechos para que acaben diciendo lo que queremos. ¿Porque qué dice la ciencia sobre el sudario de Turín?

A día de hoy, los únicos estudios científicos hechos sobre la sábana santa -los del microanalista forense Walter McCrone y el análisis del radiocarbono de 1989- han resultado devastadores para la sindonología. En 1979 y 1980, McCrone no detectó en la tela ni una gota de sangre y sí muestras de bermellón y rojo de rubia, pinturas utilizadas en la Edad Media, y auguró que, si algún día se hacía la prueba del carbono 14, ésta dictaminaría que había sido confeccionada entre “el 14 de agosto de 1356, diez años más o menos”. Vittorio Pesce, antropólogo de la Universidad de Bari, mantenía meses antes de la datación por radiocarbono que la reliquia había sido fabricada entre 1250 y 1350. Ambos expertos se basaban para dar esas fechas en la iconografía, los materiales y las técnicas empleadas por el artista, y en que nada se sabía de la supuesta reliquia antes de su aparición en Francia a mediados del siglo XIV. Dieron en la diana. La prueba del carbono 14, realizada en 1988 por tres laboratorios independientes de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza, fechó “el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”.

Afirmaciones sin pruebas

La sábana santa, durante la ostensión de 2010. Foto: Efe.Desde la publicación de los resultados del radiocarbono en la revista Nature, los sindonólogos han centrado sus esfuerzos en desacreditar dicha prueba en sus congresos y en los medios, aunque no han publicado en ninguna revista científica investigación alguna que invalide la datación de 1988. Y tengan en cuenta que hay muchas otras evidencias que dejan claro que la sábana santa es una falsificación medieval. Afirmaciones como la del químico Robert Villarreal, quien dijo el lunes en Valencia que la muestra empleada para el carbono 14 contenía “algodón, el cual no existe en absoluto en la tela de lino original”, presuponen que los encargados de cortar la pieza hace veintidós años, bajo la supervisión del Vaticano, actuaron de mala fe y que los investigadores de los tres laboratorios implicados estaban compinchados. Conspiranoia en estado puro.

Además, ¿cómo ha llegado Villarreal a esa conclusión -que había algodón- si el método de análisis conllevó la destrucción total de las muestras? Si tiene pruebas de lo que dice, que las presente en una revista científica, que es donde hay que hacerlo. Y lo mismo cabe decir del anuncio de Marzia Boi, bióloga de la Universidad de las Islas Baleares que asegura haber encontrado en la tela restos de “ungüentos y flores que se utilizaban para ritos funerarios hace 2.000 años”. Hasta que no se demuestre lo contrario en una publicación con revisión por pares, el hallazgo de Boi es equiparable al del reverendo Francis Filas, que veía monedas romanas en los ojos de la figura de la sábana, donde nadie más las encuentra, y al de Max Frei, palinólogo suizo que aseguró en su día haber encontrado en el sudario  polen de plantas de Oriente Próximo, descubrimiento que tampoco fue corroborado.

Naturalmente, es mucho más fácil hacer afirmaciones extraordinarias en reuniones de creyentes como la de Valencia, con misa dominical incluida a cargo del arzobispo, que aportar pruebas que las apoyen. Es mucho más fácil utilizar medios de comunicación para seguir mintiendo sobre la vinculación de la NASA con la falsa reliquia, cuando la agencia espacial estadounidense nunca la examinó, que presentar argumentos y evidencias a favor de lo que se sostiene y que dictamine la ciencia. Es mucho más fácil resucitar periódicamente la trola de que Willard Libby, nobel de Química en 1960 por el descubrimiento del método de radiocarbono, dijo en 1989 que el análisis se había hecho mal, cuando había muerto nueve años antes, que demostrar la invalidez de esa prueba. Por cierto, de quien primero escuché esta mentira fue de Celestino Cano, presidente en 1989 del Centro Español de Sindonología (CES), entidad organizadora del congreso valenciano. Es a estos pseudocientíficos a los que ha bendecido estos días, además del Arzobispado de Valencia, la Universidad valenciana con la concesión de dos créditos de libre elección a quienes han acudido al encuentro.

Diez preguntas y respuestas sobre la sábana santa, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el 3 de abril en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de diez preguntas y respuestas sobre la sábana santa, en la vigesimaséptima entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.